Por Jorge Cruz Camberos
Chihuahua lleva más de 50 años haciendo algo extraordinariamente bien: crear trabajadores para algunas de las mejores empresas del mundo.
Tal vez llegó el momento de dar el siguiente paso: crear propietarios.
No significa que todos debamos convertirnos en empresarios. Tampoco que la maquila haya sido un error.
Todo lo contrario.
La industria transformó Chihuahua. Nos dio empleo formal, mejores salarios, técnicos, ingenieros, conocimiento y una cultura industrial que hoy es una de nuestras mayores ventajas competitivas.
Pero después de medio siglo vale la pena hacernos una pregunta incómoda: ¿cuánto de toda esa riqueza que ayudamos a producir termina convirtiéndose en empresas y patrimonio productivo chihuahuense?.
Somos un estado de empleados
Casi 8 de cada 10 personas ocupadas en Chihuahua trabajan como subordinados remunerados.
Y hay otro dato que me parece todavía más interesante.
Sólo 0.5% de los establecimientos concentra prácticamente la mitad del empleo privado del estado.
Eso no necesariamente es malo.
Alemania tiene una concentración de empleo en grandes empresas sorprendentemente parecida.
La diferencia importante está en otra pregunta: ¿quién es dueño de esas empresas?.
Durante décadas nosotros nos hicimos extraordinariamente buenos atrayendo las empresas de otros.
Ahora necesitamos volvernos igual de buenos construyendo las nuestras.
92 de cada 100 pesos
Hay un número que debería estar sobre la mesa cada vez que hablamos de desarrollo económico.
En la industria IMMEX de Chihuahua, aproximadamente 8% de los insumos utilizados son nacionales.
Dicho de otra manera: alrededor de 92 de cada 100 pesos de insumos vienen de fuera de México.
Claro que no podemos fabricar aquí todo lo que necesita una cadena global. Hay componentes y tecnologías que simplemente no existen todavía en México.
Pero después de 50 años de industrialización tampoco podemos conformarnos con ocho pesos.
Ahí está una de las oportunidades económicas más grandes de Chihuahua para la próxima década.
Que cuando anunciemos una planta con 2,000 nuevos empleos no preguntemos solamente:
¿cuántos empleos va a generar?
Preguntemos también: ¿cuántas empresas chihuahuenses pueden nacer alrededor de ella?
Ya ocurrió una vez
Hay una historia local que explica perfectamente lo que podríamos hacer.
Cuando Ford llegó a Chihuahua, un joven de poco más de veinte años trabajaba en aquella planta.
Se llamaba Eugenio Baeza.
Comenzó a vender carne a ejecutivos y conocidos relacionados con esa nueva comunidad industrial. Llegó un momento en que descubrió que podía generar vendiendo carne algo parecido a lo que ganaba trabajando en Ford.
Renunció.
Emprendió.
Aquella historia terminaría convirtiéndose en Grupo Bafar, una empresa nacida en Chihuahua que hoy genera miles de empleos.
Pero para mí lo interesante no es solamente Bafar.
Es Ford.
Porque aquella inversión extranjera no solamente creó empleos.
Indirectamente ayudó a crear un empresario chihuahuense.
Ese efecto es el que necesitamos multiplicar.
Nuestros próximos empresarios probablemente ya están trabajando
Dentro de las plantas de Juárez y Chihuahua hay miles de técnicos, ingenieros, supervisores y gerentes que saben muchísimo.
Saben de automatización.
De mantenimiento.
De maquinado.
De logística.
De calidad.
De procesos.
Muchos podrían convertirse en proveedores de las mismas industrias en las que hoy trabajan.
El problema es que entre saber hacer una pieza y construir una empresa existe un precipicio.
Capital.
Crédito.
Certificaciones.
Administración.
Clientes.
Y, sobre todo, una primera oportunidad.
¿Qué pasaría si nuestras grandes empresas ayudaran a algunos de sus mejores técnicos a independizarse como proveedores?
¿Qué pasaría si universidades, CENALTEC, INDEX, CANACINTRA, Gobierno y empresarios construyéramos una verdadera escalera?
Trabajador → especialista → proveedor → empresario → empleador.
Eso sí sería movilidad social industrial.
No todos tienen que emprender
Y aquí está quizá la parte más importante.
No necesitamos convertir a todos en empresarios.
Una economía necesita extraordinarios técnicos, maestros, médicos, ingenieros, operadores y profesionistas.
Además, emprender implica riesgo. Muchas empresas fracasan.
La meta debería ser más amplia:
que cada vez más trabajadores puedan convertirse también en propietarios.
De inversiones.
De acciones.
De una participación en la empresa donde trabajan.
O, quienes quieran asumir el riesgo, de su propio negocio.
Porque existe una diferencia enorme entre vivir exclusivamente de la siguiente quincena y comenzar a construir activos que también produzcan valor.
Cambiemos una pregunta
Durante décadas, frente a una nueva inversión preguntamos:
¿Cuántos empleos va a generar?
Tenemos que seguir preguntándolo.
Pero agreguemos otras tres:
¿Cuánto va a comprar en Chihuahua?
¿Cuántos proveedores locales va a desarrollar?
¿Cuánto patrimonio productivo puede quedarse aquí?
No necesitamos menos inversión extranjera.
Necesitamos más.
Pero necesitamos que esa inversión produzca también más proveedores, más empresas y más capital chihuahuense.
Chihuahua ya demostró que puede fabricar para el mundo.
Ahora viene la siguiente evolución.
Que las empresas del mundo sigan llegando a Chihuahua.
Pero que alrededor de ellas nazcan cada vez más empresas nuestras.
Porque una economía fuerte genera empleos.
Una economía verdaderamente próspera también genera propietarios.




