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Entre montañas: así se está escribiendo la nueva historia del vino

En el corazón del estado, a sólo 30 minutos de la ciudad de Chihuahua, se encuentra el viñedo de Molino Don Tomás, ubicado en el valle de Santa Isabel. Rodeado de montañas y acompañado por un río que corre de manera constante, este rincón vitivinícola se levanta a 1,650 metros sobre el nivel del mar, una altura que marca la diferencia en cada copa.

Irwin Cadena, enólogo de la casa, lo resume desde su perspectiva técnica: el terruño chihuahuense ofrece condiciones excepcionales que aportan tipicidad a las variedades, vinos aromáticos, expresivos y equilibrados. El entorno natural no solo influye en la maduración de la uva, también imprime carácter y personalidad a cada etiqueta.

12 etiquetas que reflejan diversidad y carácter

Molino Don Tomás cuenta con 12 etiquetas que abarcan vinos blancos, tintos, naranjas, rosados y espumosos. Esta diversidad no es casualidad, sino el resultado de un trabajo enológico cuidadoso que comienza desde la decisión más importante: el momento exacto de la cosecha.

La amplitud térmica del estado favorece pieles más gruesas en la uva, lo que se traduce en mayor color y concentración. Esto permite elaborar vinos con estructura definida, intensidad aromática y un perfil que sorprende tanto a nuevos consumidores como a paladares experimentados.

Innovación frente al clima extremo

Chihuahua es un estado de contrastes y su clima puede ser extremo. Sin embargo, lejos de representar una desventaja, se ha convertido en un aliado estratégico.

En Molino Don Tomás aplican técnicas como maceraciones en frío, maceración carbónica y fermentaciones mixtas, incluso combinando diferentes variedades al momento de fermentar. Estas prácticas permiten potenciar aromas, textura y complejidad, adaptándose a las condiciones climáticas para mantener estándares de alta calidad.

La innovación, sumada a la experiencia técnica, ha sido clave para posicionar al vino chihuahuense en un nivel competitivo.

El boom del vino en Chihuahua

El crecimiento de la industria vitivinícola en el estado es evidente. Cada vez más inversionistas voltean a ver el potencial de la región, impulsados por el turismo enológico y por el reconocimiento internacional que ha ganado Chihuahua en los últimos años, incluyendo la realización del prestigioso Concours Mondial de Bruxelles en territorio estatal.

Para los productores, este tipo de eventos funcionan como una catapulta que fortalece la credibilidad del vino local y abre puertas a nuevos mercados. Pero más allá de los premios, el verdadero impulso viene del consumidor que apuesta por lo hecho en casa.

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Nuevos consumidores, nuevos perfiles

En un estado emergente en la cultura del vino, los estilos dulces y semidulces suelen ser la puerta de entrada. Sin embargo, el mercado está evolucionando. Hoy conviven quienes apenas comienzan a explorar este mundo y quienes buscan vinos más robustos, estructurados e intensos.

Este crecimiento en la cultura del vino representa una oportunidad: educar el paladar, diversificar la oferta y fortalecer la identidad vinícola de Chihuahua.

Trabajo en equipo: la clave de un gran vino

Detrás de cada botella existe una coordinación esencial entre viticultor y enólogo. La decisión de cuándo cosechar, cómo vinificar y qué perfil buscar requiere diálogo y visión compartida. Como señala Irwing Cadena, el vino se construye desde la base: la tierra, la uva y el trabajo conjunto.

Chihuahua, tierra de vino

El mensaje es claro: Chihuahua está creciendo en el mundo del vino y el momento de sumarse es ahora. Con un terruño privilegiado, técnicas innovadoras y una comunidad cada vez más involucrada, el estado se consolida como una nueva región vitivinícola que merece ser descubierta.

Consumir vino de Chihuahua no es únicamente una elección gastronómica; es apostar por el talento local, por el desarrollo regional y por el carácter único que solo esta tierra puede ofrecer en cada copa.