En el mundo empresarial moderno, la ventaja competitiva ya no depende únicamente del capital, la innovación o la eficiencia operativa. Existe un factor silencioso, muchas veces subestimado, que marca la diferencia entre crecer o estancarse: entender la política local.
No se trata de militancia, ideología ni cercanía partidista. Se trata de lectura de contexto, de comprender cómo se toman las decisiones públicas, cuáles son las prioridades reales del gobierno local, qué temas están en la agenda y cuáles no, y cómo esos movimientos impactan directamente en el entorno económico.
Los empresarios que dominan esta lectura no reaccionan tarde: se anticipan. Saben cuándo viene un cambio regulatorio, cuándo un proyecto de infraestructura abrirá oportunidades, o cuándo una reforma afectará costos, permisos o cadenas de suministro. Mientras otros improvisan, ellos ajustan estrategia.
Además, entender la política local permite dialogar con inteligencia. No para buscar privilegios, sino para participar con propuestas, datos y soluciones. Las ciudades y los estados más competitivos suelen tener algo en común: un sector empresarial que entiende cómo funciona el gobierno y sabe interactuar con él de manera profesional y constructiva.
En regiones como Chihuahua, donde el desarrollo económico está estrechamente ligado a decisiones de infraestructura, seguridad, atracción de inversión y política industrial, esta capacidad se vuelve aún más valiosa. El empresario que ignora el entorno político local opera a ciegas; el que lo comprende, opera con mapa.
Al final, los negocios no crecen en el vacío. Crecen en territorios concretos, con reglas, actores y tiempos específicos. Quien entiende ese tablero, siempre juega con ventaja.

















