En la Sierra Tarahumara, hacer turismo no solamente implica construir un mirador. En Parque Barrancas hay cables de kilómetros, sistemas de transporte suspendidos a cientos de metros, circuitos de aventura, infraestructura digital y soluciones para operar en una de las geografías más complejas de Chihuahua.
Hay lugares donde la naturaleza es el atractivo.
Y hay otros donde la infraestructura permite que esa naturaleza pueda experimentarse de una manera completamente diferente.
Parque Barrancas pertenece a la segunda categoría.
Ubicado en la zona de Divisadero, en el municipio de Urique, el complejo comenzó operaciones en 2010 y se ha convertido en uno de los principales productos turísticos de la Sierra Tarahumara. Su ubicación, además, tiene una ventaja estratégica: está a pocos pasos de la estación del ferrocarril Chepe y cerca de la infraestructura hotelera de la región.
Pero detrás de las fotografías panorámicas existe algo mucho más interesante: una infraestructura diseñada para hacer operable el turismo en un territorio donde la propia geografía es el principal reto.
Un teleférico que necesita ingeniería para cruzar la montaña
El protagonista de esta infraestructura es el teleférico.
El sistema recorre aproximadamente 3 kilómetros, alcanza una altura máxima de 260 metros sobre el terreno y puede transportar hasta 60 pasajeros por cabina. Su recorrido se realiza sin torres intermedias y conecta la estación principal con la Estación B, en la zona de Mesón de Bacajípare.
Pero mantener funcionando una estructura de estas dimensiones en la Sierra Tarahumara requiere mucho más que operación cotidiana.
En 2025 se realizó uno de los trabajos de mantenimiento más importantes de los últimos años: una inversión de 25 millones de pesos para intervenir integralmente el sistema.
La renovación incluyó el reemplazo completo del cable tractor, con una longitud superior a 6 kilómetros y un peso de más de 22 toneladas. También se revisaron y reacondicionaron las cabinas, mientras que especialistas de Doppelmayr y Garaventa —empresas internacionales especializadas en sistemas de transporte por cable— participaron junto con técnicos locales.
El nuevo sistema también incorporó ocho baterías de litio en la Estación B, sustituyendo el uso de diésel en esa operación.
Es decir, lo que para el visitante representa un paseo de algunos minutos sobre las Barrancas del Cobre, detrás implica mantenimiento especializado, sistemas de seguridad, energía, logística y supervisión constante.
Y eso es precisamente lo que hace interesante a Parque Barrancas desde una perspectiva empresarial: la experiencia turística depende de una infraestructura de alta especialización.
Cinco kilómetros de tirolesas y una montaña convertida en circuito de aventura
El teleférico no está aislado.
Forma parte de un sistema mayor de infraestructura turística que aprovecha la topografía de la Sierra Tarahumara para crear diferentes experiencias.
El Circuito de Siete Tirolesas suma casi 5 kilómetros de recorrido y está dividido en siete tramos, además de dos puentes colgantes. Algunas de las líneas alcanzan más de un kilómetro de longitud y alturas de hasta aproximadamente 350 metros entre el cable y el piso.
La ruta incluye líneas que atraviesan diferentes barrancas, como Urique, Cobre, Sinforosa, Batopilas y Candameña.
Y hay otro dato que permite dimensionar la escala: entre cada tirolesa y puente existen aproximadamente 600 metros de caminata, mientras que el regreso se realiza mediante un recorrido de alrededor de 3 kilómetros en el teleférico.
La montaña, entonces, deja de ser solamente paisaje y se convierte en infraestructura turística.
Lo mismo sucede con la Vía Ferrata, que incorpora aproximadamente 450 metros de recorrido, un rappel de 48 metros, cinco puentes colgantes, un sistema de grapas y escalones metálicos y un salto tipo Tarzán.
En el Bosque Aéreo, la infraestructura cambia de escenario: más de 130 metros de recorrido, 12 puentes suspendidos entre los árboles a alturas de hasta 9 metros y una tirolesa final de 36 metros.
El resultado es un concepto que funciona casi como un parque de infraestructura vertical: diferentes sistemas, diferentes niveles de dificultad y distintas maneras de interactuar con el mismo territorio.
La infraestructura también tiene que resolver lo que no se ve
En destinos turísticos remotos, la infraestructura no termina en las atracciones.
También está en la energía, el agua, la conectividad y los servicios que permiten operar diariamente.
De acuerdo con información del Gobierno de Chihuahua, Parque Barrancas cuenta con 61 paneles solares fotovoltaicos, que cubren alrededor del 14% de su consumo eléctrico. También dispone de un sistema de captación de agua pluvial para reutilización y una planta tratadora de zeolitas con capacidad reportada de hasta 300 mil metros cúbicos de agua.
La conectividad digital también llegó a este punto de la Sierra.
En 2025 se instaló Internet gratuito mediante un enlace punto a punto desde una torre de telecomunicaciones ubicada en Majimachi. La red ofrece una capacidad de hasta 5 Mbps por dispositivo, suficiente para mensajería, navegación, transferencias bancarias y publicación de contenido.
Puede parecer un detalle menor.
No lo es.
Para los visitantes significa mayor conectividad en un destino remoto. Para quienes venden artesanías significa la posibilidad de aceptar transferencias electrónicas. Y para las comunidades significa una herramienta adicional para integrarse a la economía digital.
Cuando la infraestructura también genera economía local
Hay una última pieza que hace diferente al modelo.
La infraestructura turística no solamente está pensada para transportar y entretener visitantes; también está conectada con las comunidades de la región.
Datos oficiales señalan que alrededor del 90% de la plantilla laboral es local y que una parte importante corresponde a personas de la comunidad rarámuri. El parque también cuenta con 42 espacios para venta de artesanías, de los cuales 21 son destinados exclusivamente a integrantes del pueblo rarámuri, además de espacios para alimentos y otros servicios.
Esto significa que la infraestructura construida alrededor del paisaje genera una cadena económica que va mucho más allá del boleto de entrada.
Está el operador del teleférico.
Está el guía.
Está el trabajador de mantenimiento.
Está quien comercializa una artesanía.
Está quien vende alimentos.
Está quien ofrece una experiencia comunitaria.
Y están los servicios de hospedaje, transporte y gastronomía que se benefician del flujo turístico de la región.
En otras palabras, la infraestructura funciona como plataforma para una economía turística más amplia.
El verdadero reto es hacer crecer el destino sin perder lo que lo hace único
Parque Barrancas muestra una de las grandes oportunidades que tiene Chihuahua frente al turismo nacional: no necesita inventar un paisaje.
Ya tiene uno de los escenarios naturales más impresionantes de México.
El reto consiste en desarrollar la infraestructura necesaria para que ese recurso pueda convertirse en experiencias competitivas, seguras, sostenibles y capaces de generar mayor valor económico para la región.
Por eso, la historia de Parque Barrancas no solamente puede contarse desde la aventura.
También puede contarse desde la ingeniería.
Porque detrás de cada fotografía tomada desde una cabina suspendida a cientos de metros sobre el suelo existe una infraestructura que tuvo que ser diseñada, instalada, operada y mantenida para hacer posible ese momento.
Y quizá esa sea la parte que menos se ve, pero que más explica el éxito del destino:
en Parque Barrancas, la naturaleza pone el escenario; la infraestructura hace posible el espectáculo.




