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CIMA fortalece su modelo de prevención ante nuevos retos empresariales

Desde 2023, CIMA operó un modelo de integridad y anticorrupción que incorporó más de 20 protocolos para identificar, prevenir y atender riesgos legales y penales vinculados con su actividad. El esquema alcanzó a más de 1,000 colaboradores mediante capacitación anual y ahora avanzó hacia una segunda etapa enfocada en materia comercial y de comercio exterior.

Para una empresa con distintos giros de negocio y operaciones en diferentes estados del país, el cumplimiento normativo adquirió una dimensión estratégica. La diversidad de actividades, relaciones comerciales y responsabilidades incrementó los escenarios en los que una omisión o una conducta inadecuada podía generar consecuencias jurídicas, financieras u operativas.

Ante este escenario, CIMA desarrolló una política de integridad y anticorrupción que buscó trasladar la prevención del ámbito documental a la operación cotidiana. El objetivo fue establecer procedimientos claros para que los colaboradores identificaran riesgos y conocieran cómo actuar frente a situaciones que pudieran comprometer a la organización.

Más de 20 protocolos llevaron la prevención a la operación

El modelo de CIMA se estructuró alrededor de más de 20 protocolos que abarcaron distintos riesgos relacionados con la actividad empresarial. El esquema contempló temas vinculados con capital humano, seguridad laboral, corrupción, fraude y posibles incumplimientos en materias fiscal, ambiental y de comercio exterior.

La política también estableció cinco ejes de capacitación para el personal: protección de los derechos laborales, respeto a los derechos humanos, cumplimiento de la normatividad aplicable a las empresas, salud y seguridad de los colaboradores y búsqueda de soluciones legítimas ante desafíos internos.

Con este enfoque, el cumplimiento dejó de plantearse únicamente como una respuesta ante posibles contingencias legales y se incorporó como una herramienta para ordenar procesos y establecer criterios de actuación.

La relevancia de este tipo de mecanismos aumentó conforme las compañías ampliaron sus operaciones y relaciones con clientes, proveedores y socios comerciales. En ese contexto, contar con procedimientos previamente definidos permitió reducir espacios de incertidumbre y ofrecer mayor certeza sobre la manera de responder ante determinadas situaciones.

Capacitación alcanzó a más de 1,000 colaboradores

Uno de los componentes centrales del modelo fue el diplomado de cumplimiento, cuyo alcance llegó a más de 1,000 colaboradores. La capacitación se impartió al menos una vez al año y sus contenidos se adaptaron a las responsabilidades de las distintas áreas de la empresa.

La lógica detrás del programa fue que un protocolo únicamente podía funcionar cuando las personas encargadas de aplicarlo conocían su contenido y tenían claridad sobre los procedimientos correspondientes a sus funciones.

De esta manera, la capacitación buscó convertir las políticas internas en herramientas prácticas para la toma de decisiones. El personal recibió elementos para reconocer posibles riesgos, conocer los mecanismos disponibles y actuar conforme a los procedimientos establecidos.

A este esquema se sumó la Línea Ética, un canal confidencial destinado a recibir reportes sobre posibles irregularidades y canalizarlos mediante los mecanismos internos definidos por la organización.

“Un programa de cumplimiento no sirve si vive en un manual. Su verdadero valor está en que las personas sepan cómo actuar ante una situación, conozcan los mecanismos disponibles y tengan la confianza para utilizarlos”, señaló Teodoro Octavio Martínez Ruiz, director general de CIMA.

Integridad también buscó dar certeza al negocio

Además de atender riesgos legales, el modelo de cumplimiento comenzó a incidir en la manera en que CIMA organizó sus procesos y estableció relaciones con clientes, proveedores y socios comerciales.

La aplicación de protocolos permitió generar mayor claridad interna sobre las responsabilidades de cada área y establecer mecanismos para atender posibles situaciones de riesgo antes de que evolucionaran hacia problemas de mayor impacto.

Esta perspectiva adquirió particular importancia para empresas que mantenían relaciones con múltiples actores y que debían responder a diferentes obligaciones regulatorias. En estos escenarios, la prevención permitió acompañar las decisiones operativas con criterios jurídicos y procedimientos previamente definidos.

El cumplimiento, por tanto, pasó a formar parte de una visión más amplia de gestión empresarial. La intención fue que la integridad no permaneciera como una política aislada, sino que se reflejara en las decisiones y procesos que sostenían la operación diaria.

CIMA preparó una segunda etapa hacia comercio exterior

Como siguiente paso, CIMA trabajó en una segunda fase de su programa para desarrollar protocolos específicos en materia comercial y de comercio exterior. La ampliación respondió a la necesidad de mantener actualizado el modelo frente a las exigencias regulatorias asociadas con la evolución de sus operaciones.

Esta etapa llevó el alcance del programa hacia áreas directamente relacionadas con las relaciones comerciales de la compañía, donde el cumplimiento podía involucrar nuevos procedimientos, responsabilidades y riesgos.

Con ello, CIMA avanzó hacia un modelo que buscó integrar la prevención en diferentes niveles de la organización: desde la capacitación del personal y los mecanismos de denuncia hasta los protocolos que acompañaron las actividades comerciales y de comercio exterior.

El reto consistió en mantener esa cultura preventiva conforme la empresa evolucionó. Más que acumular procedimientos, el modelo planteó la necesidad de que protocolos, capacitación y mecanismos internos funcionaran de manera articulada y acompañaran la toma de decisiones.

Para CIMA, esta evolución representó el paso de un esquema enfocado en atender obligaciones de cumplimiento hacia una cultura preventiva incorporada a la operación. La meta fue que la integridad formara parte de la manera cotidiana de hacer negocios y se convirtiera en un elemento capaz de acompañar el crecimiento de la compañía.

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