¿Qué hace que una ciudad sea capaz de generar innovación? No basta con tener universidades, empresas, emprendedores o tecnología. También se necesitan espacios donde esas piezas puedan encontrarse, colaborar y convertir una idea en algo que llegue al mercado.
Esa evolución forma parte de la historia que Claudia Ortega ha vivido desde el Tecnológico de Monterrey y, particularmente, desde su participación en el desarrollo del ecosistema emprendedor de Chihuahua. Para ella, una de las claves ha sido abrir las puertas de las instituciones para que empresarios, emprendedores, estudiantes y organizaciones puedan encontrarse y construir proyectos en conjunto.
En una conversación para The Norte, Ortega habló sobre la transformación que ha experimentado el ecosistema de innovación de Chihuahua durante más de una década, el papel que ha jugado el Parque Tecnológico Orión y el siguiente desafío: crear las condiciones para que el talento local pueda llevar sus ideas más lejos.
LEER MÁS: The Norte | Alberto Terrazas de Emprender a Transformar Chihuahua
De Silicon Valley a Chihuahua: cambiar la forma de emprender
La relación de Claudia Ortega con el emprendimiento comenzó desde la academia, trabajando con empresas y estudiantes en proyectos de vinculación, además de impartir materias relacionadas con emprendimiento y estrategia.
Un viaje a Silicon Valley, hace más de una década, marcó un punto de inflexión en esa trayectoria. Durante un bootcamp de un mes, Ortega tuvo la oportunidad de conocer un ecosistema distinto al que existía entonces en Chihuahua y observar otras formas de conectar academia, empresas, tecnología y emprendimiento. La experiencia también influyó en otros profesores que participaron en aquella iniciativa. De acuerdo con Ortega, varios comenzaron a orientar su trabajo hacia la creación de empresas y la comercialización de tecnología.
La lección no fue solamente conocer otro ecosistema, sino entender que las ciudades también pueden construir sus propias condiciones para generar proyectos de innovación.
En Chihuahua, esa visión coincidió con una etapa de transformación dentro del Tecnológico de Monterrey. La institución comenzó a experimentar con nuevas metodologías y modelos para entender cómo debía impulsarse el emprendimiento, dejando atrás esquemas tradicionales basados únicamente en planes de negocios. Ortega describe aquel periodo como una sucesión de pruebas y aprendizajes que permitieron construir el modelo que actualmente existe.
Abrir las puertas para que sucedan cosas
Uno de los cambios que identifica como determinantes fue la apertura del Parque Tecnológico Orión hacia personas y organizaciones externas al Tecnológico de Monterrey. El parque comenzó a funcionar como un punto de encuentro. Empresarios, emprendedores, estudiantes y personas de otras instituciones pudieron utilizar sus espacios, participar en actividades y establecer conexiones que difícilmente habrían ocurrido dentro de los circuitos tradicionales de cada organización.
Ortega recuerda que, durante su etapa en el coworking del parque, alrededor del 80 por ciento de las personas que estaban ahí no pertenecían al Tecnológico de Monterrey.
Ese dato ayuda a entender el papel que el parque buscó desempeñar: más que un espacio exclusivo para universitarios, convertirse en un lugar donde diferentes actores de la ciudad pudieran coincidir. Para Ortega, esa apertura permitió que comenzaran a surgir nuevas colaboraciones y que la innovación dejara de entenderse como una actividad exclusiva de emprendedores o empresas tecnológicas.
“Las personas que estamos en cualquier sociedad necesitamos confrontarnos con la innovación”, plantea.
Desde esa perspectiva, el ecosistema se construye cuando una persona conoce a otra que puede aportar algo distinto a su proyecto, a su organización o incluso a su ciudad.
La innovación también necesita conexiones
Actualmente, la vinculación que plantea el Parque Tecnológico Orión busca ampliar ese alcance. Ortega explica que el trabajo ya no se limita a Chihuahua. Existe una conexión con otros campus del Tecnológico de Monterrey y con instituciones externas, mientras que diferentes organizaciones locales participan en actividades relacionadas con emprendimiento e innovación.
El objetivo es que las oportunidades para los emprendedores puedan superar las fronteras geográficas. En ese contexto, menciona la colaboración con instituciones y organizaciones como UTECh, Emprendemos A.C., Red Emprende y Startup Chihuahua, como parte de una red que permite ampliar las posibilidades de vinculación.
La idea es democratizar el acceso a la innovación y generar espacios donde personas que normalmente no coincidirían puedan formar equipos. La experiencia de los últimos años también modificó la manera de entender esa conexión. La digitalización y el aprendizaje derivado de la pandemia redujeron algunas de las barreras físicas que antes limitaban la colaboración.
Hoy, una persona puede conectarse con talento, instituciones y oportunidades que se encuentran fuera de Chihuahua pero la siguiente etapa implica algo más que conectar personas.
El desafío: convertir la tecnología en proyectos viables
Para Ortega, uno de los retos más importantes está en el momento que ocurre después de la idea. Un proyecto puede tener talento, conocimiento y potencial tecnológico, pero todavía necesita recursos, tiempo, permisos, regulación, laboratorios, pruebas y acompañamiento para convertirse en una realidad.
Esta problemática cobra especial relevancia en áreas como la biotecnología, donde desarrollar y probar una solución requiere procesos más largos y recursos especializados. Por eso, uno de los proyectos que plantea impulsar desde el Parque Tecnológico Orión está relacionado con ayudar a que el desarrollo tecnológico pueda avanzar hacia su viabilidad. La pregunta cambia entonces de “¿qué idea tienes?” a “¿qué necesitas para hacerla realidad?”.
Ese cambio de perspectiva también aparece en el acompañamiento a emprendedores. Ortega plantea que el primer paso es acercarse; después, identificar con qué recursos cuenta la persona y, finalmente, reconocer qué necesita para avanzar. Entre las herramientas que menciona está Orbit, un proyecto desarrollado con el MIT que utiliza inteligencia artificial para trabajar sobre las ideas y ayudar a estructurar mejor los proyectos. La intención es identificar las piezas que todavía hacen falta antes de intentar avanzar hacia las siguientes etapas.
Chihuahua tiene una ventaja: su capacidad para conectarse
La conversación también abre una discusión sobre qué distingue al ecosistema de Chihuahua frente a otras ciudades. Para Ortega, una de las ventajas está precisamente en el tamaño de la comunidad. En una ciudad donde los actores del ecosistema pueden encontrarse con mayor facilidad, es posible identificar rápidamente a quién acudir para buscar conocimiento, talento, financiamiento o una nueva conexión.
Esa cercanía puede convertirse en una herramienta para emprender pero también existe un reto: llevar a Chihuahua al mundo y traer el mundo a Chihuahua.
El ecosistema local necesita mantener sus conexiones nacionales e internacionales para evitar que el talento y las ideas permanezcan únicamente dentro de la región. La experiencia de otros ecosistemas demuestra que conocer lo que ocurre fuera puede modificar la percepción de lo que es posible hacer desde casa. La propia trayectoria de Ortega parte de esa experiencia: conocer otro ecosistema para regresar con nuevas preguntas sobre lo que podía construirse en Chihuahua.
Conclusión: de la idea al siguiente paso
La historia del ecosistema de innovación de Chihuahua también puede leerse como una historia de conexiones. Una universidad que abre sus puertas. Un empresario que decide impulsar una idea. Un académico que observa lo que ocurre en otras partes del mundo. Un emprendedor que encuentra a la persona que necesitaba conocer. Un fondo que permite que una tecnología avance. Un parque que funciona como punto de encuentro.
Para Claudia Ortega, el siguiente paso está en hacer que esas conexiones tengan resultados más concretos: que una idea encuentre acompañamiento, que el talento encuentre recursos y que un desarrollo tecnológico pueda superar las barreras que existen entre la innovación y el mercado. Pero también plantea una dimensión que suele quedar fuera de las conversaciones sobre emprendimiento: la persona detrás del proyecto.
“Tenemos que trabajar mucho con el ser humano”, señala Ortega al hablar de los emprendedores. Las herramientas pueden existir, pero alguien tiene que tomar la decisión de utilizarlas, asumir el riesgo y continuar cuando el camino se vuelve complejo.
Ahí puede estar una de las siguientes etapas para Chihuahua: pasar de construir un ecosistema que conecta personas a uno que consigue que esas conexiones conviertan ideas en empresas, tecnología, inversión y soluciones capaces de trascender la ciudad.
El Parque Tecnológico Orión, en ese sentido, no representa solamente un espacio físico. Es parte de una apuesta más amplia: que Chihuahua pueda generar innovación desde su propio talento, conectarla con el mundo y crear las condiciones para que aquello que comienza como una idea tenga la posibilidad de convertirse en una realidad.
Únete a nuestro canal de WhatsApp y recibe las noticias más relevantes sobre sector empresarial, desarrollo económico y tendencias que impactan a Chihuahua directamente en tu celular.




