Una entrevista de MexicoNow con Antonio Ortiz-Mena coloca a Chihuahua entre los estados con mayor potencial para la industria aeroespacial, pero también advierte que energía, infraestructura y talento serán determinantes para aprovechar el siguiente ciclo del nearshoring.
México se encuentra ante una oportunidad industrial que puede redefinir su posición dentro de América del Norte. La regionalización de las cadenas de suministro, la revisión del T-MEC y la búsqueda de mayor resiliencia por parte de las empresas están modificando nuevamente el mapa de la manufactura pero la oportunidad no está garantizada.
Para Antonio Ortiz-Mena, presidente del Comité de Estrategia Técnica del T-MEC del Consejo Mexicano de Negocios de Comercio Exterior, Inversión y Tecnología (COMCE), México conserva una ventaja difícil de replicar: su ubicación y el acceso preferencial al mercado estadounidense.
Sin embargo, el país tendrá que resolver varios cuellos de botella si quiere convertir esa ventaja geográfica en mayor inversión, producción y empleos. Entre ellos hay uno que considera particularmente urgente: la energía. Así lo plantea en una entrevista exclusiva publicada por MexicoNow en la edición especial de MEXICONOW, dedicada a la industria automotriz y al escenario que enfrenta la manufactura mexicana hacia los próximos años. Y en medio de esa conversación aparece Chihuahua.
Chihuahua ya tiene una base que otros todavía necesitan construir
Cuando Ortiz-Mena habla de los sectores que pueden convertirse en motores de la manufactura mexicana, coloca a la industria automotriz entre los protagonistas, especialmente por el potencial de los vehículos eléctricos e híbridos. Pero inmediatamente después dirige la mirada hacia la industria aeroespacial y menciona de manera específica a Chihuahua como un estado con una base manufacturera sólida. La declaración es relevante porque cambia la perspectiva sobre el papel que puede jugar el estado.Chihuahua no parte de cero.
Cuenta con una trayectoria industrial, empresas integradas a cadenas globales de suministro, experiencia manufacturera y una base de talento que le permiten competir por actividades de mayor complejidad. La propia entrevista plantea que, en la siguiente etapa de la integración productiva de América del Norte, los territorios que ya cuentan con infraestructura industrial, cadenas de proveeduría y trabajadores especializados tienen una ventaja frente a aquellos que apenas buscan construir ese ecosistema.
Por eso, la referencia a Chihuahua dentro de una conversación sobre el futuro de la manufactura mexicana tiene especial peso. El reto ya no es solamente atraer una nueva planta. Es lograr que el ecosistema existente sea capaz de capturar más valor.
El nearshoring se puede frenar antes de llegar a la fábrica
La advertencia más contundente de Ortiz-Mena está relacionada con la energía. México puede tener ubicación privilegiada, acceso al mercado estadounidense y un marco comercial que continúa siendo atractivo para los inversionistas, pero esas ventajas pierden fuerza si no existe suficiente capacidad para acompañar el crecimiento industrial.
El especialista señala que México cuenta actualmente con capacidad para atender la demanda y soportar un crecimiento moderado, pero advierte que será necesario incrementar significativamente la generación, transmisión y distribución de electricidad para aprovechar plenamente el potencial de inversión.
Su preocupación es incluso más específica: considera que la disponibilidad de energía puede representar un riesgo mayor para el futuro automotriz que las propias reglas de origen. La lectura para Chihuahua es directa.
En una economía donde cada vez más procesos industriales dependen de automatización, digitalización, centros de datos, inteligencia artificial y manufactura avanzada, la electricidad deja de ser únicamente un servicio básico y se convierte en infraestructura productiva.
La pregunta para los estados industriales ya no es solamente cuántos metros cuadrados tienen disponibles para una nueva fábrica. También es cuánta energía pueden garantizar, con qué confiabilidad y a qué velocidad pueden ampliar esa capacidad.
Infraestructura: competir también significa mover lo que se produce
Después de la energía, Ortiz-Mena coloca a la infraestructura como otro de los grandes retos para México.Puertos, aeropuertos, ferrocarriles, carreteras e infraestructura digital forman parte de la ecuación.
La razón es sencilla: las empresas globales no analizan únicamente el costo de instalarse en un territorio. Comparan qué tan rápido pueden producir, recibir insumos, mover mercancías, conectarse con sus mercados y escalar operaciones.
En ese escenario, el nearshoring no puede entenderse únicamente como la llegada de empresas estadounidenses o asiáticas a México. Es una competencia entre regiones. Los inversionistas están evaluando constantemente dónde colocar su siguiente operación y los estados mexicanos compiten entre sí por capturarla.
Por eso, para Chihuahua, la discusión sobre infraestructura adquiere una dimensión estratégica: el estado necesita que su conectividad terrestre, aérea, ferroviaria, energética y digital evolucione al mismo ritmo que su industria.
Tener una posición geográfica privilegiada es una ventaja.
Convertirla en competitividad requiere infraestructura.
Del volumen manufacturero al siguiente nivel de especialización
La entrevista también deja una señal importante sobre hacia dónde podría avanzar la industria mexicana. El sector automotriz continuará siendo fundamental, pero Ortiz-Mena plantea pensar en la industria automotriz del futuro, particularmente alrededor de vehículos eléctricos e híbridos.
A la par, identifica oportunidades en la industria aeroespacial y en cadenas vinculadas con acero, aluminio y cobre, materiales estratégicos para la manufactura regional.
Esto abre una conversación que resulta especialmente pertinente para Chihuahua: cómo pasar de ser un territorio atractivo para manufactura a convertirse en un nodo cada vez más importante dentro de cadenas de mayor valor.
La diferencia está en la profundidad del ecosistema.
Más proveedores locales.
Más ingeniería.
Más desarrollo tecnológico.
Más certificaciones.
Más talento especializado.
Más capacidad para resolver problemas dentro del propio territorio.
El siguiente capítulo del nearshoring podría depender menos de cuántas empresas llegan y más de qué tanto valor pueden generar desde México.
El talento será el verdadero factor de competitividad
Hay otro punto de la entrevista que merece especial atención. Cuando Ortiz-Mena imagina a México hacia 2035, no habla únicamente de plantas, tratados comerciales o infraestructura. Habla de educación. Su planteamiento es que México necesita fortalecer la formación en razonamiento analítico, lectura, inglés y matemáticas para que su población pueda aprovechar la transformación económica y tecnológica que está ocurriendo.
La idea resulta especialmente relevante para estados industriales como Chihuahua. La competencia por inversión es también una competencia por personas capaces de operar, diseñar, automatizar, programar, mantener y mejorar los procesos productivos.
La manufactura avanzada necesita técnicos.
La industria aeroespacial necesita ingenieros.
La automatización necesita especialistas.
La inteligencia artificial necesita talento capaz de entender datos y procesos. Las empresas globales necesitan trabajadores que puedan comunicarse con equipos internacionales. Por eso, la infraestructura educativa empieza a tener el mismo peso estratégico que la infraestructura industrial. El nearshoring también se construye en las aulas, laboratorios y centros de formación.
Chihuahua ante una ventana que puede durar años
La visión de Ortiz-Mena no plantea un escenario inmediato ni una oportunidad de corto plazo. Habla de una transformación que puede extenderse durante los próximos años y que tendrá en la revisión del T-MEC uno de sus momentos importantes.
Su lectura es que, independientemente de cómo evolucione el escenario comercial, los incentivos para invertir en América del Norte permanecerán debido a la integración económica de la región. Eso significa que México tiene una ventana para consolidarse como uno de los principales centros manufactureros del continente. Y Chihuahua tiene elementos para aprovecharla.
La industria automotriz y aeroespacial ya forman parte de su identidad productiva. Su experiencia manufacturera le permite competir desde una posición distinta a la de regiones que buscan construir su ecosistema desde cero. Pero la oportunidad también plantea obligaciones.
Resolver energía.
Acelerar infraestructura.
Fortalecer proveedores.
Formar talento.
Incrementar la sofisticación tecnológica.
Generar condiciones para que las inversiones no solamente lleguen, sino que encuentren en Chihuahua un ecosistema capaz de crecer con ellas. Ese es probablemente el mensaje más potente que deja la entrevista de Antonio Ortiz-Mena para el estado. Chihuahua ya tiene una parte importante de la plataforma. El siguiente desafío es convertir esa plataforma en una ventaja todavía mayor.
Mientras la región norteamericana redefine sus cadenas de suministro, esa discusión llega en un momento particularmente oportuno para Chihuahua, que será escenario del Automotive & Aerospace Nearshoring Summit 2026, un espacio donde precisamente convergen industria, inversión, tecnología y las conversaciones sobre el futuro productivo de la región. La frase con la que Ortiz-Mena resume su visión hacia el futuro funciona también como una pregunta para México y para Chihuahua:
“El futuro de México está en manos de México”.
La oportunidad está sobre la mesa. La diferencia estará en la capacidad de aprovecharla.
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Esta visión también tiene un antecedente en las páginas de Referente.mx. En la entrevista publicada en el Volumen 6, Ortiz-Mena ya advertía que Chihuahua cuenta con ventajas estratégicas por su ubicación, su vocación manufacturera y su crecimiento aeroespacial, pero señalaba que para competir por nuevas inversiones el estado debía garantizar energía limpia y competitiva, infraestructura transfronteriza moderna y talento técnico especializado. También planteaba una oportunidad concreta: que Chihuahua avanzara en la aplicación de inteligencia artificial a la producción y fortaleciera la coordinación entre la industria y las instituciones educativas.
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