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El talento que está construyendo prosperidad desde abajo

Una economía que necesita algo más que crecer

América Latina y el Caribe enfrenta un reto que va mucho más allá de las cifras del Producto Interno Bruto. La CEPAL proyecta un crecimiento regional de 2.2% para 2026 y advierte que la región permanece atrapada en una trayectoria de baja capacidad para crecer, marcada por inversión insuficiente, productividad débil y dificultades para generar empleo formal de calidad. Para México, la estimación es todavía más moderada: 1.3% este año y 1.9% en 2027.

El diagnóstico importa para Chihuahua porque obliga a mirar el desarrollo desde otra perspectiva: una economía competitiva no se construye únicamente con inversiones, plantas industriales o nuevos empleos, sino también con personas capaces de aprovechar esas oportunidades y comunidades con condiciones para sostenerlas.

Ahí entra un actor que pocas veces aparece en las estadísticas económicas, pero que puede ser determinante: el tejido de asociaciones civiles, fundaciones, empresas y voluntarios que trabajan en educación, salud, inclusión y desarrollo comunitario.

En Chihuahua ya existen ejemplos concretos de cómo ese tejido puede convertir recursos en oportunidades. Un ejemplo de cómo el tejido social puede convertirse en acciones concretas está en el trabajo de FECHAC durante 2025, la fundación destinó más de 161 millones de pesos para atender necesidades prioritarias en Chihuahua, Aldama y Aquiles Serdán, recursos que permitieron impulsar 179 proyectos de impacto social. La inversión se concentró principalmente en educación, con 91 millones de pesos para reducir el rezago escolar, ampliar oportunidades educativas y prevenir la deserción; mientras que 13 millones se canalizaron a iniciativas de salud y más de 57 millones al fortalecimiento del capital social y de las organizaciones civiles.

Más allá del monto, el dato relevante está en lo que esos recursos buscan provocar en las comunidades: estudiantes con mayores oportunidades para continuar su formación, personas con acceso a programas de prevención y atención en salud, y organizaciones con más capacidad para responder a las necesidades de su entorno. Es ahí donde la inversión social deja de ser únicamente una cifra y comienza a convertirse en infraestructura humana para el desarrollo.

La pregunta, entonces, no es solamente cuánto puede crecer Chihuahua, sino qué tan preparada está su sociedad para convertir ese crecimiento en bienestar y prosperidad compartida.

El talento también se construye desde lo social

La educación, la salud y el desarrollo comunitario pueden parecer asuntos alejados de la productividad, pero están directamente relacionados con ella. Una niña que permanece en la escuela, un joven que obtiene una beca, una familia que recibe atención médica o una comunidad que mejora sus condiciones básicas tiene mayores posibilidades de participar en la economía y aprovechar nuevas oportunidades.

Porque fortalecer el tejido social sí significa atender una necesidad inmediata pero también significa crear capacidades.

Ese mismo vínculo entre talento y oportunidades aparece en Fundación INDEX Chihuahua. En 2024 reportó una inversión social superior a 24.6 millones de pesos y un alcance de más de 45 mil personas mediante proyectos educativos, de salud y desarrollo comunitario. Entre sus acciones estuvieron becas para jóvenes, atención educativa y terapéutica para niñas y niños, programas de prevención de salud y apoyo a organizaciones civiles.

El impacto puede medirse en personas, familias y comunidades, pero también en algo menos visible: las posibilidades que se abren para alguien que antes no las tenía.

Cuando empresas, gobierno y sociedad hacen equipo

El desafío que plantea la CEPAL tampoco se resuelve desde un sólo sector. El organismo señala que superar la baja capacidad de crecimiento requiere combinar políticas de desarrollo productivo con innovación, transformación digital, inversión y generación de empleo formal de calidad. Su diagnóstico también coloca la inclusión social y la articulación entre actores como elementos centrales de una transformación productiva sostenible.

En Chihuahua, las fundaciones y asociaciones civiles pueden funcionar precisamente como ese puente.

FECHAC, por ejemplo, construye sus proyectos a partir de alianzas entre empresariado, organizaciones de la sociedad civil e instituciones públicas. En 2023, sus 589 proyectos estatales abarcaron educación, salud y desarrollo social. En Ciudad Juárez, más de 229 millones de pesos fueron destinados a 157 iniciativas y la inversión permitió impulsar el trabajo de 65 organizaciones civiles e instancias públicas.

Fundación INDEX utiliza un modelo similar. En 2024, además de sus programas institucionales, canalizó recursos hacia proyectos de organizaciones civiles y estableció alianzas con otras fundaciones para financiar iniciativas educativas, de desarrollo de habilidades científicas y de acceso al agua, entre otras.

Este modelo tiene una ventaja: el dinero no llega sólo como una aportación aislada. Se convierte en infraestructura, acompañamiento, capacitación, atención especializada, becas o herramientas para que una organización pueda hacer mejor su trabajo.

El verdadero valor está en multiplicar capacidades.

De beneficiario a protagonista: la oportunidad de participar

Si Chihuahua quiere convertir su dinamismo económico en prosperidad, el talento tendrá que estar en el centro. Y para construir ese talento no basta con esperar a que lleguen las oportunidades: hay que preparar a las personas para aprovecharlas.

Las cifras de las organizaciones sociales muestran que existe una infraestructura de solidaridad capaz de generar resultados concretos. Pero también muestran algo más importante: el desarrollo puede comenzar con una decisión mucho más cercana de lo que parece.

Una empresa puede convertirse en donante o abrir programas de voluntariado. Una persona puede aportar recursos, tiempo o conocimientos. Un joven puede buscar una beca. Una organización puede acercarse a una fundación para presentar un proyecto. Y un ciudadano puede elegir involucrarse en una causa de su comunidad.

La CEPAL advierte que la región necesita elevar su inversión, productividad e inclusión para romper su ciclo de bajo crecimiento. En Chihuahua, una parte de esa respuesta también puede construirse desde abajo: fortaleciendo a quienes educan, atienden, acompañan y abren oportunidades.

Porque el crecimiento económico se mide en porcentajes, pero la prosperidad se reconoce cuando esos porcentajes terminan convirtiéndose en una beca, una escuela mejor equipada, una familia atendida, un joven con empleo o una comunidad con más herramientas para salir adelante.

El siguiente paso no tiene que ser enorme. Puede ser aportar, participar, compartir una causa, ofrecer talento o acercarse a una organización. El tejido social también se construye con las decisiones de cada persona.

LEER MÁS: México también está envejeciendo, el cambio demográfico que llegó más rápido de lo que crees

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