Tener derechohabiencia no elimina todos los costos de atenderse
Una enfermedad puede afectar mucho más que la salud de una persona. También puede alterar el presupuesto de una familia, retrasar otros gastos y poner en pausa decisiones que parecían seguras. En Chihuahua, los hogares destinaron en promedio $1,283 pesos trimestrales a cuidados de la salud durante 2024, un aumento de 8.9% frente a 2022, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH).
La cifra adquiere otra dimensión cuando se observa el resto de la economía familiar. El gasto corriente monetario promedio de los hogares chihuahuenses llegó a $46,881 pesos trimestrales en 2024, por lo que la salud representó alrededor de 2.7% de ese gasto.
Chihuahua cuenta con instituciones públicas como el IMSS y el ISSSTE, que forman parte de la red de atención para millones de trabajadores, pensionados y sus familias. Sin embargo, contar con derechohabiencia no significa que desaparezcan todos los gastos relacionados con la salud. Medicamentos, estudios, consultas, tratamientos y otros servicios pueden representar desembolsos adicionales dependiendo de las necesidades de cada familia.
Ahí aparece una conversación que va más allá de la medicina: qué ocurre con la prosperidad de un hogar cuando una enfermedad obliga a utilizar recursos que estaban destinados a otros objetivos.
El gasto médico compite con otras necesidades del hogar
Los recursos de una familia tienen un límite. Cuando una parte mayor del presupuesto se dirige a atender una enfermedad, ese dinero deja de estar disponible para otros propósitos.
La ENIGH permite observar la dimensión de esta distribución. En Chihuahua, los alimentos representaron 33% del gasto corriente monetario de los hogares en 2024; transporte y comunicaciones, 22.5%; vivienda, 11.3%; educación y esparcimiento, 8.9%; y cuidados de la salud, 2.7%.
El porcentaje de salud puede parecer reducido frente a otros rubros, pero su comportamiento es diferente. Comprar alimentos o pagar transporte forma parte del gasto cotidiano y relativamente previsible. Una enfermedad puede introducir un desembolso extraordinario en cuestión de días.
Además, el promedio estatal oculta diferencias importantes entre hogares. En 2024, el ingreso corriente trimestral promedio de los hogares del primer decil en Chihuahua fue de $20,098 pesos, mientras que el del décimo decil alcanzó $263,805 pesos.
Por eso, un mismo gasto médico puede tener consecuencias muy distintas según el ingreso disponible. Para un hogar con mayor capacidad económica puede representar un ajuste temporal; para una familia con recursos limitados, puede significar sacrificar otros gastos esenciales, recurrir a préstamos o posponer una atención.
La discusión sobre salud, entonces, también es una discusión sobre movilidad social. Una familia que logra mantener su salud y controlar sus gastos médicos conserva mayor capacidad para ahorrar, estudiar, invertir en una vivienda o apoyar la educación de sus hijos.
El tejido social puede convertirse en una segunda red de protección
Aquí es donde las asociaciones civiles, fundaciones, empresas y redes de voluntariado pueden desempeñar un papel complementario. Su función no consiste en sustituir al sistema público de salud, sino en atender necesidades específicas que pueden quedar fuera de la cobertura ordinaria o que requieren respuestas más cercanas a las comunidades.
En Chihuahua existe un ecosistema de organizaciones que trabaja en diferentes dimensiones del bienestar: educación, alimentación, inclusión, atención a comunidades vulnerables, becas, salud y desarrollo comunitario. Ese tejido social adquiere especial relevancia cuando una familia enfrenta una situación que puede comprometer simultáneamente su salud y su estabilidad económica.
La lógica puede ser sencilla: una beca evita que un joven abandone sus estudios; un programa de alimentación reduce una presión sobre el presupuesto familiar; una jornada de atención médica acerca servicios a una comunidad; una empresa que impulsa voluntariado especializado aporta capacidades que de otra manera serían difíciles de conseguir.
El valor de estas acciones está precisamente en conectar el apoyo con un resultado concreto. Para una fundación, decir que realizó una campaña es apenas el comienzo. Lo verdaderamente relevante es saber cuántas personas atendió, cuántos tratamientos facilitó, cuántas familias acompañó, qué comunidad alcanzó y qué cambió después de recibir ese apoyo. Esa forma de medir el impacto también puede ayudar a que la filantropía pase de la buena intención a una estrategia de desarrollo social.
Cuidar la salud también es construir prosperidad
El reto para Chihuahua consiste en entender la salud como parte de una agenda más amplia de bienestar económico. Una población saludable puede estudiar, trabajar, cuidar a su familia y participar activamente en la economía. Una familia que consigue enfrentar una enfermedad sin perder su capacidad financiera conserva mayores posibilidades de seguir construyendo patrimonio y oportunidades.
Los datos de la ENIGH muestran que los hogares chihuahuenses ya destinan recursos propios a la atención de la salud y que ese gasto aumentó entre 2022 y 2024. La cifra no permite por sí sola concluir que el sistema público haya fallado ni que todas las familias enfrenten la misma situación; sí permite identificar que la salud forma parte del presupuesto familiar y, por tanto, de las condiciones que determinan su bienestar económico.
Por eso, la oportunidad para empresas, fundaciones y asociaciones civiles está en construir intervenciones cada vez más precisas: apoyar medicamentos para quienes realmente los necesitan, financiar estudios, acercar atención a comunidades alejadas, impulsar prevención, facilitar tratamientos o desarrollar programas que ayuden a las familias a enfrentar momentos de vulnerabilidad.
También existe una oportunidad para quienes quieren participar. Las organizaciones necesitan donantes, voluntarios, especialistas y empresas dispuestas a aportar recursos o capacidades. El primer paso puede ser tan concreto como elegir una causa, conocer sus resultados y decidir qué tipo de apoyo puede generar mayor impacto.
Porque la prosperidad de Chihuahua no se construye únicamente con inversión, empleos o infraestructura. También se construye cuando una familia puede atravesar una enfermedad sin perder el terreno que había ganado. Y ahí el tejido social tiene algo importante que aportar: convertir la solidaridad en una herramienta capaz de proteger oportunidades.




