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Chihuahua cayó al lugar 15, ¿qué nos pasó?

Por Jorge Cruz Camberos

Chihuahua cayó siete lugares en competitividad: pasó del octavo al decimoquinto sitio. Antes de entrar en la discusión de quién tiene la culpa, vale la pena entender algo mucho más importante: ¿qué nos pasó?. El dato preocupa, pero cuando uno abre el índice y revisa lo que hay detrás, la historia resulta bastante más compleja. Chihuahua mejoró en muchas cosas y, aun así, cayó. Ahí está la primera señal de alerta.

Mejoramos en muchas cosas, pero perdimos posiciones

El Índice de Competitividad Estatal del IMCO analiza 53 indicadores para medir qué tan capaces son los estados de generar, atraer y retener talento e inversión. No es solamente un ranking: habla de empleos, salarios, seguridad, infraestructura, educación, gobiernos, inversión y oportunidades.

Al revisar los indicadores de Chihuahua aparece algo que, de entrada, parece contradictorio: mejoramos en 27, empeoramos en 20 y en seis prácticamente no hubo cambio. Entonces, ¿cómo caímos siete lugares?. La explicación está en la propia naturaleza de la competitividad. No se mide solamente contra nuestro propio pasado, sino contra el desempeño de los demás estados. Chihuahua puede mejorar y perder posiciones al mismo tiempo si otras entidades avanzan a un ritmo mayor.

Mientras Chihuahua avanzaba, hubo estados que lo hicieron más rápido. Quintana Roo escaló doce posiciones y San Luis Potosí nos rebasó. Esa es quizá una de las principales lecciones del resultado: el problema no siempre es dejar de avanzar; en ocasiones, el desafío está en avanzar más lento que los demás.

En una economía donde las regiones compiten por talento, inversión y nuevas empresas, la velocidad importa tanto como el punto de partida.

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Donde sí tenemos problemas

Tampoco podemos utilizar los indicadores positivos para esconder los problemas. Uno de los retrocesos más importantes estuvo en Sistema Político y Gobiernos, donde Chihuahua perdió diez posiciones.

Aquí aparece una contradicción interesante. La deuda disminuyó, el costo financiero de esa deuda también bajó y los ingresos propios aumentaron. Es decir, hay variables financieras que mejoraron. Sin embargo, los programas gubernamentales sujetos a evaluación pública pasaron de 45 a 22 y la percepción de corrupción continúa siendo un problema.

Esto debería llamar la atención porque administrar bien no solamente significa gastar responsablemente. También significa medir, transparentar, explicar y permitir que la sociedad evalúe si las políticas públicas están funcionando.

Una potencia exportadora frente a una transformación industrial

Chihuahua sigue siendo una enorme potencia industrial y exportadora. Nuestra economía está profundamente conectada con Estados Unidos y con las cadenas productivas de Norteamérica, lo que representa una fortaleza extraordinaria.

Sin embargo, mientras exportamos cantidades históricas, entre marzo de 2025 y marzo de 2026 la industria maquiladora perdió más de 19 mil empleos. Este dato merece mucha más atención que los siete lugares que Chihuahua retrocedió en el ranking, porque podría estar reflejando una transformación estructural de la industria.

Automatización, inteligencia artificial, procesos más eficientes, mayor productividad y empresas capaces de producir más utilizando menos personas están modificando la demanda laboral. Esto puede fortalecer la competitividad industrial, pero también abre una pregunta fundamental: ¿qué pasa con nuestra gente si la industria del futuro necesita menos manos y mucho más conocimiento?. La respuesta difícilmente estará en tratar de conservar artificialmente los empleos del pasado. El reto está en preparar a nuestra población para los empleos que vienen: ingenieros, técnicos especializados, programadores, especialistas en automatización e inteligencia artificial, profesionales vinculados con semiconductores, electromovilidad, energía y logística avanzada.

La competencia que viene no será solamente por atraer fábricas. Será también por contar con el talento que esas fábricas necesitan.

Menos delitos, pero todavía poca confianza

También hay avances que debemos reconocer. Mejoraron distintos indicadores relacionados con seguridad y disminuyeron homicidios, robos y agresiones a periodistas. Eso importa.

Sin embargo, hay otro dato inquietante: la proporción de delitos que no se denuncian pasó de alrededor de 86% a más de 92%. Esto significa que podemos tener menos delitos y, al mismo tiempo, ciudadanos que siguen considerando que denunciar no sirve de mucho. La confianza también forma parte de la competitividad. Una empresa necesita instituciones confiables para invertir y crecer, pero una familia también necesita confiar en las instituciones para desarrollar su proyecto de vida.

El verdadero reto está adelante

El lugar 15 sirve para tomar una fotografía, pero quizá deberíamos preocuparnos mucho más por la película. Chihuahua enfrenta varios retos que van a determinar su competitividad durante los próximos diez o veinte años: agua, energía, talento, seguridad, conectividad, vivienda e infraestructura.

Si no resolvemos esos cuellos de botella, podemos tener ubicación estratégica, industria, frontera, tratados comerciales y empresarios extraordinarios y, aun así, perder oportunidades.

La competencia tampoco está solamente en México. Chihuahua compite todos los días con Texas, Arizona, Nuevo México y otras regiones de Norteamérica por inversión, empresas y talento. Esas regiones también están construyendo infraestructura, universidades, capacidad energética y ciudades capaces de atraer nuevos proyectos.

¿Qué hacemos con el lugar 15?

Aquí es donde el decimoquinto lugar debería dejar de ser solamente una noticia y convertirse en una conversación. Sería muy fácil utilizar este índice para golpear al gobierno. También sería muy fácil minimizarlo para defenderlo. Ninguna de las dos posiciones nos mueve un centímetro. Chihuahua necesita algo mucho más difícil: ponerse de acuerdo.

Necesitamos gobiernos que entiendan que la competitividad no es solamente una agenda empresarial, sino una agenda social. Una economía más competitiva significa mejores empleos, mayores ingresos y más oportunidades para las familias pero el sector productivo tampoco puede limitarse a exigir. Empresarios, universidades, organizaciones y ciudadanos tenemos que involucrarnos mucho más: proponer, participar, medir, dar seguimiento y exigir resultados.

Necesitamos más puentes y menos incendios. Últimamente tenemos demasiados guerreros del celular, especialistas en ganar discusiones en redes sociales mientras los problemas reales siguen exactamente donde estaban.

Un pacto por el desarrollo

Quizá llegó el momento de construir algo sencillo: sentar en los principales municipios de Chihuahua a gobiernos, sector productivo, universidades y sociedad para definir las pocas cosas que realmente pueden cambiar el futuro de cada región.

No cincuenta proyectos, sino cuatro o cinco prioridades con responsables, indicadores, fechas y seguimiento ciudadano. Pactos por el Desarrollo municipales que después puedan integrarse en una visión estatal alrededor de los temas que ningún municipio puede resolver por sí sólo: agua, energía, seguridad, talento, conectividad e infraestructura. El objetivo tendría que ser construir un acuerdo que no pertenezca a un gobernador, a un alcalde, a un partido ni a un organismo empresarial y que, mucho menos, termine convertido en otro documento guardado en un cajón.

Tiene que sobrevivir elecciones y administraciones. Un acueducto, una estrategia energética, una transformación educativa o una nueva infraestructura logística no se construyen pensando en la siguiente elección, sino en la siguiente generación.

El lugar 15 no es el problema

El verdadero problema sería acostumbrarnos. Pensar que estar a media tabla está bien o utilizar cada indicador para dividirnos entre quienes quieren demostrar que Chihuahua está muy bien y quienes quieren demostrar que está muy mal.

La realidad es bastante más interesante: Chihuahua tiene mucho con qué competir, pero los demás también están jugando y algunos están avanzando más rápido.

Por eso, nuestra mayor ventaja competitiva durante los próximos años quizá no sea solamente una fábrica, una carretera o un nuevo parque industrial. Puede ser nuestra capacidad de ponernos de acuerdo. Gobierno haciendo su parte; empresarios haciendo la nuestra; universidades formando el talento que viene; ciudadanos participando y exigiendo; y municipios entendiendo que también compiten, pero que hay problemas que solamente podemos resolver juntos.

Menos grilla, menos pleito y menos guerreros del celular. Más participación, más acuerdos y más acciones. Recuperar siete lugares en un ranking estaría bien. Pero construir un Chihuahua donde nuestros hijos quieran quedarse, trabajar, emprender y formar una familia sería un objetivo mucho más amplio: convertir la competitividad en una condición real para vivir mejor.

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