La toma de protesta de Sergio Becerra como presidente del Centro Bancario Estatal de Chihuahua para el periodo 2026-2028 deja una señal positiva para el ecosistema económico local: la banca quiere jugar un papel más activo en el desarrollo regional.
Y eso importa.
En una entidad como Chihuahua —con músculo industrial, vocación exportadora, capacidad emprendedora y una economía que se mueve entre manufactura avanzada, agroindustria, servicios y PyMEs— la banca no puede quedarse solo como proveedora de productos financieros. Tiene que convertirse en articuladora de soluciones, confianza y crecimiento.
La propuesta presentada durante el arranque de esta nueva etapa va justo en esa dirección: conectar al sistema bancario con el futuro económico del estado, fortalecer la coordinación entre bancos, y construir puentes con gobierno, empresas, universidades y organismos locales.
El diagnóstico también fue claro: Chihuahua tiene una economía dinámica, pero históricamente ha existido una desconexión entre el potencial productivo de la región y la capacidad del sistema financiero para acompañarlo de forma articulada, moderna y estratégica. Reconocer ese desfase es un buen punto de partida.
Uno de los enfoques más relevantes del nuevo periodo es la inclusión financiera productiva. Y vale la pena subrayar el matiz. No se trata solo de sumar cuentas o bancarización como estadística; se trata de acercar herramientas financieras a quienes producen, emprenden, contratan y hacen crecer la economía real.
Eso incluye a las PyMEs, que hoy son clave para aprovechar el nearshoring, integrarse a cadenas de valor y escalar su operación. Si la nueva agenda bancaria logra traducirse en más acceso, mejor acompañamiento y productos útiles para el crecimiento empresarial, Chihuahua puede ganar competitividad desde dentro.
También destaca el objetivo de fortalecer la relación del gremio con la ciudad y con los actores locales. Esa visión es acertada. La banca no solo influye en créditos, tasas o cuentas; también puede incidir en educación financiera, cultura de formalidad, innovación, reputación institucional y confianza económica.
Y en una ciudad como Chihuahua, eso tiene mucho valor.
Porque Chihuahua no solo compite por inversión: compite por talento y por calidad de vida. Tiene ventajas reales para presumirse: cercanía familiar, posibilidad de convivencia, parques, plazas, subcentros urbanos, vida cultural y deportiva, y una escala que todavía permite vivir con mayor equilibrio. A eso se suma una base empresarial fuerte, capacidad para abrir negocios, atraer industria y desarrollar marcas locales con ambición nacional.
La agenda planteada para 2026-2028 —con ejes de fortalecimiento del sistema financiero, estudios y propuestas técnicas, vinculación institucional, reuniones de afiliados y comunicación— apunta a una presidencia con intención de fondo, no solo de forma.
El reto, como siempre, será la ejecución.
Pero el mensaje inicial es bueno: una banca más conectada con la realidad de Chihuahua, más cercana al ecosistema productivo y más dispuesta a participar en la conversación del futuro regional.
Si esa visión se sostiene, el Centro Bancario Estatal puede convertirse en un actor clave para una nueva etapa de desarrollo en Chihuahua.
















