Por Jorge Cruz Camberos
Hay un dato que debería preocuparnos más de lo que preocupa: hoy una parte importante de los jóvenes está aprendiendo de dinero en redes sociales, no en la escuela, no en su casa y muchas veces tampoco con instituciones formales. Y no porque TikTok sea el enemigo, sino porque los adultos, el sistema educativo y buena parte del sector financiero llegamos tarde.
La encuesta de Spruce, la app financiera de H&R Block, encontró en 2025 que 33% de la Gen Z busca educación financiera en redes sociales y que 68% ha sido influida por tendencias financieras vistas en línea. Más duro todavía: únicamente 13% dijo haber aprendido finanzas personales en la escuela. Ahí está el retrato completo del problema. No estamos formando criterio financiero; estamos dejando que el algoritmo lo haga por nosotros.
Y el algoritmo no educa. El algoritmo entretiene, engancha, acelera, exagera y premia lo viral. A veces informa, sí. Pero también simplifica de más, romantiza malas decisiones y convierte temas complejos en recetas rápidas. El dinero no funciona así. Una mala decisión financiera no se corrige con otro reel.
En México, además, el problema no empieza en TikTok. Empieza mucho antes. La ENIF 2024 mostró que 36.6% de la población ahorró únicamente de manera informal, 33.6% no tuvo ningún tipo de ahorro, y entre quienes sí tienen mecanismos de retiro, sólo 7.9% realizó aportaciones voluntarias. Es decir: seguimos creyendo que tener una cuenta es tener salud financiera, cuando en realidad muchísima gente sigue sin construir patrimonio, sin ahorrar en serio y sin planear el futuro.
Y el costo de no tener educación financiera no es menor. Se traduce en gente que no entiende riesgos, que confunde promesas con estrategia y que termina cayendo en esquemas fraudulentos disfrazados de oportunidad. Ahí están casos como Aras o Yox, por mencionar sólo algunos de muchos que han circulado y que encontraron terreno fértil en una sociedad donde demasiadas personas siguen sin saber cómo identificar focos rojos básicos. Cuando no hay formación financiera, cualquier discurso de “rendimientos garantizados”, “dinero fácil” o “negocio seguro” encuentra víctimas. Y eso ya no es sólo un problema de patrimonio. Es un problema social.
Y si nos vamos todavía más abajo en la raíz del problema, los datos educativos tampoco ayudan. En PISA 2022, los estudiantes mexicanos de contextos más favorecidos superaron por 58 puntos en matemáticas a los más desfavorecidos. Eso no es un dato frío. Eso significa que miles de jóvenes inician la vida adulta con menos herramientas para comparar opciones, entender tasas, medir riesgos o tomar decisiones económicas con claridad.
Por eso esta discusión no debería ser si los jóvenes usan demasiado las redes. Esa batalla ya se perdió. La discusión correcta es quién les va a enseñar bien. Quién les va a hablar de ahorro, protección, retiro, inversión, deuda y patrimonio sin tecnicismos, sin poses y sin vender humo.
Lo digo también en primera persona. Yo, Jorge Cruz, he venido empujando desde Cruzze Seguros una forma más cercana de hablar de protección financiera, ahorro y retiro. No porque sea una moda, sino porque México necesita urgentemente volver cotidiano lo que durante años se volvió lejano, aburrido o intimidante. Y en ese mismo esfuerzo, perfiles como Carlos Estrada, asesor de PIMSA Capital, representan una nueva generación de acompañamiento financiero: menos discurso, más claridad; menos labia, más estrategia.
Porque al final, la educación financiera no es sólo un tema de dinero. Es un tema de libertad, de estabilidad familiar y de competitividad. Un joven que entiende cómo ahorrar, cómo protegerse y cómo construir patrimonio no sólo toma mejores decisiones personales; también tiene más posibilidad de crecer, emprender, invertir y aspirar a una vida menos vulnerable.
Si México no corrige esto, seguiremos formando generaciones hiperconectadas, pero mal orientadas. Mucha información, poco criterio. Mucho contenido, poca estrategia. Mucha pantalla, poca educación real.
Y ahí sí, después no nos sorprendamos cuando el primer asesor financiero de miles de jóvenes no sea un maestro, ni un banco, ni su familia.
Sino el algoritmo.
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