spot_img
spot_img

La generación que está cambiando la inversión por el marcador

Nunca había sido tan fácil para un joven empezar a invertir. Tampoco había sido tan fácil perder su dinero apostando. Las dos opciones están en el mismo lugar: su celular.

Por Jorge Cruz Camberos

Fernando tenía 19 años y estudiaba Contaduría. Un día dejó de entrar a clases. No porque hubiera perdido interés en su carrera. Había perdido el control de sus apuestas deportivas. Las deudas crecieron hasta que terminó involucrado en un plan para fingir su propio secuestro y conseguir dinero. El caso fue documentado por Proceso. Es una historia extrema. Pero detrás de ella hay algo mucho más grande que deberíamos estar discutiendo.

Mientras en Chihuahua hablamos de nearshoring, mejores empleos, inteligencia artificial y preparar a nuestros jóvenes para competir globalmente, existe otra competencia mucho más silenciosa:

¿Qué harán con los primeros $1,000 que les sobren de su sueldo? ¿Invertirlos o apostarlos?

Dos aplicaciones quieren tu quincena

Nunca había sido tan fácil comenzar a construir patrimonio. Desde un celular puedes comprar Cetes, abrir una cuenta de inversión o comenzar un plan para el retiro. Pero tampoco había sido tan fácil apostar. Depositas dinero. Eliges un partido. Revisas los momios. Y unos segundos después tienes la sensación de que puedes duplicar tu dinero esa misma noche. O perderlo. Las dos experiencias viven en la misma pantalla. Las dos utilizan números, estadísticas y probabilidades.

Pero hay una diferencia enorme: una busca construir patrimonio. La otra está diseñada para que, en el largo plazo, gane la casa. En Estados Unidos, una encuesta de Betterment encontró un dato que debería preocuparnos: 26% de los jóvenes de la Generación Z encuestados considera las apuestas deportivas parte de su estrategia financiera de largo plazo.

Todavía más revelador: 52% dijo haber llevado hacia apuestas deportivas dinero que originalmente pensaba invertir. Ahí está el problema. Cuando apostar empieza a sentirse como invertir, algo estamos haciendo mal.

No es una generación irresponsable

Creo que sería un error culpar a los jóvenes. Quieren exactamente lo que quisimos nosotros: independencia, viajar, comprar una casa, emprender, ganar más y vivir mejor que sus padres. El problema es que hoy existen dos caminos compitiendo por esa misma aspiración.Uno les dice: invierte poco a poco durante años. El otro: puedes ganar esta noche. Uno necesita paciencia. El otro ofrece adrenalina. Uno habla de interés compuesto. El otro de momios y parlays. Y ambos están a tres clics de distancia. Por eso el reto no es convencer a los jóvenes de que quieran ganar dinero. Eso ya lo quieren. El reto es enseñarles la diferencia entre ganar dinero rápido y construir riqueza.

Chihuahua también se juega algo

Esto va mucho más allá de las apuestas deportivas. Es un tema de educación financiera y movilidad social. Queremos atraer empresas que paguen mejores salarios. Queremos preparar ingenieros, técnicos y profesionistas para las industrias del futuro. Perfecto. Pero falta una parte de la ecuación: enseñar a transformar salario en patrimonio.

Que un joven que recibe su primer sueldo conozca el interés compuesto. Que entienda qué son los Cetes antes que los momios. Que aprenda cómo funciona una inversión antes de hacer su primer parlay. Porque una ciudad no se vuelve próspera solamente cuando sus habitantes ganan más. Se vuelve próspera cuando más personas logran convertir su trabajo en patrimonio.

La batalla está en el celular

Aquí tenemos una responsabilidad compartida. Las escuelas deberían enseñar finanzas personales de verdad. Las empresas pueden incorporar educación financiera dentro de sus programas de bienestar. Las instituciones financieras también tenemos que hacer autocrítica: invertir debería ser tan sencillo de entender y comenzar como hoy resulta hacer una apuesta. Y las familias tenemos que hablar de dinero. No basta con decirles a nuestros hijos: “ahorra”. Hay que explicarles qué puede suceder con $1,000 invertidos todos los meses durante 20 años. El Mundial de 2026 pasará. Habrá un campeón, celebraremos, perderemos apuestas y volveremos a nuestra rutina. Pero quedará otro marcador mucho más importante. El de miles de jóvenes decidiendo qué hacer con su dinero. Porque el verdadero riesgo no es que una generación apueste durante un partido. Es que termine creyendo que apostar y construir patrimonio son la misma cosa.

Posts Relacionados

Post Populares