Por Jorge Cruz Camberos
En Chihuahua sabemos trabajar. Lo que tenemos que preguntarnos es si ese esfuerzo está encontrando las condiciones para convertirse en una vida mejor. Porque detrás de cada discusión sobre presupuestos, elecciones o inversiones hay una familia haciendo cuentas, un empresario decidiendo si contrata y un joven preguntándose dónde podrá construir su futuro. Así conviene mirar hacia 2027. Con los pies en la tierra y la mirada puesta en lo que podemos hacer juntos.
Será un año electoral, con recursos públicos limitados y una relación comercial con Estados Unidos que seguirá influyendo en nuestras decisiones. Habrá promesas, anuncios y debates. El desafío será que toda esa energía deje algo duradero en las regiones.
El presupuesto federal ofrece poco margen para esperar grandes soluciones desde el centro. Entre las obligaciones del gobierno y las necesidades acumuladas, los recursos disponibles para impulsar nuevos proyectos siempre tendrán muchos destinos compitiendo por ellos.
Tampoco se aprecia una reforma fiscal de fondo que permita financiar una transformación de esa dimensión. La discusión sigue concentrada en cómo alcanzar a cubrir los compromisos, mientras queda pendiente cómo ampliar sostenidamente nuestra capacidad de producir, invertir y generar oportunidades.
Esa lógica se repite, con sus diferencias, en los distintos niveles de gobierno: mantener servicios, sostener programas y resolver urgencias. Son responsabilidades indispensables. Pero Chihuahua necesita además abrir caminos para crecer. Mantener funcionando el presente también exige construir lo que viene.
Una carretera deteriorada encarece lo que produce una comunidad. La falta de agua frena proyectos y pone presión sobre las familias. La incertidumbre sobre energía puede detener una inversión. Y cuando la preparación de nuestros jóvenes no encuentra conexión con las empresas, perdemos oportunidades que costó años formar. Todo termina conectado.
Por eso, hablar de competitividad tiene sentido cuando podemos explicar para quién sirve: para que un productor gane más por su cosecha, una pequeña empresa consiga nuevos clientes y una persona encuentre un empleo que le permita progresar.
Chihuahua tiene capacidades para lograrlo. Industria, campo, comercio, turismo y servicios forman una economía diversa. El reto está en conectar mejor esas fortalezas y conseguir que sus beneficios alcancen a más municipios.
También habrá que seguir atentos al T-MEC y a las decisiones de nuestro principal socio comercial. La incertidumbre obliga a prepararnos: desarrollar proveedores locales, mejorar capacidades técnicas y ayudar a las empresas regionales a participar en cadenas de mayor valor. En esa tarea ya existe trabajo organizado.
Los pactos regionales, coordinados por los CODER de cada región y articulados desde el CODECH, reúnen esfuerzos para identificar prioridades y construir acuerdos. Su valor está en partir del territorio: de quienes conocen las necesidades, las vocaciones y las posibilidades de su comunidad.
Ese trabajo merece continuidad y necesita traducirse en proyectos viables, con responsables, costos y seguimiento.
Al mismo tiempo, hace falta acordar una agenda estatal para los temas transversales. Agua, energía, seguridad, infraestructura, conectividad y talento atraviesan las fronteras municipales. Resolverlos requiere coordinación, una visión compartida y decisiones que conecten las prioridades regionales.
Desde el CODECH, acompañar a los CODER y fortalecer esa articulación representa una oportunidad para que Chihuahua llegue mejor preparado a las conversaciones presupuestales, empresariales y políticas.
La elección de 2027 debe servir para poner esa agenda frente a todas las candidaturas. Escuchar sus propuestas y pedir claridad: qué proyectos pueden impulsar, cómo se financiarán y en cuánto tiempo podremos revisar resultados.
Los acuerdos tendrán más fuerza si empresarios, academia, sociedad civil y gobiernos asumimos también nuestra parte. El desarrollo requiere inversión, colaboración y disposición para sostener el esfuerzo cuando termine la campaña. A eso debe aspirar un crecimiento equilibrado: a que vivir en una comunidad pequeña también permita imaginar un futuro grande.
El éxito de Chihuahua tendrá que sentirse en los hogares, en los negocios y en las oportunidades de quienes vienen detrás. En 2027 elegiremos autoridades. Las regiones tienen desde hoy la posibilidad de ordenar prioridades y construir acuerdos que duren mucho más que una administración. Que la elección nos encuentre trabajando. Y que, cuando termine, tengamos un rumbo compartido para seguir avanzando. Chihuahua merece crecer con todas sus regiones y con su gente.



