Por Jorge Cruz Camberos
Hace unos días me apareció en Instagram un mapa que parecía increíble. Una enorme tubería salía de Puerto Peñasco, cruzaba Sonora y llegaba hasta Arizona. La idea era desalar agua del Mar de Cortés y llevarla cientos de kilómetros hacia Phoenix. El proyecto original ya fue descartado pero la imagen me dejó pensando.
Porque Chihuahua vive desde hace décadas su propia versión del drama binacional del agua. Sólo que en sentido inverso. Nosotros no estamos buscando cómo traer agua desde Estados Unidos. Somos el estado que aporta, a través del río Conchos, la mayor cantidad de agua para que México cumpla sus compromisos con Estados Unidos bajo el Tratado de Aguas de 1944. Y creo que no hemos dimensionado lo que eso significa.
El río que sostiene buena parte del Tratado
El Tratado de 1944 establece que México debe entregar a Estados Unidos una tercera parte del agua que llega al río Bravo procedente de seis afluentes mexicanos, con un compromiso de aproximadamente 2,158 millones de metros cúbicos cada cinco años. A cambio, México recibe de Estados Unidos 1,850 millones de metros cúbicos anuales del río Colorado.
Es importante decirlo: el Tratado no es un abuso unilateral contra México. Es un acuerdo binacional del cual nuestro país también recibe agua pero cuando vemos quién carga con buena parte de la aportación mexicana aparece Chihuahua.
En el ciclo 2020-2025, el río Conchos aportó 464.9 millones de metros cúbicos, equivalentes al 42.6% del volumen contabilizado de los seis afluentes mexicanos. Estudios técnicos de CONAGUA han utilizado una distribución en la que al Conchos correspondería hasta 54.1% de la aportación. Dependiendo del ciclo y del criterio utilizado, estamos hablando de alrededor de 42% a 54%. Más que cualquier otro de los afluentes mexicanos contemplados en el Tratado.
Eso convierte al agua de Chihuahua en algo mucho más grande que un asunto agrícola. Es un activo estratégico para México. Las reglas cambiaron. La sequía no. En febrero de 2026, México y Estados Unidos alcanzaron un nuevo acuerdo para hacer las entregas más constantes y evitar que los déficits se acumulen hasta el final de cada ciclo de cinco años. Puede tener lógica desde la relación bilateral.
El problema es que nuestra agua no se volvió más abundante porque cambiaron las reglas. La investigación disponible ubica a La Boquilla con alrededor de 887 millones de metros cúbicos almacenados frente a una capacidad cercana a 3,453 millones: aproximadamente 26%. La fecha exacta de corte de esa medición requiere actualización, pero sirve para dimensionar la presión que enfrenta la cuenca. Y aquí empieza la conversación que creo que Chihuahua debería tener. No sobre incumplir el Tratado.
Sobre qué estamos haciendo para poder cumplirlo dentro de 10, 20 o 30 años sin poner en riesgo nuestra propia capacidad productiva.
Volteemos a ver a Nuevo León
Nuevo León vivió una crisis hídrica brutal en 2022. La respuesta no fue solamente política. Construyeron infraestructura. El Acueducto El Cuchillo II incorporó alrededor de 100 kilómetros de tubería y entre 5,000 y 6,000 litros por segundo de capacidad adicional para abastecer la zona metropolitana de Monterrey. No hicieron desaparecer la sequía. Construyeron capacidad para enfrentarla. Ahí está la diferencia que me parece importante.
En Chihuahua llevamos décadas discutiendo el Tratado prácticamente de la misma manera: llega la sequía, bajan las presas, aumenta la presión para cumplir, protestan los productores y volvemos a empezar. Administramos la emergencia pero seguimos sin construir una solución de largo plazo de la misma escala.
No se trata de cobrar por el agua
Tampoco creo que la conversación deba plantearse como “Chihuahua entrega agua, entonces que nos paguen”. Sería demasiado simplista. Chihuahua no negocia tratados internacionales. Esa responsabilidad corresponde al Gobierno Federal. Además, México también recibe agua de Estados Unidos dentro del mismo Tratado pero hay una pregunta perfectamente válida.
Si el río Conchos es estratégico para que México pueda cumplir una obligación internacional, ¿por qué la infraestructura hídrica de la cuenca del Conchos no debería tener también carácter estratégico nacional? Ahí debería estar nuestra negociación con la Federación. Tecnificación de distritos de riego. Modernización y revestimiento de canales. Medición. Recuperación de cuencas. Captación. Infraestructura de almacenamiento. Tecnología. Financiamiento. No como premio por entregar agua.
Como inversión para garantizar que Chihuahua pueda seguir aportando agua sin sacrificar la capacidad productiva de la región que la genera. Ese pequeño mapa viral de Puerto Peñasco me dejó una gran pregunta. Arizona entiende que cuando el agua se vuelve estratégica, también se vuelve estratégica la infraestructura. Nosotros deberíamos entender lo mismo. Después de más de 80 años del Tratado de Aguas de 1944, quizá ya no deberíamos preguntarnos solamente: ¿cuánta agua tiene que entregar Chihuahua?. La pregunta realmente importante es: si Chihuahua es fundamental para la seguridad hídrica binacional, ¿qué estamos construyendo para garantizar nuestra propia seguridad hídrica?.




