Por Jorge Cruz Camberos
En 1849, durante la fiebre del oro en California, hubo quienes hicieron fortunas encontrando oro. Pero muchos más se hicieron ricos vendiendo palas. Con la inteligencia artificial está ocurriendo algo parecido.
Mientras el mundo habla de ChatGPT, robots y asistentes virtuales, hay un grupo de empresas que está construyendo la infraestructura que hace posible toda esa revolución. Sin ellas, la inteligencia artificial simplemente no existiría.
Por eso cada vez más inversionistas voltean a ver índices como el Nasdaq 100. A diferencia de otros índices más diversificados, aquí se concentran muchas de las compañías que están definiendo el futuro de la tecnología: Microsoft, Nvidia, Apple, Amazon, Meta, Broadcom, Netflix y otras empresas que hoy lideran la innovación mundial.
No todas son empresas de inteligencia artificial. Pero casi todas están invirtiendo miles de millones de dólares para aprovecharla. La IA no es una aplicación. Es una nueva infraestructura tecnológica, como lo fue Internet hace treinta años. Y, como ocurrió con Internet, todavía estamos en las primeras etapas.
Las empresas apenas comienzan a automatizar procesos, desarrollar nuevos medicamentos, optimizar fábricas, mejorar la educación, transformar las finanzas y cambiar la manera en que trabajamos. Eso significa que el crecimiento no dependerá de una sola empresa. Dependerá de todo un ecosistema.
Precisamente ahí está una de las ventajas de invertir mediante ETF ligados al Nasdaq 100. En lugar de tratar de adivinar si Nvidia seguirá siendo el gran ganador o si otra empresa la superará en cinco años, participas en el crecimiento de todo el sector tecnológico.
Claro, también hay que decirlo: es un índice con mayor volatilidad. Cuando la tecnología acelera, suele crecer más que el mercado. Pero cuando llegan las correcciones, también puede caer con mayor fuerza. Por eso es una inversión pensada para quienes tienen una visión de largo plazo y entienden que la innovación no avanza en línea recta.
Habrá años espectaculares y otros decepcionantes. Lo importante es no perder de vista la tendencia. Hace veinte años, Internet cambió la economía. Hoy, la inteligencia artificial está haciendo exactamente lo mismo. La pregunta no es si transformará nuestras vidas.
Eso ya está ocurriendo. La verdadera pregunta es si queremos ser simples espectadores… o inversionistas de una de las mayores revoluciones tecnológicas de nuestra generación.
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