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Chihuahua ya fabrica el boom de la IA, falta que también lo capture

Por Jorge Cruz Camberos

Un ingeniero de 27 años termina su turno en una planta de Chihuahua. Detrás de él quedan servidores, tarjetas electrónicas y componentes que probablemente terminarán alimentando centros de datos en Texas, Arizona o Virginia. Durante horas los ensambló, los probó y verificó que cada pieza cumpliera especificaciones casi perfectas.

El producto salió de Chihuahua pero probablemente no fue diseñado aquí. La patente tampoco es nuestra. El software no se desarrolló aquí. El chip fue concebido en otro lugar y buena parte de las utilidades más importantes de esa cadena terminarán también fuera del estado. Chihuahua puso las manos. Otros pusieron la mente.

Esa puede ser una de las grandes oportunidades —y también uno de los grandes riesgos— de la nueva economía chihuahuense.

Ya estamos dentro del boom de la inteligencia artificial

Cuando hablamos de inteligencia artificial solemos imaginar ChatGPT, algoritmos o robots pero detrás de cada consulta existe algo mucho más físico: enormes centros de datos llenos de servidores, sistemas de enfriamiento, fuentes de poder, cableado, tarjetas electrónicas y miles de componentes. Y una parte importante de esa infraestructura ya se está fabricando en Chihuahua.

Durante el primer trimestre de 2026, las exportaciones del estado alcanzaron alrededor de 35,986 millones de dólares, un crecimiento extraordinario frente al mismo periodo del año anterior. Chihuahua se convirtió así en el principal estado exportador del país pero el dato más interesante está dentro de esas exportaciones.

Más del 70% corresponde a equipo de computación, comunicación y componentes electrónicos. Es decir: mientras el mundo habla del boom de la inteligencia artificial, Chihuahua ya está fabricando buena parte de la infraestructura que la hace posible. Eso es una enorme ventaja. La pregunta es qué vamos a hacer con ella.

La contradicción

Aquí aparece algo que deberíamos discutir mucho más. Podemos exportar más y, al mismo tiempo, generar menos empleos. Podemos producir productos cada vez más sofisticados y seguir quedándonos con una parte relativamente pequeña del valor que generan. La automatización permite fabricar mucho más con menos personas. Eso es productividad y, en muchos sentidos, es positivo. El problema aparece cuando nuestra única participación en la cadena sigue siendo ensamblar. Porque los mayores márgenes normalmente están en otra parte: en el diseño, en la ingeniería, en el software, en las patentes, en los componentes críticos, en las marcas y en las empresas que desarrollan la tecnología.

Ahí está la verdadera conversación. No necesitamos dejar de fabricar. Necesitamos empezar a hacer mucho más que fabricar.

La siguiente etapa de Chihuahua

Durante treinta años construimos una extraordinaria plataforma manufacturera. Parques industriales. Ingenieros. Técnicos. Logística. Proveedores. Cultura exportadora. Miles de personas aprendieron a producir bajo estándares internacionales. Ese patrimonio industrial vale muchísimo pero ahora podemos utilizarlo como plataforma para subir otro escalón.

La primera generación industrial de Chihuahua atrajo líneas de producción. La segunda debe atraer centros de ingeniería, laboratorios, desarrollo de producto, software industrial y propiedad intelectual. Y también debe producir algo todavía más importante: empresas chihuahuenses capaces de vender tecnología al mundo.

Tres cosas que deberíamos hacer

La primera es conectar mucho más agresivamente a nuestras universidades con las industrias que ya están creciendo. No solamente preguntar cuántos ingenieros necesitamos para operar una planta. Preguntar cuántos necesitamos para diseñar el siguiente producto. La segunda es desarrollar proveedores locales.

Cada nueva planta que llega debería convertirse en una oportunidad para que diez, veinte o cincuenta empresas chihuahuenses puedan venderle ingeniería, automatización, software, mantenimiento, componentes o servicios especializados. La tercera es empezar a medir diferente nuestro éxito económico.

Durante décadas presumimos cuántos millones de dólares llegaron y cuántos empleos generó una planta. Debemos comenzar a preguntar también: ¿Cuánto de esa inversión se queda realmente en Chihuahua?, ¿Cuántos proveedores locales generó?, ¿Cuántos ingenieros contrató?, ¿Cuántas patentes produjo?, ¿Cuántas empresas locales crecieron alrededor de ella?

Ahí empieza la diferencia entre atraer inversión y generar desarrollo.

No estamos empezando desde cero

La buena noticia es que Chihuahua ya tiene algo que muchas regiones quisieran tener. Estamos dentro de una de las cadenas industriales más importantes de la próxima década. No estamos tratando de convencer al mundo de venir a fabricar aquí. El mundo ya está fabricando aquí. Ahora tenemos que aprovechar esa posición para avanzar hacia actividades cada vez más sofisticadas.

Porque el verdadero objetivo no debería ser producir más servidores. Debería ser que algún día una parte creciente de esos servidores sea diseñada por ingenieros chihuahuenses, utilice tecnología desarrollada por empresas chihuahuenses y genere proveedores que nazcan y crezcan aquí. Hace treinta años Chihuahua aprendió a fabricar para el mundo. La siguiente etapa tiene que ser diseñar, programar, patentar y emprender desde Chihuahua. Participar en el boom de la inteligencia artificial es una oportunidad. Capturar su valor es desarrollo.

LEER MÁS: Chihuahua: la formalidad también se defiende

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