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El arquitecto del desarrollo y la responsabilidad social en Chihuahua

Hablar de la familia Terrazas en Chihuahua es evocar una dinastía ligada al progreso del estado desde el siglo XIX. En tiempos modernos, ese legado fue encarnado y elevado por Don Federico Terrazas Torres (1932-2018), un empresario ejemplar que durante décadas presidió Grupo Cementos de Chihuahua (GCC) y cuya visión trascendió el ámbito empresarial para impulsar la educación, la salud y el bienestar comunitario. Forbes México retrataría su perfil destacando la conjunción única de liderazgo empresarial exitoso y compromiso social profundo. Bajo su guía, GCC pasó de ser una cementera local fundada en 1941 a un competidor internacional en la industria de la construcción, compitiendo con gigantes globales y poniendo el nombre de Chihuahua en alto.

Forjador de una industria regional: Descendiente de Federico Terrazas Falomir, pionero de la fabricación de cemento en Chihuahua, Don Federico Terrazas Torres consolidó la empresa familiar Cementos de Chihuahua, llevándola a nuevas alturas. En 1991 transformó la compañía en Grupo Cementos de Chihuahua (GCC), diversificando del cemento hacia concreto premezclado, agregados y soluciones integrales para la construcción. Gracias a su liderazgo, GCC expandió sus operaciones más allá de México, incursionando en Estados Unidos y estableciendo plantas en Texas, Dakota del Sur, Montana y otros puntos estratégicos de Norteamérica. Llegó a competir de tú a tú con corporaciones cementeras internacionales, logrando posicionar a GCC entre las 35 empresas con mayor valor en la Bolsa Mexicana de Valores.

Innovación y excelencia operativa: Terrazas entendió que para sobresalir en una industria tradicional debía apostar por la tecnología y la calidad. Supervisó la construcción de la planta cementera de Samalayuca (Chihuahua), que en su inauguración fue una de las más modernas del mundo. Implementó estándares ambientales inéditos en México, incorporando controles de emisiones, reutilización de materiales y automatización avanzada. Este compromiso con la sustentabilidad industrial hizo de GCC un ejemplo a nivel nacional, demostrando que Chihuahua podía ser punta de lanza en innovación tecnológica incluso en sectores pesados.

Liderazgo con rostro humano: Además de su faceta empresarial, Don Federico se distinguió por un compromiso social extraordinario. Creó y apoyó instituciones educativas durante más de 50 años, desde nivel preescolar hasta universidad, convencido de que la educación es pilar del desarrollo. Fue cofundador de escuelas, impulsó la llegada del Tecnológico de Monterrey a Chihuahua y promovió la mejora continua de la enseñanza técnica para la industria local. En salud, contribuyó a establecer el hospital CIMA y otras clínicas, entendiendo la importancia de brindar servicios médicos de calidad a la comunidad. También lideró la Fundación Chihuahua y apoyó organizaciones culturales y de asistencia, ganándose el reconocimiento como un ciudadano filantrópico ejemplar. En 2013 recibió el Woodrow Wilson Award por ciudadanía corporativa, reflejo de cómo integró responsabilidad social en su quehacer diario.

Valores y cultura empresarial: La gestión de Federico Terrazas Torres se caracterizó por inculcar valores de disciplina, austeridad, trabajo en equipo y fidelidad familiar. Él atribuía el éxito de sus empresas a la unidad de su familia y colaboradores, manteniendo un trato sencillo y cercano pese a su gran posición. Bajo su mando, GCC fomentó una cultura de excelencia y orgullo por la identidad chihuahuense; de hecho, llevar “Chihuahua” en el nombre de la empresa era, para Don Federico, un recordatorio constante del compromiso con su tierra. Fue miembro activo del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, codeándose con la élite empresarial nacional, pero siempre regresaba a su estado a reinvertir y generar oportunidades locales.

Transición y legado familiar: En 2018, al fallecer Don Federico, Grupo Cementos de Chihuahua quedó en manos de la siguiente generación: su hijo Federico Terrazas Becerra asumió la presidencia del consejo, continuando la tradición. Gracias al ejemplo de su padre, la sucesión fue ordenada y la empresa mantuvo su rumbo expansivo (ese mismo año GCC adquirió la cementera Trident en Montana, consolidando su presencia en EE.UU.). El legado de Don Federico es palpable en la solidez financiera de GCC, en las obras de infraestructura construidas con su cemento en innumerables ciudades, y en las vidas de miles de chihuahuenses beneficiados por sus iniciativas educativas y de salud. Su nombre es sinónimo de empresario trascendente que supo equilibrar rentabilidad con bienestar social.

Don Federico Terrazas Torres nació en el seno de una familia de abolengo, pero supo construir su propia historia de éxito. En la Chihuahua de mediados del siglo XX, aún marcada por la necesidad de modernización, él visualizó que el desarrollo económico vendría de dotar a la región de materiales para crecer. Fundar Cementos de Chihuahua en 1941 (obra iniciada por su padre) fue un paso crucial: el norte del país requería cemento local para levantar escuelas, carreteras, viviendas y presas. Bajo la guía de Terrazas, la empresa escaló de una planta modesta a una red binacional de producción y distribución. Con los años, diversificó la oferta: introdujo concretos premezclados para agilizar la construcción y productos especializados que dieron ventaja competitiva frente a gigantes como Cemex.

Un aspecto notable fue su visión transfronteriza. A diferencia de algunos empresarios que se concentran en el mercado doméstico, Don Federico se lanzó a conquistar el mercado estadounidense cuando vio la oportunidad. Exportar cemento a EE.UU. y posteriormente adquirir plantas allá (como en Pueblo, Colorado, y Rapid City, Dakota del Sur) requirió un arrojo extraordinario, pues significaba medirse contra corporaciones globales en su propio terreno. Los resultados le dieron la razón: GCC se convirtió en proveedor clave para obras en Texas y el medio oeste estadounidense, diversificando ingresos y aprendiendo mejores prácticas internacionales.

Pero quizá la faceta más inspiradora de Terrazas Torres fue su compromiso con la gente. Reinvertía parte de las utilidades de GCC en el desarrollo humano de Chihuahua. Fundó colegios y apoyó becas para que miles de jóvenes pudieran estudiar. Impulsó la creación de Misiones Coloniales de Chihuahua A.C., rescatando patrimonio histórico y cultural local. Como filántropo, no buscaba reflectores, pero su impacto fue ampliamente reconocido: al funeral de Don Federico asistieron desde altos ejecutivos hasta sacerdotes, religiosas y docenas de beneficiarios anónimos de sus obras caritativas. Esta mezcla de asistentes reflejó la amplitud de su influencia.

En el terreno empresarial, supo enfrentar desafíos propios de su industria: las crisis económicas (como la devaluación de los 80 o la recesión global de 2008) las navegó con prudencia financiera, asegurándose de no sobreendeudar la empresa y manteniendo siempre un margen para inversión en innovación. Su estilo austero y previsor hizo que GCC nunca faltara a sus compromisos, ganándose la confianza de inversionistas y clientes por igual.

Bajo su liderazgo, el nombre Chihuahua en la marca GCC se convirtió en orgullo para el estado: cada bolsa de cemento vendida llevaba implícito el mensaje de calidad chihuahuense. Don Federico decía que “la unidad familiar es la base sobre la que se construye el resto de las obras”, y aplicó ese principio a su organización empresarial, fomentando un ambiente donde los empleados se sentían parte de una gran familia. Al recordar a Don Federico Terrazas Torres, Chihuahua reconoce a uno de sus grandes transformadores. Su legado vive en las estructuras físicas (edificios, caminos, puentes) construidas con su cemento y en la infraestructura social (escuelas, hospitales, fundaciones) que edificó con su generosidad. Es el ejemplo de un empresario al estilo Forbes: exitoso en los negocios, sí, pero medido verdaderamente por la huella positiva que dejó en su sociedad.