spot_img
spot_img

La gobernanza del emprendimiento: construir instituciones que trasciendan los gobiernos

Por José Jesús Jordán Orozco

El pasado 22 de julio se autorizó en cabildo, liderado por el alcalde Marco Bonilla en la ciudad de Chihuahua, la creación bajo reglamentos municipales de la Red Emprende de Chihuahua Capital después de 20 años de iniciar por primera vez. Esto es un paso importante para dar seguridad a un ecosistema que se ha ido construyendo con el tiempo y que significa uno de los pilares del crecimiento económico en Chihuahua. La iniciativa fue presentada y autorizada en pleno del Cabildo de Chihuahua Capital, en conjunto por las regidoras Guadalupe Aragón y Isela Martínez, la Dirección de Desarrollo Económico y Competitividad, y el dirigente de la Red, Ricardo Bustos.

Chihuahua Capital tiene hoy el segundo ecosistema de emprendimiento más articulado de México. No el más grande, no el más financiado: el más articulado. El Global Startup Ecosystem Index 2026 de StartupBlink la posiciona como la sexta ciudad mexicana en su ranking, y la única entre las ciudades del norte del país que registra crecimiento positivo este año: 34%, mientras Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey disminuyen y retroceden posiciones. El diagnóstico ANDE 2026 confirma el mismo patrón: segundo lugar nacional entre diez ecosistemas evaluados, con el indicador de mentoría más alto del país. Lo que sostiene ese posicionamiento es un ecosistema articulado llamado Red Emprende: 90 organizaciones, una Ruta del Emprendimiento que conecta servicios desde la idea hasta la aceleración, y una coordinación entre gobierno estatal, gobierno municipal, academia y sector privado que el propio diagnóstico ANDE identifica como la variable diferencial de Chihuahua frente a otras ciudades con mayor volumen industrial pero menor articulación.

Todos estos avances, sostenidos por esa coordinación cercana y accionable, corren un riesgo que se alinea con la respuesta a una pregunta que pocas administraciones se hacen: ¿qué pasa con esto cuando nosotros ya no estemos? En México, la respuesta más frecuente es que el programa desaparece. El costo no es solo presupuestario: la confianza que se pierde, el conocimiento que se va con los funcionarios, el capital social que tarda años en construirse y puede deshacerse en semanas. Hay ecosistemas que llevan décadas en ese ciclo. Cuando los actores privados aprenden que el gobierno vuelve a empezar de cero con cada cambio, dejan de apostar.

La Red Emprende Chihuahua Capital ya lo vivió, lo vivimos: hubo un primer intento en 2007 que desapareció con el siguiente cambio de gobierno. Lo que se reconstruyó en 2017 lleva casi una década de trabajo acumulado.

El ecosistema Chihuahua

Para entender por qué Chihuahua sube en los rankings mientras el resto del país baja, hay que entender primero cómo está organizado su ecosistema. Lo que lo distingue es que no funciona como una colección de programas aislados, sino como una arquitectura de actores que llevan años coordinándose con una hoja de ruta compartida.

Esa arquitectura de origen es la Red Emprende Chihuahua Capital: 90 organizaciones que incluyen universidades públicas y privadas, cámaras empresariales, incubadoras, fondos de inversión, organismos de gobierno y emprendedores. Todas ellas se reúnen con regularidad, comparten metodologías y conectan servicios a través de lo que llaman la Ruta del Emprendimiento, un sistema que acompaña al emprendedor desde que tiene una idea hasta que su empresa puede contribuir al ecosistema. Cada etapa tiene actores responsables. Cada actor sabe qué le toca hacer y a quién pasar el relevo.

Lo que hace que eso funcione no es la tecnología ni el presupuesto. Es la cultura y el liderazgo. Años de encuentros regulares, de mentores que comparten metodologías, de organizaciones que aprendieron a coordinarse sin competir, fueron construyendo algo que los diagnósticos pueden medir pero no crear: la disposición de actores con intereses distintos a trabajar juntos con un objetivo común. Esa cultura es el activo más difícil de construir de un ecosistema emprendedor, y el más fácil de perder.

¿Qué muestran los datos sobre los ecosistemas?

El Global Startup Ecosystem Index 2026 de StartupBlink ubica a México en el lugar 47 del ranking mundial, cuatro posiciones más abajo que el año anterior, con un crecimiento negativo de −2.9%. Es la continuación de una tendencia que lleva cuatro años: en 2022, México estaba en el lugar 35. En cuatro años, cayó doce posiciones. En términos latinoamericanos, el país bajó al quinto lugar, superado ahora por Brasil, Colombia, Chile y Argentina.

A nivel de ciudades el retroceso es más pronunciado. Ciudad de México bajó cinco lugares al puesto 63 global con −5.3%. Guadalajara cayó 49 lugares al puesto 269 con −10.4%. Monterrey perdió 15 posiciones y quedó en el lugar 198. Puebla cayó 75. La contracción toca a casi todos los ecosistemas del país, incluyendo los más grandes.

Dentro de ese contexto, Chihuahua hace algo distinto: 34% de crecimiento, la sexta ciudad mexicana en el ranking y la única entre las ciudades del norte del país con crecimiento positivo este año.

Pero el dato más revelador del reporte no es el lugar de Chihuahua en el ranking. Es lo que StartupBlink dice sobre por qué está ahí. El índice identifica como “Notable Startup Ecosystem Builders de México” a dos organizaciones chihuahuenses: Startup Chihuahua y el propio Municipio de Chihuahua.

Startup Chihuahua es la organización que el reporte describe como nacida del programa MIT REAP para coordinar startups, capital y acceso transfronterizo al mercado estadounidense.

El Municipio de Chihuahua, a través de la Dirección de Desarrollo Económico y Competitividad, también es mencionado en el ranking, siendo reconocido como ese habilitador clave del ecosistema: por financiar programas de etapa temprana, co-organizar eventos del ecosistema y habilitar infraestructura público-privada para startups. No es común que un gobierno municipal aparezca por nombre en un índice de este tipo. Lo que StartupBlink está reconociendo no es la existencia de programas de apoyo —casi todas las ciudades los tienen— sino algo más específico: un gobierno que opera con lógica de habilitador, que apuesta presupuesto real en etapas donde el riesgo es alto y los retornos son inciertos, y que lo hace de forma coordinada con los demás actores del ecosistema sin intentar llevarse el protagonismo.

Que en un reporte que analiza más de 1,000 ciudades en 100 países, una ciudad de un millón de habitantes aparezca dos veces —por su organización de ecosistema y por su gobierno municipal— no es cortesía. Es el reconocimiento de que hay una arquitectura institucional funcionando, y que esa arquitectura produce resultados visibles.

Si StartupBlink dice que Chihuahua sube, ANDE dice por qué sube, y también qué le falta para no detenerse.

Con 53 puntos sobre 100, Chihuahua Capital se ubica en el segundo lugar entre las diez ciudades evaluadas, solo detrás de Guadalajara con 65 puntos. La comparación que importa no es con Guadalajara. Es con Ciudad Juárez, que con 330 plantas maquiladoras y 320,000 empleos industriales directos, y presencia de Foxconn, Bosch y Honeywell, obtiene apenas 39 puntos y se clasifica como Emergente. La diferencia entre Chihuahua y Juárez no es industrial. Es institucional.

El diagnóstico identifica como la principal fortaleza diferencial de Chihuahua dentro del grupo de ciudades En Desarrollo precisamente “la densidad de su articulación institucional”.

Los números de Capital Humano y Mercados confirman el peso de la manufactura de exportación. 4,800 graduados STEM anuales de cuatro universidades —Tec de Monterrey, UACH, UTCH y URN—, 12,000 profesionales tech identificados en LinkedIn, y 67 mentores formalizados con el score de mentoría más alto de todo el estudio nacional: 85 sobre 100. Las startups activas operan predominantemente en modelo B2B, alineadas a tres verticales con ventaja regional: industria 4.0, agtech y tecnología climática. Los ocho corporativos con presencia local son de manufactura avanzada, lo que genera demanda de innovación en hardware, IoT y optimización de procesos.

Pero los dominios de Financiamiento (43) y Cultura (43) revelan los límites de lo que la iniciativa individual puede lograr sin estructura institucional permanente. Solo dos fondos de capital de riesgo tienen presencia local.

La Red Emprende Chihuahua Capital: veinte años de aprendizaje

La Red Emprende Chihuahua Capital no nació en 2017. Tuvimos un primer intento en 2004. Desapareció con el siguiente cambio de gobierno. Esa historia importa porque demuestra que el problema de la continuidad no es teórico. Ya ocurrió. El ecosistema ya pagó ese precio. Lo que se reconstruyó en 2017 tiene esa memoria institucional como parte de su fundamento.

Cuando la administración municipal encabezada por Maru Campos relanzó la Red trece años después, lo hizo con una lección aprendida: una red que depende del entusiasmo de una sola administración no es una red, es un programa. Para que sobreviviera, tenía que dejar de ser propiedad del gobierno y convertirse en una estructura con vida propia, donde la continuidad dependiera del compromiso de los actores, no de la agenda del funcionario de turno.

Casi una década después, eso es exactamente lo que ocurrió. Y los datos lo confirman.

La Red tiene una misión concreta: conectar a emprendedores y empresas de Chihuahua con los recursos, la asesoría y las oportunidades que necesitan para crecer. Su visión es ser reconocida en la conversación nacional como un instrumento efectivo de vinculación basado en datos, que genera casos de éxito en todas las vocaciones del ecosistema. El reconocimiento de StartupBlink 2026 confirma que esa conversación ya existe. La pregunta es cómo se sostiene cuando cambien las personas que hoy la animan.

Lo que está detrás de esa misión y esa visión no son frases de folleto. Son años de trabajo para que organizaciones con intereses distintos —universidades públicas y privadas, cámaras empresariales, gobierno estatal, gobierno municipal, incubadoras, fondos de inversión, emprendedores— encuentren una razón compartida para seguir sentadas en la misma mesa. Ese es el trabajo invisible que ningún decreto puede sustituir.

La Red funciona sobre cinco valores que son reglas operativas, no declaraciones de principios. El primero es la colaboración: ningún actor puede desarrollar un ecosistema solo. Una universidad forma ingenieros pero no los financia. Un fondo invierte pero no los forma. Una cámara los conecta pero no los incuba. La Red existe porque esas piezas separadas valen menos que juntas.

El segundo es la inclusividad. En un ecosistema que históricamente ha girado alrededor del empresariado de manufactura, eso significa abrir espacio a emprendedores de primera generación, sectores no tradicionales, perfiles que no vienen de las universidades privadas.

El tercero es la disposición a cambiar cuando algo no funciona. Medir resultados, no solo actividades. Modificar el enfoque cuando los datos lo indican.

El cuarto es el impacto real. No eventos y convocatorias, sino empresas que creen empleos formales. El diagnóstico ANDE señala que las MiPyMEs mexicanas generan el 72% del empleo del país. En Chihuahua, donde la manufactura de exportación concentra empleo pero con alta volatilidad frente a los ciclos globales, el emprendimiento de base tecnológica es la diversificación que el ecosistema necesita.

El quinto es la rendición de cuentas. Cuando los actores saben a qué se comprometieron y pueden exigir resultados, la coordinación no depende de la buena fe de nadie. Depende de las reglas.

La estructura operativa se organiza alrededor de la Ruta del Emprendimiento: un sistema que clasifica y conecta servicios desde la etapa de inspiración hasta la consolidación y la contribución al ecosistema. Su función es evitar que cada actor opere su propio programa como isla, sin conexión con los demás.

El diagnóstico ANDE cuantifica lo que eso significa en la práctica: cinco incubadoras activas —INCUBECH (del gobierno municipal), IncubaUACH, Nova Orion, La Salle y UTCH— que cubren las etapas tempranas. Seis espacios de coworking que proveen infraestructura física básica. La red de 67 mentores formalizados que combina experiencia del empresariado tradicional con perfiles de la industria tech, con metodologías compartidas y puntos de contacto regulares a través de espacios como las Noches de la Red.

Detrás de la Red hay una decisión que pocas veces se nombra: el gobierno municipal como habilitador, no como operador. Un gobierno que opera el ecosistema lo vuelve dependiente de sí mismo. Uno que apoya subsidiariamente y equilibra le da autonomía sin abandonarlo.

El Municipio de Chihuahua ha ejercido ese rol con resultados documentados. La Escuela de Negocios Competitivos y Economía Solidaria (ENCES), creada en 2021 bajo la visión del alcalde Marco Bonilla, ha subsidiado el acceso de emprendedores y empresas a capacitación que de otra forma quedaría fuera de su alcance: diplomados, talleres, seminarios y cursos en herramientas de negocio, digitalización e innovación. El ecosistema diseña y promueve esos contenidos; el municipio los hace accesibles. De 2021 a agosto de 2026, ENCES capacitó a más de 9,000 personas a través de más de 300 actividades formativas, con una inversión acumulada superior a 23 millones de pesos. Los cursos están certificados ante la SEP, lo que le da a la capacitación valor curricular real.

A través de los programas de vinculación con startups, el municipio mapeó 203 empresas de base tecnológica entre noviembre de 2024 y agosto de 2026, y contribuyó a concretar un levantamiento de capital acumulado de 53 millones de dólares para startups chihuahuenses. El Programa Municipal de Propiedad Intelectual —sin precedente a nivel municipal en México cuando se creó en 2022— apoyó la protección de patentes ante el IMPI y contribuyó a que Chihuahua escalara del lugar 12 al lugar 4 nacional en competitividad en innovación entre 2022 y 2025. En el ecosistema más amplio, a través de la Red Emprende se articularon más de 40 organizaciones, impartiendo más de 260 actividades formativas a más de 9,000 personas y empresas.

Eso es lo que los gobiernos locales pueden hacer mejor que nadie: no generar el conocimiento, sino garantizar que llegue a quienes no tendrían acceso sin apoyo público. El municipio como nivelador.

La coordinación con el gobierno estatal ha seguido una lógica complementaria. SIDE articula la estrategia de innovación estatal a través de sus áreas especializadas como el Instituto de Innovación y Competitividad (I2C), FIDEAPECH (Fondo de apoyo y crédito a empresas), INADET e ICATECH (Institutos de capacitación continua). Además, el municipio logró la incorporación de Chihuahua Capital a la Red Mundial de Ciudades del Aprendizaje de la UNESCO en diciembre de 2025, vinculando la agenda de formación de talento con las vocaciones productivas locales. Esa coordinación entre dos niveles de gobierno, sin duplicar funciones ni disputar protagonismo, es parte de lo que el diagnóstico ANDE identifica como la variable diferencial de Chihuahua frente a ciudades con mayor volumen empresarial y demográfico, pero menor articulación.

El municipio también ha contribuido a documentar el ecosistema: el Manual del Ecosistema y la Ruta del Emprendimiento son instrumentos que no existen en la mayoría de las ciudades del país, y que requirieron tanto el conocimiento de los actores de la Red como el soporte institucional del gobierno para producirse. Cuando el conocimiento sobre cómo funciona un ecosistema está registrado y es público, no desaparece con las personas que lo construyeron.

La gobernanza como factor de competitividad, no como trámite

Formalizar no es burocratizar: es quitarle a la red la vulnerabilidad de depender de las personas y darle la solidez de depender de las reglas. Una red sin reglas puede funcionar bien mientras los compromisos se mantienen. El problema es que esas dos condiciones —personas comprometidas, gobierno que prioriza— no son garantizables.

El diagnóstico ANDE lo demuestra con dos casos que ilustran el costo de no tener esa formalización. En Oaxaca, la eliminación del Instituto Oaxaqueño del Emprendedor en enero de 2024 dejó al ecosistema sin articulador institucional. La Red Oaxaqueña de Incubadoras perdió su organismo coordinador y las funciones se absorbieron por la SEDECO con programas orientados a microempresas tradicionales, no a startups. Un ecosistema que tenía estructura perdió su núcleo en una decisión administrativa. El score de Oaxaca es 30 sobre 100, el más bajo de las diez ciudades.

La OCDE y el BID han documentado que la gobernanza colaborativa es condición para el éxito de las políticas de innovación, no un añadido decorativo. Los ecosistemas más consolidados del mundo —Ruta N en Medellín, los parques tecnológicos de Singapur, las redes de innovación del MIT en Boston— no dependen de quién gobierne. Tienen mandatos, reglas de coordinación y estructuras que trascienden los ciclos políticos. Startup Genome llega a la misma conclusión desde el análisis de datos de ecosistemas: los que escalan más rápido tienen organizaciones estables que articulan actores y preservan la visión de largo plazo sin depender de la agenda gubernamental del momento.

VI. La formalización en el reglamento: qué significa y qué cambia

Formalizar es darle a una estructura que ya funciona las reglas que la protegen cuando cambian las personas. No es añadir trámites. Es lo contrario: establece los objetivos permanentes de la Red, define sus órganos de coordinación y crea los mecanismos por los cuales ninguna administración futura puede simplemente decidir que la Red deja de existir.

El reglamento le da a la Red cuatro atribuciones formales que hoy opera de facto pero sin respaldo normativo: la consultiva, para que sus recomendaciones al gobierno municipal tengan un canal institucional reconocido; la propositiva, para que pueda impulsar políticas públicas desde el ecosistema hacia el gobierno sin depender de la buena disposición del funcionario de turno; la operativa, para ejecutar programas con certeza presupuestal entre ejercicios fiscales; y la de coordinación, para articular a los actores del ecosistema con un mandato que trasciende cualquier periodo de gobierno.

VII. La continuidad de un legado

Las administraciones duran tres años. El desarrollo económico no.

El legado de un gobierno no se mide en los programas que abrió, sino en las instituciones que dejó funcionando. Un programa puede ser exitoso y desaparecer en el siguiente periodo. Una institución puede sobrevivir décadas a quienes la crearon. La diferencia no es de calidad. Es de diseño. Eso es el legado que buscamos dejar en esta administración municipal: que el trabajo de tantos permanezca y se dé la continuidad para que siga impactando la vida de todos.

La aprobación que logramos el 22 de julio de la propuesta para dar sustento normativo a la Red Emprende Chihuahua Capital es, en ese sentido, una decisión de política pública más importante que cualquier evento de emprendimiento o convocatoria de fondos que haya promovido esta administración. No porque los eventos o los fondos no importen, sino porque una institución que sobrevive al gobierno que la formalizó multiplica el impacto de todo lo demás, durante años y con la participación de actores que todavía no conocemos.

Hemos avanzado mucho. Nuestro ecosistema de emprendimiento en Chihuahua, con todos sus retos pendientes, es uno de los más articulados del país. La Red Emprende y Startup Chihuahua han puesto a Chihuahua en la conversación nacional e internacional, y el reconocimiento de StartupBlink 2026 lo confirma con datos globales. Un ecosistema de un millón de habitantes que aparece dos veces en el índice global más importante del sector —por su organización de emprendimiento y por su gobierno municipal— no es un accidente. Es años de trabajo de personas que apostaron por construir algo más grande que cualquier administración.

Es hora de proteger ese legado. No para los gobiernos que lo impulsaron, sino para todos los que pusieron esfuerzo, tiempo y reputación. Con una estructura normativa que proteja lo construido, en Chihuahua tenemos las condiciones para convertirnos en el primer ecosistema del norte de México en alcanzar la autosostenibilidad, y darle norte al emprendimiento de México.

Referencias

ANDE (2026). Ecosistemas de emprendimiento en México: Diagnóstico de 10 ciudades. Aspen Network of Development Entrepreneurs.
StartupBlink (2026). Global Startup Ecosystem Index 2026. StartupBlink Research.
Cukier, D. & Kon, F. (2018). A maturity model for software startup ecosystems. Journal of Innovation and Entrepreneurship, 7(1).
OCDE (2022). Entrepreneurship Policy Framework and Implementation Guidance. OECD Publishing.
Startup Genome (2023). Global Startup Ecosystem Report. Startup Genome LLC.
BID (2021). Gobernanza colaborativa para la innovación y el emprendimiento en América Latina. Banco Interamericano de Desarrollo.
INEGI (2023). Encuesta Nacional sobre Productividad y Competitividad de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (ENAPROCE). Instituto Nacional de Estadística y Geografía.

LEER MÁS: Chihuahua y Wichita: capitales hermanas del aire

Posts Relacionados

Post Populares