Una startup nacida desde Chihuahua busca cambiar la forma en que las personas se relacionan con la robótica mediante inteligencia artificial, sensores e interfaces neuromusculares. Su apuesta: que las máquinas aprendan del ser humano y no al revés.
¿Qué pasaría si una prótesis no necesitara que su usuario aprendiera a controlar una máquina, sino que fuera la propia máquina la que aprendiera a interpretar a la persona?
Esa pregunta está detrás de BioGrip, el proyecto encabezado por Alan Hernández y su equipo, que desarrolla tecnología para traducir las intenciones de movimiento del cuerpo humano en instrucciones que pueden utilizar sistemas robóticos.
La propuesta combina inteligencia artificial, robótica y señales neuromusculares para crear una conexión más natural entre las personas y las máquinas. Sus posibles aplicaciones van desde prótesis avanzadas y rehabilitación hasta exoesqueletos, robótica industrial y entrenamiento de sistemas humanoides.
La idea puede sonar futurista, pero para el equipo de BioGrip representa una evolución necesaria: llevar la tecnología que ya existe en otros campos hacia soluciones capaces de recuperar movilidad, independencia y capacidades humanas.
El problema que dio origen a BioGrip
BioGrip comenzó con una pregunta sencilla, pero difícil de ignorar: ¿por qué la tecnología avanza tan rápido en algunos sectores mientras las soluciones para recuperar movilidad no lo hacen al mismo ritmo?
De acuerdo con Alan Hernández, el origen del proyecto está estrechamente relacionado con la experiencia de su socio y cofundador, Israel González, quien durante su recuperación de la enfermedad de Lyme comenzó a perder funcionalidad en manos y piernas.
Aquella experiencia puso sobre la mesa una realidad: muchas de las tecnologías utilizadas para rehabilitación y prótesis todavía requieren que la persona se adapte al dispositivo.
Para el equipo, el reto debía plantearse de otra manera.
En lugar de pedirle al usuario que aprendiera a controlar una máquina, BioGrip comenzó a trabajar en una tecnología capaz de interpretar las señales del propio cuerpo y convertirlas en instrucciones para un sistema robótico.
“Estamos haciendo que las máquinas aprendan de los humanos y no al revés”, explica Alan.
Esa frase resume buena parte de la visión detrás del proyecto: utilizar la inteligencia artificial para comprender mejor al cuerpo humano y convertir esa información en una herramienta tecnológica.
La propuesta no se limita a construir una prótesis más sofisticada. Busca cambiar la interfaz entre la persona y el dispositivo.
De una intención de movimiento a una acción robótica
La tecnología desarrollada por BioGrip busca funcionar como un puente entre el sistema neuromuscular y una máquina.
En términos simples, una persona piensa o intenta realizar un movimiento; el sistema identifica las señales asociadas con esa intención y, mediante inteligencia artificial, las traduce en instrucciones que puede ejecutar un dispositivo robótico.
Ese principio abre diferentes posibilidades.
Una de ellas son las prótesis biónicas, pero también existen aplicaciones potenciales en rehabilitación, exoesqueletos, robótica asistiva e incluso sistemas humanoides para aplicaciones industriales.
El concepto es importante porque cambia la lógica tradicional de interacción.
Actualmente, muchas interfaces requieren que el usuario aprenda determinados comandos, movimientos o mecanismos para conseguir que una máquina responda.
BioGrip busca recorrer el camino contrario: que la tecnología se adapte progresivamente a la persona.
La empresa ha evolucionado desde su enfoque inicial en prótesis hacia una plataforma más amplia de interacción humano-máquina, actualmente vinculada con Synaptic Pulse, su propuesta de interfaz neuromuscular.
La apuesta empresarial está precisamente en esa capacidad de ampliar el mercado: una misma tecnología puede convertirse en una capa de conexión para distintos dispositivos robóticos.
Para una startup tecnológica, eso significa pensar más allá de un solo producto y construir una plataforma capaz de tener diferentes aplicaciones.
De Chihuahua a los escenarios internacionales
El desarrollo de una tecnología de esta naturaleza no solamente implica resolver un problema técnico. También significa conseguir recursos, encontrar aliados, validar el producto y aprender a competir en mercados donde existen empresas de todo el mundo.
BioGrip ha recorrido ese camino desde Chihuahua.
En 2022 obtuvo el primer lugar del INC Accelerator de INCmty y posteriormente recibió reconocimiento en la Entrepreneurship World Cup, en Arabia Saudita. En 2024, el proyecto fue seleccionado para participar en el programa de aceleración de Techstars Boston, donde tuvo acceso a mentoría, herramientas y una red internacional de inversionistas y emprendedores.
El Tecnológico de Monterrey reportó que BioGrip fue la única startup latinoamericana seleccionada en aquella generación del programa de Boston.
La trayectoria continuó en 2025.
BioGrip, encabezada por Alan Hernández Ventura, ganó la Final Regional México de Startup World Cup celebrada en Chihuahua y obtuvo el pase para representar a México en la final internacional en San Francisco.
El resultado también colocó nuevamente a una empresa nacida desde Chihuahua en una conversación internacional sobre innovación y emprendimiento tecnológico.
Pero detrás de los reconocimientos existe otra parte de la historia que Alan considera todavía más importante: las veces que el proyecto estuvo cerca de detenerse.
En 2022, mientras participaban en una competencia internacional en Arabia Saudita, el equipo atravesaba una etapa de recursos limitados. Necesitaban trasladar a uno de sus primeros usuarios, José Luis, desde Playa del Carmen hasta Ciudad de México para realizar una prueba, pero no tenían dinero para pagar el vuelo.
José Luis decidió comprarlo por su cuenta.
Y les pidió solamente una cosa: que no dejaran de hacer el proyecto.
Para Alan, aquel momento terminó convirtiéndose en una de las razones más poderosas para continuar. Según recuerda, su usuario les hizo ver que la tecnología que estaban desarrollando no representaba solamente innovación: también podía significar esperanza para alguien que buscaba recuperar parte de su movilidad.
El siguiente paso: una nueva relación entre humanos y máquinas
La visión de BioGrip no termina en una prótesis.
El proyecto apunta hacia un escenario donde las interfaces neuromusculares puedan convertirse en una herramienta para conectar directamente las capacidades humanas con diferentes sistemas robóticos.
Eso incluye rehabilitación, dispositivos de asistencia, exoesqueletos y aplicaciones industriales.
La visión de Alan va incluso más lejos.
Imagina que en el futuro puedan existir dispositivos biónicos capaces de integrarse de una manera mucho más natural al cuerpo humano, hasta llegar a una experiencia en la que la frontera entre tecnología y organismo sea cada vez menos evidente.
Para él, ese futuro podría llegar antes de lo que muchas personas imaginan.
La historia también tiene una dimensión personal.
Cuando Alan tenía 13 años, a su mamá le detectaron un tumor cerebral. Aquella experiencia marcó su relación con la tecnología y con la salud. Con el tiempo, sus estudios, proyectos y esfuerzos profesionales comenzaron a orientarse hacia una misma idea: desarrollar tecnología que no exista solamente para demostrar que puede hacerse, sino que tenga un impacto real en la vida de las personas.
Ahí es donde las dos historias de los fundadores se encuentran.
Por un lado, la experiencia de Israel mostró una necesidad concreta relacionada con la movilidad. Por otro, la historia personal de Alan fortaleció una vocación por utilizar la tecnología para resolver problemas humanos.
BioGrip nació de esa coincidencia.
Y hoy la empresa está intentando llevarla a un terreno mucho más grande: construir una nueva forma de comunicación entre el cuerpo humano y las máquinas.
El reto ya no es solamente crear una prótesis que se mueva.
Es conseguir que una máquina pueda entender la intención de una persona.
Porque quizá la siguiente generación de robots no se construya únicamente para trabajar junto a los humanos.
Quizá también aprenda directamente de ellos.
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