Ojinaga no va a sustituir a Ciudad Juárez. Tampoco debería intentarlo pero puede convertirse en una segunda gran conexión económica con Texas si dejamos de verla solamente como un cruce ganadero.
Por Jorge Cruz Camberos
Hay una imagen que resume muy bien la oportunidad de Ojinaga. Entre Chihuahua y Texas existe un puente ferroviario prácticamente terminado desde hace años. Tiene vías. Tiene conexión hacia México. Tiene conexión hacia Texas pero todavía no pasan trenes comerciales.
Una puerta construida que seguimos sin abrir y quizá ahí está resumido un problema más grande: Chihuahua tiene más de una puerta hacia Estados Unidos, pero muchas veces actuamos como si solamente existiera Juárez.
Ciudad Juárez es y seguirá siendo nuestro gran motor fronterizo. Eso no está a discusión pero precisamente por su importancia deberíamos preguntarnos algo distinto: ¿qué otras puertas podemos desarrollar? Una de ellas está en Ojinaga.
Una frontera que ya mueve dinero
Ojinaga no parte de cero. De acuerdo con los datos recopilados para esta investigación, durante 2025 las ventas internacionales registradas para el municipio alcanzaron alrededor de 583 millones de dólares, con una presencia importante de productos agrícolas y manufacturas de hierro y acero. El puente vehicular Ojinaga–Presidio fue ampliado de dos a cuatro carriles en 2023. Y existe además un activo todavía más interesante: el puente ferroviario Presidio–Ojinaga.
Del lado mexicano, la vía conecta con la red de Ferromex y puede continuar hacia el Pacífico. Del lado estadounidense conecta con Texas Pacifico y, desde ahí, con el sistema ferroviario de Estados Unidos. Eso significa que, en teoría, estamos hablando de algo mucho más grande que Ojinaga. Estamos hablando de la posibilidad de construir un eje: Pacífico – Chihuahua – Ojinaga – Texas. Ahí empieza otra conversación.
El ganado nos recordó que Ojinaga existe
La discusión sobre la reapertura gradual de las exportaciones de ganado hacia Estados Unidos volvió a poner a Ojinaga sobre la mesa. Y tiene sentido. Históricamente ha sido uno de los puntos de cruce para el ganado chihuahuense. En la reapertura de 2025, por Ojinaga se exportaron casi 50 mil cabezas pero sería un error volver a acordarnos de Ojinaga solamente cuando hay becerros esperando cruzar.
La oportunidad es mucho mayor. Cruzando Presidio comienza otro Texas. Hacia el noreste están Midland y Odessa, corazón de la Cuenca Pérmica, una de las regiones energéticas más importantes del mundo. Eso abre oportunidades para empresas chihuahuenses de metalmecánica, mantenimiento, transporte, componentes, servicios técnicos y proveeduría.
Hacia el interior del estado tenemos Camargo, Delicias, Meoqui y la propia región de Ojinaga, con agricultura y agroindustria que podrían aprovechar mejor infraestructura de refrigeración, almacenamiento, empaque y logística.
Y hacia el oeste aparece algo todavía más interesante: la posibilidad de conectar esa frontera con Chihuahua capital y eventualmente con corredores hacia el Pacífico.
No necesitamos otra Juárez
Este punto es fundamental. Durante muchos años hemos cometido el error de imaginar que todas las ciudades necesitan su pequeña versión de la maquiladora. No. Delicias no necesita convertirse en Juárez. Cuauhtémoc tampoco. Parral tampoco y mucho menos Ojinaga.
Cada región debe crecer desde lo que ya sabe hacer y desde la posición geográfica que tiene. La ventaja de Ojinaga es precisamente ser diferente. Tiene frontera. Tiene agricultura. Tiene actividad ganadera. Tiene acceso ferroviario potencial. Tiene cercanía con la industria energética texana. Y tiene una escala urbana que todavía permite planear antes de crecer.
Porque si algún día aumenta significativamente el movimiento de mercancías pero Ojinaga solamente ve pasar los tráileres y los trenes, habremos desperdiciado nuevamente la oportunidad. El objetivo debe ser que parte del valor se quede ahí. En empleos. Empresas logísticas. Talleres. Almacenes. Servicios aduanales. Hoteles. Restaurantes. Proveedores. Y mejores ingresos para las familias de la región. ¿Qué haría falta?
No necesitamos comenzar con una obra faraónica. Primero necesitamos una estrategia. Yo empezaría con cuatro cosas. Una gestión binacional mucho más agresiva para destrabar definitivamente el cruce ferroviario. Un plan logístico Chihuahua–Ojinaga que identifique qué mercancías realmente tienen ventaja competitiva cruzando por Presidio. Una cartera de inversión para almacenamiento, cadena fría, patios logísticos y servicios de comercio exterior. Y una mesa permanente Ojinaga–Presidio–Chihuahua–Texas que incluya gobiernos, ferrocarriles, ganaderos, agroindustria y empresas de logística.
Después vendrán las carreteras, los patios y las inversiones mayores pero primero hay que decidir que Ojinaga importa.
Más puertas hacen a Chihuahua más fuerte
Durante décadas nuestra relación económica con Estados Unidos ha girado, con razón, alrededor de Ciudad Juárez. Pero Chihuahua tiene una frontera enorme. Nuestra estrategia económica también debería tenerla. San Jerónimo puede crecer. Ojinaga puede crecer. Y Juárez puede seguir fortaleciéndose al mismo tiempo. No son proyectos que compitan entre sí. Son piezas de una misma estrategia. Una economía regional más equilibrada no significa quitarle actividad a nuestras ciudades fuertes. Significa crear nuevos motores.
Quizá dentro de algunos años veamos pasar el primer tren comercial por ese puente entre Ojinaga y Presidio. Cuando ocurra, no deberíamos celebrarlo solamente como la apertura de una vía ferroviaria. Deberíamos verlo como algo mucho más importante: la decisión de Chihuahua de empezar a utilizar todas sus puertas.
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