Por Jorge Cruz Camberos
Hay una frase que repetimos demasiado en Chihuahua: “No hay presupuesto.” No hay presupuesto para la vialidad. No hay presupuesto para el drenaje pluvial. No hay presupuesto para parques. No hay presupuesto para regenerar una zona de la ciudad. Y mientras esperamos a que haya dinero, la ciudad sigue creciendo.
El problema es que estamos intentando financiar la ciudad del futuro con herramientas del pasado. Cada año hacemos un presupuesto. Priorizamos obras. Construimos lo que alcanza. Y lo que no alcanza se queda para el siguiente año, la siguiente administración o, muchas veces, para la siguiente década pero ¿qué pasaría si pudiéramos construir parte de la infraestructura que Chihuahua necesitará durante los próximos 20 años desde ahora?. No es una ocurrencia. Otras ciudades llevan décadas haciéndolo.
El crecimiento puede financiar crecimiento
En Texas existe una figura llamada Public Improvement District, o PID. La idea detrás de ella es bastante sencilla. Cuando una obra pública beneficia especialmente a una determinada zona y aumenta su potencial económico y su valor inmobiliario, quienes reciben ese beneficio pueden participar en el financiamiento de la infraestructura. No se trata simplemente de cobrar más impuestos.
Se trata de crear un círculo virtuoso: infraestructura genera valor; el valor genera recursos; y esos recursos ayudan a pagar la infraestructura. Carreteras, vialidades, drenaje, agua, parques y espacios públicos pueden estructurarse bajo mecanismos de largo plazo. California tiene otros modelos. Florida también.
Texas incluso utiliza esquemas donde una parte del crecimiento futuro de la recaudación generado dentro de una zona se reinvierte en esa misma zona. La lógica detrás de todos ellos es poderosa: no esperar a tener todo el dinero para comenzar a construir. ¿Y por qué no hacerlo en Chihuahua? Aquí es donde la conversación se pone interesante.
Porque Chihuahua ya cuenta con figuras como la contribución de mejoras, mecanismos fiduciarios y herramientas de desarrollo urbano que permiten distribuir parte del costo de determinadas obras entre quienes reciben directamente sus beneficios. Quizá no necesitamos copiar el modelo de Texas. Podemos construir el nuestro. Imaginemos por un momento un Distrito Chihuahua de Infraestructura.
Una zona de la ciudad necesita 500 millones de pesos en vialidades, drenaje, agua, banquetas, parques e infraestructura. En lugar de esperar diez o quince años para construirla por etapas, se estructura financieramente el proyecto desde el principio. Participan propietarios, desarrolladores y gobierno. Se determina quién recibe el beneficio. Se establece cuánto corresponde aportar a cada parte.
Los recursos se concentran bajo reglas transparentes y pueden respaldar financiamiento de largo plazo. La infraestructura se construye hoy. Y se paga gradualmente con parte del valor que esa misma infraestructura ayuda a generar.Eso cambia completamente la conversación pero hay una condición.
Esto no puede convertirse en otro mecanismo para endeudar al Municipio. Tampoco puede ser una manera de socializar el costo de desarrollos privados. Mucho menos una herramienta diseñada para beneficiar a unos cuantos propietarios. Tiene que ser exactamente lo contrario. Quien recibe un beneficio extraordinario debe participar proporcionalmente en su costo. Y todo tendría que estar acompañado de transparencia absoluta, reglas claras, participación de propietarios, supervisión ciudadana y límites estrictos al endeudamiento. Ahí está la diferencia entre innovación financiera y simplemente inventar otra forma de gastar dinero público.
Hagamos un piloto
No necesitamos cambiar toda Chihuahua mañana. Empecemos con una zona. Puede ser un nuevo corredor urbano. Una zona industrial. Un área de crecimiento al norte o al poniente. Incluso podríamos estudiar un esquema distinto para regenerar nuestro Centro Histórico. Delimitemos el polígono. Calculemos cuánto cuesta realmente la infraestructura. Midamos cuánto valor puede generar.
Sentemos en la misma mesa a propietarios, desarrolladores, Municipio, Estado, Congreso, especialistas financieros y sociedad civil. Y hagamos las cuentas. Si funciona, escalamos. Si no funciona, aprendemos. Eso también es innovar.
Chihuahua tiene que empezar a pensar a 20 años
Nuestro reto no es solamente conseguir más presupuesto. Es construir mejores mecanismos para multiplicar nuestra capacidad de inversión. Necesitamos dejar de preguntarnos únicamente: “¿Cuánto dinero tiene el gobierno para hacer esta obra?” Y empezar a preguntar: “¿Qué valor va a generar esta obra y cómo podemos utilizar parte de ese valor para financiarla?”
Ese pequeño cambio de pregunta puede transformar la manera en que construimos nuestras ciudades. Desde DESEC y el sector empresarial vale la pena poner esta discusión sobre la mesa y estudiarla con seriedad junto con nuestras autoridades.
No para copiar a Texas. Para aprender de lo que funciona afuera y construir algo mejor para nuestra realidad. Porque Chihuahua seguirá creciendo. La verdadera decisión es si vamos a seguir corriendo detrás de ese crecimiento, intentando resolver los problemas cuando ya aparecieron… o vamos a financiar y construir desde hoy la ciudad que queremos tener mañana. Quizá el principio pueda resumirse en una sola frase: Que el crecimiento de Chihuahua ayude a financiar el siguiente crecimiento de Chihuahua.
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