El mercado laboral está cambiando más rápido que los ciclos tradicionales de formación académica. Mientras Chihuahua proyecta la llegada de nuevos empleos vinculados con la industria y la tecnología, las universidades enfrentan el desafío de preparar a jóvenes para trabajos que incluso podrían transformarse antes de que concluyan una carrera.
Para Homero Gutiérrez, director de Tecmilenio y participante del Clúster de Rectores, el reto educativo ya no consiste únicamente en transmitir conocimientos o desarrollar competencias técnicas. La prioridad está en formar personas capaces de aprender continuamente, adaptarse y comprender hacia dónde se dirige el mercado laboral.
“Hoy podríamos responder la pregunta hasta cierto punto en estamos buscando que los jóvenes aprendan a aprender”, planteó durante su conversación en el podcast Chihuahua, Corazón del Norte. Su reflexión coloca a la educación frente a una pregunta estratégica para el estado: ¿están las instituciones formando al talento que Chihuahua necesitará dentro de cinco o diez años?
El mercado laboral avanza más rápido que las carreras
Durante años, la preparación universitaria estuvo asociada con adquirir conocimientos específicos que permitieran desempeñarse en una profesión pero la velocidad de transformación tecnológica y productiva está modificando esa lógica. Gutiérrez explicó que las instituciones educativas enfrentan el desafío de actualizar sus programas mientras las necesidades de las empresas también evolucionan.
“Pero ha cambiado tan rápido o está cambiando. Ya lo mejor lo que estás atendiendo ahorita en unos meses en un año ya no va a ser lo que esté vigente y lo que se requiera”.
Ante este escenario, consideró que las universidades deben fortalecer la capacidad de los estudiantes para gestionar su propio conocimiento.
“En nuestra generación, simplemente ibas y el rol del docente era más transmitir conocimiento. Estaba ahí guardado. Hoy el rol, por ejemplo, del docente y de las universidades es enseñar a que la persona gestione su propio conocimiento.”
El cambio también implica revisar la función de los docentes. Para Gutiérrez, el profesor necesita acompañamiento para desarrollar nuevas habilidades pedagógicas y convertirse en una figura capaz de conectar la experiencia académica con el mundo profesional. En su experiencia durante la pandemia, recordó que entre 98 y 99 por ciento de los docentes de su institución pudieron migrar de las clases presenciales al formato en línea. El reto, sin embargo, no terminó con la adopción de plataformas digitales.
“Pero creo que lo primero es acompañar al docente para enseñarlo a que su guía se vuelva aspiracional e inspirar a los jóvenes a seguirse preparando”.
Talento, industria y emprendimiento necesitan conectarse
La discusión sobre educación también conduce directamente al empleo. Gutiérrez señaló que la empleabilidad puede observarse desde dos dimensiones: que el estudiante consiga trabajo antes de graduarse y que ese empleo esté relacionado con lo que estudió. A ello añadió una tercera variable: el retorno de la inversión educativa.
“Primero, que el joven, antes de graduar, esté trabajando. Que esté trabajando en lo que estudio. Y que su nivel de ingreso sea superior a lo que pagó por la educación”.
Sin embargo, consideró que preparar para trabajar resulta insuficiente. Chihuahua también necesita desarrollar una cultura de emprendimiento desde edades tempranas. La oportunidad adquiere mayor relevancia ante las necesidades futuras de talento de la ciudad. En la conversación se planteó una proyección de 63 mil nuevos empleos hacia 2030-2032, vinculados principalmente con el crecimiento industrial.
El desafío consiste en que la generación de puestos de trabajo avance a un ritmo que la formación de talento pueda acompañar.
“Tenemos visto desde el PICS que se van a generar 63.000 nuevos empleos para el 2030-2032”.
Para Gutiérrez, además de preparar jóvenes para incorporarse a las empresas, Chihuahua debe estimular la capacidad de crear negocios, desarrollar tecnología y generar propiedad intelectual.
“Pero creo que si empezamos a empujar esa cultura de negocio, de emprendedor y ponemos sobre la mesa también temas de tecnología. Pues no solamente va a estar el emprendedor que quiera hacer negocio por vender y comprar, sino por generar patentes, por investigar, por acerimentos que puedan generar lo que queremos en Chihuahua o que es el emprendimiento con base tecnológica.” La formación técnica y el emprendimiento, sin embargo, no deberían desplazar las habilidades humanas. El entrevistado identificó precisamente las competencias socioemocionales como una de las brechas que requieren mayor atención.
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Preparar a los jóvenes también significa entenderlos
La transformación educativa no puede limitarse a modificar planes de estudio. Gutiérrez consideró necesario comprender cómo piensan las nuevas generaciones, qué buscan y qué esperan de su vida profesional. Desde su experiencia como docente de preparatoria, destacó la importancia de escuchar a los jóvenes sin partir de prejuicios.
“Uno está návidos de ser escuchados y ser escuchados sin emitir una crítica, sino entender su proceso.”
Esa escucha también debe trasladarse a la orientación vocacional. Para Gutiérrez, los estudiantes necesitan conocer desde temprano qué está sucediendo en Chihuahua: cuáles son sus sectores productivos, qué industrias están creciendo y qué oportunidades profesionales existen. Esto requiere una colaboración más estrecha entre escuelas, docentes, orientadores vocacionales y empresas.
Una de las experiencias que compartió durante la entrevista evidenció precisamente esa desconexión. Al impartir un taller dirigido a directivos y orientadores de secundaria y preparatoria, recibió comentarios de participantes que consideraban que hablaba demasiado de empresas y del sector productivo. La experiencia le dejó una conclusión contundente:
“Para mí el mensaje fue muy claro, no hizo clic o no ha hecho clic que el maestro o el formador tiene que pensar en qué está pasando acá para ayudarle al estudiante a conectar y para ayudarle al sector productivo, sea público, privado, organizaciones de la sociedad civil con una realidad que a veces el joven no alcanza a ver y que su mentor o guía o inspiración más cercana es el docente.”
Para Chihuahua, esa conexión puede convertirse en una pieza estratégica para retener talento. Si los jóvenes conocen las oportunidades existentes y encuentran espacios donde puedan desarrollar sus capacidades, la relación entre educación, empleo y permanencia en el estado puede fortalecerse.
Inteligencia artificial: herramienta, no sustituto del pensamiento
La inteligencia artificial representa otra transformación que obliga a las instituciones educativas a replantear su modelo. Gutiérrez consideró que el debate no debería concentrarse únicamente en crear carreras especializadas en inteligencia artificial, sino en enseñar a utilizar estas herramientas de manera responsable y efectiva en diferentes campos profesionales.
“Yo creo que más bien tenemos que uno asegurar que entendamos qué es y cómo la podemos utilizar en el proceso formativo, porque ahí se derivan temas éticos”.
El reto está en evitar que la familiaridad tecnológica sea confundida con capacidad para utilizarla correctamente. Los jóvenes pueden manejar diversas herramientas digitales, pero eso no necesariamente significa que sepan evaluar sus resultados.
“Nacieron con el celular y transo inteligencia artificial en la mano dos, tres o cinco herramientas, pero al final, Jorge, si no hay ese proceso racional que previamente tienes que trabajar, pues la inteligencia artificial no te lo va a resolver o te lo resuelve con altos riesgos de errores y de sesgos que la máquina no ha aprendido aún.”
Por ello, la incorporación tecnológica debe acompañarse de pensamiento crítico, criterio, ética y habilidades para interactuar con otras personas. En este punto, Gutiérrez insistió en la necesidad de mantener un equilibrio entre las competencias técnicas y humanas.
“Entonces, creo que tenemos que ir buscando ese balance entre lo técnico y lo humano”.
El reto del Clúster de Rectores: pasar de la coordinación a los resultados
La articulación entre instituciones educativas también enfrenta desafíos. El Clúster de Rectores busca alinear esfuerzos entre diferentes subsistemas y universidades, aunque Gutiérrez reconoció que todavía existen oportunidades para hacer más tangible su impacto. Uno de los principales retos consiste en definir con claridad qué resultados debe producir esa coordinación.
“Alinear a qué, a las necesidades de desarrollo de talento, ver qué carrera se abren, se cierran”.
Para ello, consideró necesario observar el comportamiento del mercado laboral presente y proyectar la demanda de talento de los siguientes años. La pregunta también debería cambiar en las propias instituciones educativas: más que medir su éxito únicamente por el número de alumnos, deberían evaluar qué ocurre con sus egresados después de terminar sus estudios.
“Entonces, qué queremos, volumen o calidad. Y cómo vamos a medir la calidad. Puede ver qué ha sucedido con tus alumnos, qué sucedió con la generación de hace cinco años de diez años, dónde están hoy, qué tanto han crecido.”
Esta perspectiva abre una discusión sobre la responsabilidad de las universidades frente a sus egresados y frente al desarrollo económico de la entidad. También plantea la necesidad de evitar que diferentes instituciones compitan por los mismos estudiantes en carreras con poca demanda laboral, mientras sectores estratégicos enfrentan dificultades para encontrar talento especializado.
El verdadero reto consiste en construir un sistema capaz de anticipar los cambios del mercado laboral
La conversación de Homero Gutiérrez plantea que el desafío educativo de Chihuahua va mucho más allá de actualizar carreras o incorporar nuevas tecnologías. El verdadero reto consiste en construir un sistema capaz de anticipar los cambios del mercado laboral y preparar a las nuevas generaciones para desenvolverse en ellos.
La velocidad de transformación de la industria, la llegada de nuevas tecnologías, el crecimiento del emprendimiento y la demanda de perfiles especializados obligan a conectar desde edades tempranas a estudiantes, docentes, universidades y empresas.
Esa conexión también requiere mirar más allá de la universidad. La orientación vocacional, la formación técnica, el inglés, las habilidades socioemocionales, el emprendimiento y la capacidad de aprender continuamente forman parte de una misma estrategia de talento. Para Gutiérrez, el futuro educativo tampoco puede construirse exclusivamente desde las instituciones académicas. Requiere coordinación entre gobierno, sector productivo y escuelas, desde preescolar hasta educación superior.
“Entonces, el journey es ¿Qué va a pasar desde preescolar? ¿Qué tipo de experiencias deben de tener en primaria, luego en secundaria?”
En última instancia, Chihuahua enfrenta una competencia que trasciende las fronteras estatales. La capacidad de atraer inversiones dependerá también de contar con personas capaces de ocupar los empleos que esas inversiones generen, pero también de crear nuevas empresas, desarrollar tecnología y construir soluciones desde el propio estado. Por eso, la discusión educativa termina siendo una discusión de competitividad.
“Porque la competencia no es aquí entre pan y morena y el verde y demás. O sea, la competencia es chihuahua contra el mundo.”
El mensaje de fondo es claro: Chihuahua no solamente necesita formar más talento; necesita formar el talento correcto, con anticipación y con una visión que combine tecnología, pensamiento crítico, habilidades humanas y conocimiento del mundo productivo.



