Por Jorge Cruz Camberos
En Ciudad Juárez están ocurriendo dos cosas que parecen contradecirse. Por un lado, la manufactura ha perdido decenas de miles de empleos desde 2023. Por otro, siguen llegando anuncios de inversión ligados a electrónica avanzada, servidores, centros de datos y electromovilidad.
Entonces, ¿Juárez está entrando en una crisis industrial o estamos viendo el principio de una manufactura distinta?. Creo que están sucediendo las dos cosas.
La manufactura tradicional, intensiva en mano de obra y basada en procesos relativamente sencillos, está bajo presión. Los salarios han aumentado, Estados Unidos se ha desacelerado en algunos sectores, las cadenas de suministro se están reacomodando y, sobre todo, la automatización permite producir más con menos personas pero mientras unos empleos desaparecen, está llegando otra industria.
Inventec anunció en junio una expansión de 450 millones de dólares y más de 6,000 empleos. Pegatron acaba de anunciar otra inversión enfocada en componentes para vehículos eléctricos y centros de datos, con alrededor de 1,000 nuevos puestos. Eso cambia la conversación.
Durante muchos años medimos el éxito industrial de Chihuahua casi exclusivamente por una cifra: cuántos empleos llegaron. Hoy necesitamos agregar otras preguntas: ¿qué estamos produciendo?, ¿cuánto valor genera cada trabajador?, ¿cuánto gana?, ¿qué conocimientos está adquiriendo? y ¿qué posibilidades tiene de crecer profesionalmente?
Porque una planta altamente automatizada puede generar menos empleos que una maquiladora tradicional y, al mismo tiempo, producir mucho más valor. El problema no es la automatización. El problema sería que nuestras fábricas se automaticen y nuestros trabajadores no puedan avanzar con ellas. Ahí está, para mí, el verdadero reto de Juárez.
Hoy 87.7% del personal IMMEX de la ciudad está compuesto por operadores y técnicos. Es una enorme base de talento industrial acumulado durante décadas. No podemos permitir que miles de esos trabajadores queden atrapados entre el empleo que desaparece y el empleo nuevo para el cual todavía no tienen las habilidades necesarias. Necesitamos construir ese puente.
Y ese puente tiene nombres muy concretos: inglés, electrónica, mecatrónica, automatización, programación, mantenimiento avanzado y formación técnica.
Aquí instituciones como CENALTEC pueden convertirse en una de las herramientas económicas más importantes del estado. No solamente para capacitar jóvenes que buscan su primer trabajo, sino para recapacitar rápidamente a quienes están siendo desplazados por esta transformación.
Imagino algo muy sencillo: una persona pierde su empleo en una planta tradicional y, en lugar de comenzar desde cero, puede entrar inmediatamente a un programa de seis meses diseñado junto con las empresas que están contratando. No capacitación para obtener un diploma. Capacitación para obtener el siguiente empleo.
Juárez tiene algo que muchas ciudades del mundo quisieran tener: décadas de cultura manufacturera, cientos de miles de personas que saben trabajar dentro de una planta y una ubicación extraordinaria junto al mercado más grande del planeta. La siguiente etapa consiste en agregar conocimiento a esa experiencia.
Por eso no creo que la política económica correcta sea intentar conservar cada empleo del pasado. Sería imposible. Nuestra responsabilidad debe ser conseguir que el trabajador chihuahuense pueda subir junto con la industria.
Que quien ayer ensamblaba un arnés pueda mañana operar una celda automatizada. Que un técnico pueda convertirse en especialista. Que más jóvenes estudien ingeniería. Y que dominar el inglés deje de verse como un lujo educativo y empiece a entenderse como infraestructura económica.
Juárez no necesita escoger entre maquila y tecnología. Necesita convertir su extraordinaria experiencia manufacturera en manufactura avanzada. Porque dentro de diez años el éxito de nuestra industria no debería medirse solamente por cuántas personas entran todos los días a una planta.
Deberíamos medirlo también por cuánto valor producen, cuánto ganan y cuántas familias pueden construir una vida mejor gracias a ese trabajo. La gran batalla no es evitar que cambien los empleos. Es lograr que nuestra gente pueda cambiar con ellos.
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