Por Jorge Cruz Camberos
Vaya usted un sábado a cualquier Walmart, Bodega Aurrerá o Sam’s Club. Las cajas siguen ahí, pero algo está cambiando: compramos con más cuidado, el ticket alcanza para menos y las visitas se espacian. Los números empiezan a confirmarlo.
Walmart de México, quizá uno de los mejores termómetros del bolsillo de las familias, lleva varios años desacelerándose. Sus ingresos crecieron 11.3% en 2022; 8.2% en 2023; 8.1% en 2024 y apenas 5.5% en 2025.
La ANTAD manda una señal parecida. En junio, las ventas en tiendas comparables cayeron 1.6%, el peor resultado para ese mes desde 2014, sin contar la pandemia. ¿Por qué importa tanto?
Porque alrededor del 70% de la economía mexicana depende del consumo. Podemos hablar de exportaciones, inversión extranjera o grandes proyectos industriales, pero si las familias empiezan a cuidar cada peso, tarde o temprano lo siente toda la economía. Y Chihuahua debería poner especial atención.
Somos una potencia exportadora, pero al mismo tiempo estamos perdiendo empleos formales. En junio se perdieron 2,551 plazas en el estado y Ciudad Juárez, nuestro principal motor industrial, sigue resintiendo el ajuste manufacturero. Automatización, mayores costos laborales e incertidumbre comercial están cambiando nuestra industria. Y cada empleo que desaparece tiene un efecto mucho mayor que una plaza menos en el IMSS.
Esa familia sale menos a cenar, aplaza cambiar el automóvil, reduce actividades de los hijos y piensa dos veces cualquier compra. Después lo siente el restaurante, el comercio, el gimnasio y finalmente toda la ciudad. Por eso creo que el foco rojo está en el consumo.
No significa dejar de atraer inversión o de celebrar nuestras exportaciones. Significa entender que el verdadero desarrollo ocurre cuando esa riqueza termina convirtiéndose en empleos, mejores ingresos y dinero circulando en nuestra economía.
Porque al final hay un indicador mucho más sencillo que el PIB: ¿A las familias chihuahuenses les alcanza mejor o peor el fin de quincena?




