Por Luis Eduardo Ibáñez Hernández
Tomás Fernández Campos impulsó parques industriales, maquiladoras y embotelladoras, dejando un gran legado
Impulsor y desarrollador del primer parque industrial Antonio J. Bermúdez, con el que detonó el modelo maquilador y la transformación industrial de Ciudad Juárez.
Un empresario de la transformación industrial
Tomás Fernández Campos fue un empresario fronterizo de la época posterior a la Segunda Guerra Mundial que se destacó por su contribución en la construcción residencial, comercial y, especialmente, en el desarrollo de parques industriales en Ciudad Juárez, además de encabezar importantes embotelladoras que hoy se extienden por todo el continente americano.
Raíces empresariales entre Chihuahua, Texas y la Revolución
Su padre, Tomás Fernández Blanco, fue un santanderino que, luego de probar suerte en los Estados Unidos, se avecindó Chihuahua a fines del siglo XIX en la región sur del estado, entre el Valle de Allende, Saucillo y Camargo, poblaciones que, para entonces, constituían grandes polos agrícolas impulsados por la confluencia de los ríos Florido y Conchos. Su madre, Rosario Campos Luján, nacida en el Valle de Allende, pertenecía a una familia propietaria de extensas y ricas tierras que, a mediados del siglo XIX, constituían un punto estratégico al norte de México. Dueña de valiosas propiedades, Rosario Campos casó con Tomás Fernández en 1901 en Saucillo y, desde Camargo, ambos emprendieron importantes negocios agrícolas y comerciales.
Sin embargo, la revolución hizo que en 1913 la familia Fernández Campos se trasladara obligadamente al Paso, Texas, por la vía de Ojinaga y Presidio a la espera de mejores tiempos. Por ello, Tomás Fernández Campos ya nació en la frontera texana en 1919, después de que su hermano y sus cinco hermanas mayores nacieran en Camargo.
Desde El Paso, Texas, su padre emprendió negocios en Ciudad Juárez, uno de ellos fue una Fábrica de Hielo, tan necesaria en aquellas cálidas tierras. Pero, especialmente, echó a andar la Cervecería Cruz Blanca en 1922 mediante el establecimiento de una empresa Arrendataria de la compañía original que habíase fundado en 1898. Igualmente, emprendió una empresa inmobiliaria, así como una financiera industrial y comercial.
Para 1925, Tomás Fernández Blanco fundó el Banco Mercantil de Chihuahua, con sede en la capital del estado que dirigió su yerno Rafael Vallina. Además, en 1936 y 1937, su padre obtuvo la concesión para el embotellado de la Coca-Cola en Ciudad Juárez y Parral, respectivamente. Para esas fechas, Tomás y su hermano Benito, aún se encontraban realizando estudios en los Estados Unidos.
El surgimiento de Tomás Fernández Campos
Tomás Fernández Blanco murió en 1947 y su hijo Tomás asumió el mando de las empresas ubicadas en Ciudad Juárez y El Paso, pues su hermano Benito ya radicaba en Chihuahua desde mediados de los años 30. Para esos años, la frontera bullía con migrantes e inversiones en ambos países. La segunda guerra mundial había terminado y Estados Unidos demandaba materia prima y mano de obra en abundancia.
Uno de los productos estrella era ni más ni menos que el algodón de primera calidad que se levantaba a orillas del Río Bravo. Tomás Fernández Campos explotó ranchos algodoneros y, por supuesto, instaló despepitadores que entregaban algodón para exportación, pero también para la fabricación de mezclilla y colchones; además, proveía la semilla a otras empresas para el procesamiento de aceite y jabón.
Adicionalmente, Tomás Fernández Campos fundó la constructora Brasa a fines de la década de los 40, con el propósito de desarrollar vivienda residencial dirigida a la nueva clase media que se multiplicaba en aquella ciudad de grandes oportunidades.
Llevó a cabo dos fraccionamientos que, a la fecha, se conocen por su calidad, amplitud y diseño: Satélite y Nogales, el primero cerca de Zaragoza y, el segundo, próximo al PRONAF, ambos ejemplos en su tipo aún a la fecha.
Sociedad con Jaime Bermúdez Cuarón
Para 1952, Tomás Fernández había estrechado una alianza con Jaime Bermúdez Cuarón en los ramos de la industria del algodón y de la construcción de plazas comerciales. El antecedente de esta fructífera alianza había sido la sociedad de Antonio J. Bermúdez y Tomás Fernández Blanco en los años 40 que dio como resultado la creación de la Operadora de Cines Alhambra, con cuatro salas, dos en Ciudad Juárez, una en Delicias y otra más en Chihuahua.
Sin embargo, Fernández Campos y Bermúdez Cuarón enfocaron sus esfuerzos a crear nuevos sectores de desarrollo económico, especialmente con la construcción del Club Campestre de Ciudad Juárez en 1952, un despliegue que marcaba el nivel de negocios de la frontera en esos años del llamado Milagro Mexicano. El proyecto antecedió al Campestre de Chihuahua y contó con los últimos avances de ingeniería existentes en los Estados Unidos.
A mediados de los años 50, la nueva clase empresarial juarense estaba enfocada a cambiar los giros del turismo nocturno por ramos productivos en el sector industrial. Liderazgos emergentes llevaron a jóvenes empresarios a tomar las riendas de la administración municipal y a buscar proyectos de largo plazo mediante la realización de innovadoras ferias internacionales y planes de desarrollo alternativo.
Cambio de rumbo económico
Por ello, a principios de los años 60, Tomás Fernández Blanco y Jaime Bermúdez Cuarón participaron en la construcción de la “Puerta de México” en lo que hoy es el circuito PRONAF, un trazo innovador que le cambió la imagen a Ciudad Juárez y que, al mismo tiempo, integró la cultura y la arquitectura propia de México. En esa misma línea, a mediados de los años 60, decidieron invertir su capital en el nuevo modelo de manufactura ligera que ellos mismos -junto con otros empresarios jóvenes como Alfonso Murguía y Fernando Borreguero- habían promovido ante autoridades federales. Conocidas como maquiladoras, las industrias manufactureras fueron una revolución social y económica para la frontera.
El primer parque industrial, llamado Antonio J. Bermúdez, estuvo a cargo de Tomás Fernández y Jaime Bermúdez. Cuando otros empresarios criticaban la industria sin chimeneas y auguraban un rotundo fracaso, ambos empresarios actuaron con decisión y perfilaron un rumbo distinto, no sólo a Ciudad Juárez, sino a Chihuahua y el centro de México, regiones que, años más tarde, adoptaron ese exitoso modelo.
Compromiso social empresarial
Tomás Fernández Blanco fue también un impulsor de obras sociales en los ámbitos educativos y de salud pública. Primeramente, dispuso de un amplio terreno en las avenidas Gómez Morin y Plutarco Elías Calles para la construcción del primer plantel juarense de educación católica, el Colegio Latinoamericano de las hermanas teresianas, dirigido a mujercitas, en su primera etapa.
Ciudad Juárez, a diferencia del Paso, Texas, y Las Cruces, Nuevo México, tenía un rezago de pupitres y aulas para la formación cristiana y, por ello, la importante moción de Fernández Campos -registrada en 1954- abrió el camino a nuevas inversiones privadas vinculadas a diversas obras de órdenes religiosas católicas.
Otro proyecto fue la financiación de la Cruz Roja de Ciudad Juárez que, por varias décadas, estuvo a cargo de la Iglesia Católica. De ese modo, un grupo de empresarios comandados por Fernando Villalobos y que incluyó a Francisco Villarreal y a Tomás Fernández Campos, se dieron a la tarea de sostener las actividades de la benemérita y de construir una base amplia, digna y exprofeso para la asociación.
La reconversión de las embotelladoras
Para la década de los años 60, Tomás Fernández Blanco se encontraba en pleno proyecto de desincorporación de la marca Cruz Blanca que se había extendido por todo el estado y también por Durango y Coahuila, con una planta en La Laguna. La Cervecería Cuauhtémoc absorbió a inicios de los 70 los activos de la famosa cerveza chihuahuense.
Dos proyectos finales que construyeron un imperio embotellador
Por otro lado, a fines de los años 80, Tomás Fernández Campos, ya en su plenitud y a punto de morir, arrancó dos proyectos, apoyado en sus sobrinos Miguel y Luis. Primeramente, el embotellado de refrescos dirigidos al mercado hispano de los Estados Unidos, con productos originales del centro de México. Segundamente, inició la conformación de una compañía que integrara diversos concesionarios de Coca-Cola en el norte de México.
La primera línea de desarrollo, basada en El Paso, Texas y conocida hoy bajo la marca Novamex, avanzó con el embotellado de marcas como Sidral Mundet, Sangría Señorial y Jarritos, en una dinámica que creció merced a la fidelidad y a la nostalgia de mexicanos residentes y ciudadanos en los Estados Unidos.
La segunda, conocida inicialmente como Grupo Argos, escaló con la integración de otras firmas embotelladoras de Baja California, Chihuahua y Nuevo León, la cual dio lugar al conglomerado Arca Continental, cuya amplia distribución alcanza los mercados de los más grandes países de Sudamérica.
La trayectoria de Tomás Fernández Campos es la del empresario fronterizo que recibió un legado valioso, el cual pudo multiplicarlo, diversificarlo y heredarlo a las nuevas generaciones.

















