El estado de Chihuahua: entre el avance y los retos invisibles

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Por Jorge Cruz Camberos

Por años, Chihuahua ha sido un estado que combina contrastes: tierra de industrias pujantes y ranchos ganaderos de talla internacional, pero también de comunidades que enfrentan carencias profundas. Los datos más recientes de pobreza multidimensional muestran que el estado ha logrado una reducción histórica en los últimos ocho años: de 30.7% de población en situación de pobreza en 2016, a 15.1% en 2024. Esto significa que más de medio millón de personas han salido de la pobreza.

En términos relativos, Chihuahua hoy ocupa el 7º lugar nacional con menor porcentaje de población en pobreza y el 4º con mayor proporción de personas no pobres y no vulnerables (48.1%). Este avance no es menor: coloca al estado en la conversación de las entidades con mejor desempeño socioeconómico del país.

Lo que se está haciendo bien

El motor detrás de esta mejora está en varios frentes:
• Expansión de oportunidades laborales ligadas a la industria automotriz, electrónica y manufacturera avanzada.
• Inversiones en vivienda e infraestructura básica, que reducen carencias como acceso a servicios básicos y calidad de vivienda.
• Mayor cobertura en seguridad social y salud, reflejando políticas más integradas entre estado y federación.

En cuatro de las seis carencias sociales medidas, Chihuahua presenta mejoras claras respecto a 2022. Esto habla de políticas públicas más efectivas y de un dinamismo económico que sí está llegando a amplios sectores.

Los focos amarillos

Pero la fotografía no es completamente optimista. Hay dos retrocesos que no podemos pasar por alto:
• Rezago educativo: 32,500 personas más se encuentran en esta condición respecto a 2022.
• Carencia alimentaria: 14,200 personas adicionales no tienen acceso a una alimentación nutritiva y de calidad.

Estos dos indicadores son claves porque impactan directamente en la productividad futura y en la capacidad de movilidad social. Un trabajador con menor nivel educativo o con deficiencias alimentarias tendrá menos posibilidades de insertarse en empleos de mayor valor agregado.

El reto regional

Aunque el promedio estatal es favorable, las brechas territoriales siguen marcadas. Municipios con alta presencia rural e indígena concentran gran parte de las carencias, mientras que las zonas industriales y urbanas muestran indicadores muy por encima de la media nacional. Esto significa que las políticas deben ser cada vez más focalizadas y que el éxito de Chihuahua no debe medirse solo por su promedio, sino por su capacidad de cerrar la brecha interna.

Lo que podría venir

Si Chihuahua logra consolidar estos avances y atacar los focos amarillos, tiene condiciones para convertirse en uno de los polos más competitivos y equitativos del país. El nearshoring, la transición energética y la integración con mercados de alto valor en Norteamérica son oportunidades claras, pero requieren capital humano mejor preparado, políticas alimentarias más sólidas y una reducción de desigualdades territoriales.

El estado está en una posición privilegiada, pero como dicen en la sierra: el camino se hace andando… y cuidando dónde pisamos.