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La Sierra produce madera, el verdadero negocio empieza después del árbol

Por Jorge Cruz Camberos

Chihuahua tiene millones de hectáreas de bosque, es uno de los mayores productores de madera del país y posee una de las superficies forestales certificadas más importantes de México.

Y, aun así, en muchas madererías del estado puedes encontrar madera importada de Estados Unidos o incluso de Chile compitiendo contra la que sale de nuestra propia Sierra. Algo no cuadra. El problema no parece estar en el bosque.

Está en todo lo que hacemos —o dejamos de hacer— después de cortar el árbol. Durante décadas hemos pensado la industria forestal de Chihuahua alrededor de una palabra: producción.

¿Cuántos metros cúbicos cortamos?. La siguiente pregunta debería ser mucho más importante: ¿Cuánto valor generamos con cada metro cúbico? Porque no vale lo mismo una troza que una tabla. Ni una tabla verde que una madera seca, cepillada y clasificada. Y mucho menos una tabla que una puerta, una cocina integral, un gabinete, un tablero MDF o una viga laminada utilizada en un edificio en Texas.

Ahí está una de las grandes oportunidades de desarrollo regional que tenemos enfrente. El bosque está aquí. El valor se va después. Chihuahua produjo alrededor de 1.6 millones de metros cúbicos rollo en 2018, cerca de una quinta parte de la producción forestal nacional de ese año.

En 2026, el volumen autorizado ronda los 2.3 millones de metros cúbicos, aunque los retrasos en permisos han afectado nuevamente la temporada productiva.

Además, Chihuahua destaca por la superficie forestal certificada. Es decir: tenemos bosque, experiencia productiva, comunidades forestales y materia prima pero la mayor parte de la industria continúa concentrándose en los primeros escalones de la cadena. Aserrío. Tabla.
Escuadría. Y ahí dejamos buena parte del valor sobre la mesa.

La imagen es bastante sencilla. Un metro cúbico de madera sale de Guachochi, Madera, Bocoyna o Guadalupe y Calvo. Puede venderse como materia prima. O puede seguir avanzando: troza → tabla → madera seca → moldura → componente → tablero → mueble → gabinete → construcción industrializada.

Cada flecha significa más tecnología pero también más empleos, más salarios y más valor quedándose en Chihuahua.

Ya demostramos que sí se puede

No estamos hablando de una fantasía industrial. Duraplay, en Parral, es probablemente el mejor ejemplo. Su planta de MDF tiene una capacidad cercana a 200 mil metros cúbicos anuales y convierte residuos, limpias y material forestal de menor diámetro en tableros que después terminan formando parte de muebles y otros productos. En 2024 además adquirió una planta de aglomerado en Chihuahua.

Es exactamente el principio que deberíamos buscar: usar mejor el árbol completo. Y eso es importante también desde el punto de vista ambiental. El desarrollo forestal sustentable no significa dejar de aprovechar el bosque. Significa aprovecharlo bien, regenerarlo y generar suficiente valor económico para que conservarlo tenga sentido para quienes viven de él.

El mercado está del otro lado de la frontera

Aquí aparece otra contradicción. Chihuahua tiene una de las cadenas forestales más importantes de México. Y a unas horas de distancia tenemos Texas, uno de los mercados de construcción y mobiliario más grandes de Norteamérica.

Sin embargo, la conexión entre ambos todavía es pequeña. Estados Unidos compra miles de millones de dólares en muebles, gabinetes, carpintería arquitectónica y productos de madera. México ya participa en ese mercado. La oportunidad para Chihuahua no está necesariamente en competir enviando más tabla. Está en vender productos que incorporen diseño, ingeniería, manufactura y certificación.

Gabinetes.
Componentes para muebles.
Madera laminada.
Paneles.
Puertas.
Molduras.
Sistemas constructivos.

Incluso eventualmente productos de mass timber, como glulam o CLT. La ventaja de Chihuahua frente a productores asiáticos no siempre será el precio. Puede ser otra combinación: proximidad + tiempos de entrega + certificación + trazabilidad + capacidad industrial pero antes tenemos que modernizar el aserradero

Aquí está el punto incómodo. Parte de la madera extranjera que entra a Chihuahua no necesariamente es mejor madera. Simplemente llega mejor procesada.

Seca.
Cepillada.
Clasificada.
Empacada.
Lista para utilizar.

Mientras algunos productores locales siguen trabajando con maquinaria antigua y poco acceso a tecnología. Por eso modernizar los aserraderos de la Sierra probablemente tendría un impacto económico mucho mayor que simplemente aumentar el volumen aprovechado.

Secadores.
CNC.
Clasificación estructural.
Cepillado.
Optimización de cortes.
Sistemas de trazabilidad.

Y algo todavía más importante: compartir infraestructura. Si varios ejidos pudieron asociarse para obtener certificaciones forestales, también podrían hacerlo para operar un secador, una línea de molduras o un centro de transformación.

No todos necesitan tener su propia planta pero sí necesitan acceso a tecnología. Parral podría convertirse en el centro industrial de la madera La cadena ya empieza a dibujarse. La Sierra produce. Parral transforma parcialmente. Chihuahua tiene industria y mercado. Juárez conecta con Estados Unidos. Lo que falta es organizarlo.

Parral podría convertirse en un verdadero clúster de segunda transformación forestal, alrededor de los productores, los aserraderos existentes y empresas como Duraplay. Juárez podría desarrollar proveedores de muebles, cocinas, gabinetes y componentes dirigidos al mercado estadounidense.

Y las universidades, junto con CENALTEC, podrían formar técnicos especializados en transformación de madera, CNC, clasificación estructural y procesos industriales.

Incluso hay una pregunta que vale la pena investigar seriamente: ¿podría la metalmecánica de Cuauhtémoc fabricar parte de la maquinaria que necesitan nuestros propios aserraderos? Ahí empiezan los ecosistemas industriales.

Conservar el bosque también requiere que el bosque genere riqueza

La discusión ambiental y la económica suelen plantearse como si fueran enemigas. No deberían serlo. La Sierra Tarahumara enfrenta algunos de los mayores rezagos sociales de Chihuahua. También enfrenta tala ilegal, inseguridad y economías criminales. Un bosque manejado de manera sustentable que genera empleos formales y buenos ingresos para ejidos y comunidades puede convertirse en parte de la solución.

La mejor política forestal no es cortar más. Es lograr que cada árbol aprovechado legalmente genere más valor para quienes viven alrededor del bosque. Porque quizá hemos estado haciendo la pregunta equivocada. Durante años preguntamos cuánto bosque tiene Chihuahua. Ahora deberíamos preguntar algo mucho más importante: ¿cuánto Chihuahua podemos construir después del árbol?

LEER MÁS: Chihuahua cayó al lugar 15, ¿qué nos pasó?

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