Por Jorge Cruz Camberos
Ciudad Juárez está entrando en una nueva etapa de competencia industrial. Los indicadores recientes apuntan a una transición en la composición del empleo manufacturero: pérdida relativa en actividades ligadas a equipo de transporte y ganancia en computación y productos electrónicos. En términos económicos, esto no es un simple ajuste sectorial; es un cambio en la naturaleza del valor agregado, los perfiles laborales requeridos y la forma en que se sostiene la competitividad.
Esta lectura se alinea con la conversación regional presentada en la Reunión de Asociados de DESEC Ciudad Juárez, con información expuesta por Roberto Coronado, economista de la Federal Reserve Bank of Dallas, sobre dinámica macro y fronteriza (El Paso–Juárez): crecimiento del PIB estadounidense más resiliente que el empleo, desaceleración relativa de Texas en 2025 y un factor estructural relevante para el mercado laboral: menor inmigración, que tiende a endurecer condiciones de contratación y presionar salarios en polos productivos.
La transición sectorial no es neutra
El movimiento hacia electrónica y cómputo suele implicar:
1. Mayores exigencias operativas (calidad, trazabilidad, pruebas, cumplimiento).
2. Mayor intensidad tecnológica (automatización, mantenimiento especializado, procesos SMT, metrología).
3. Mayor prima salarial por habilidades, pero también mayor riesgo de brechas: los salarios suben más rápido que la oferta de talento si la capacitación no acompaña.
El punto crítico es el siguiente: el riesgo no es el aumento salarial en sí mismo, sino un aumento salarial desvinculado de productividad. Cuando el costo laboral crece sin mejoras equivalentes en eficiencia, rendimiento, calidad o reducción de mermas, la competitividad se erosiona y la pérdida se materializa en la variable más sensible: nuevos contratos, expansiones y reinversiones.
Talento: la nueva restricción
Para la frontera, la logística y el cruce siguen siendo relevantes, pero el cuello de botella se ha ampliado. La evidencia empresarial muestra que perfiles técnicos —mantenimiento, automatización, QA, procesos, metrología— son cada vez más determinantes para la escala y permanencia de proyectos. En otras palabras, el talento está funcionando como “aduana económica”: cuando no existe, la inversión se reduce, se pospone o se localiza en plazas con mayor disponibilidad.
Implicaciones para la estrategia de desarrollo
Para el empresariado que participa en atracción de inversión y desarrollo de empresas locales, la agenda de competitividad debería concentrarse en tres ejes.
1) Formación técnica acelerada y pertinente
El reto no es diseñar planes de largo plazo, sino desplegar mecanismos de corto ciclo: certificaciones intensivas (8–12 semanas) vinculadas a necesidades reales de planta, modelos duales y esquemas de retención basados en certificación y desempeño. El objetivo es aumentar oferta de talento técnico y reducir rotación, paros y desperdicio.
2) Proveeduría local y captura de valor
La transición industrial abre espacio para fortalecer proveedores Tier 2/3 en áreas como maquinados de precisión, herramentales, metalmecánica fina, plásticos especializados, calibración, pruebas y mantenimiento industrial. La creación de proveedores locales no solo retiene margen en la ciudad; también mejora resiliencia operativa y reduce tiempos de respuesta, variables decisivas para cadenas de alto estándar.
3) Productividad como política empresarial
La competitividad ya no se sostiene por costo relativo, sino por desempeño. Automatización focalizada donde la rotación es crítica, digitalización de trazabilidad y calidad, y mejoras logísticas que reduzcan fricción fronteriza son acciones con impacto directo en productividad. En el margen, reducir scrap, mejorar yield y disminuir tiempos muertos permite absorber presiones salariales sin sacrificar posición competitiva.
Ciudad Juárez mantiene ventajas estructurales por geografía, experiencia manufacturera y conexión con Texas. Sin embargo, el cambio de mix industrial implica que la ventaja ya no será automática. La siguiente fase se definirá por la capacidad de la región para convertir transición sectorial en productividad, y para construir un ecosistema donde el incremento salarial sea consecuencia de mayor valor agregado, no un costo que debilite competitividad.
La pregunta estratégica es simple: ¿se compite por salario o por capacidad? En el nuevo ciclo, la respuesta más sólida es competir por capacidad: talento, proveedores, ingeniería, logística y confiabilidad operativa.



















