El freno de Texas: impacto en la industria de Chihuahua

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Texas no es únicamente nuestro vecino del norte: es el corazón económico que impulsa gran parte del motor industrial de Chihuahua y, por ende, de México. Cuando Texas estornuda, nosotros nos enfermamos. Y en este momento, los síntomas no se ven nada bien.

Las gráficas más recientes del Texas Retail Outlook Survey, publicadas por la Reserva Federal de Dallas, nos dicen algo que no podemos ignorar: las ventas minoristas, la actividad empresarial y el optimismo de las compañías están en picada. El índice de ventas cayó a -30.5 en mayo. Esto no es una simple desaceleración; es una señal clara de contracción.

¿Y por qué debería importarnos tanto?

Porque buena parte de lo que se vende en Texas sale —literalmente— de las fábricas y maquilas de Chihuahua. Desde componentes automotrices hasta electrónicos, muchos productos que terminan en estantes texanos nacieron aquí, en la frontera. Cuando los texanos compran menos, nuestras líneas de producción se ralentizan. Y si eso se prolonga, empezamos a ver recortes, menos horas trabajadas… menos dinero en nuestras comunidades.

Pero hay un segundo golpe aún más doloroso

Mientras Texas lidia con su propia tormenta económica, en México estamos distraídos con un drama político cada vez más absurdo. En lugar de discutir cómo mejorar nuestra infraestructura logística, reducir los tiempos de exportación o fomentar la innovación, nuestros líderes están concentrados en “reformar” el Poder Judicial —una cortina de humo que pocos entienden y aún menos creen. Ah, y no olvidemos las protestas eternas de la CNTE, que parecen más un show permanente que un verdadero reclamo educativo.

Todo esto mientras nuestra competitividad como país se erosiona frente a otras regiones más ágiles y enfocadas, como el sudeste asiático o incluso países de Centroamérica que están ganando terreno en manufactura y servicios.

La advertencia es clara: si no reaccionamos, vamos a perder nuestro lugar en la cadena de valor norteamericana. La ventaja geográfica que tenemos con Texas no es eterna ni suficiente por sí sola. Requiere estrategia, innovación, acuerdos reales y liderazgo comprometido.

Es hora de que nuestra clase política —y también nosotros como sociedad— dejemos de ver el circo y empecemos a actuar. Si Texas se enfría, no podemos darnos el lujo de quedarnos sin abrigo.

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