En Chihuahua existen librerías, bibliotecas y clubes de lectura que mantienen viva la conversación alrededor de los libros. El siguiente paso es acercar esas experiencias a las colonias donde el acceso todavía es limitado. Hablar de lectura suele llevarnos a una pregunta recurrente: ¿cómo conseguimos que más personas lean?
Quizá deberíamos comenzar con otra: ¿qué tan fácil es para una persona encontrar un libro, una librería o una comunidad de lectores cerca de su casa? Porque leer también es una cuestión de acceso.
No todos viven cerca de una librería. No todas las colonias tienen una biblioteca funcional. No todas las familias pueden trasladarse cada semana hasta el Centro para comprar un libro o participar en una actividad cultural. Y ahí existe una oportunidad que va mucho más allá de promover la lectura: llevarla hasta donde está la gente.
Leer también es una cuestión de acceso
Un libro puede parecer un objeto sencillo, pero detrás de él existe toda una cadena de acceso: saber dónde conseguirlo, poder comprarlo, tener un espacio para leer y, muchas veces, encontrar a otras personas con quienes compartirlo. La experiencia cambia cuando una persona descubre que leer no tiene que ser una actividad solitaria.
Un club de lectura puede convertirse en un espacio para conversar, conocer nuevas ideas, hacer amistades y acercarse a temas que quizá nunca habían formado parte de su vida cotidiana.
Por eso, el reto no debería consistir únicamente en convencer a las personas de que lean más. También debemos preguntarnos qué barreras les estamos poniendo para hacerlo.
La distancia, el precio de los libros, la falta de espacios culturales y la ausencia de actividades cercanas pueden terminar convirtiéndose en obstáculos mucho más importantes de lo que imaginamos.
Chihuahua ya tiene comunidades que leen
La buena noticia es que no estamos empezando desde cero. En Chihuahua existen librerías, bibliotecas, ferias, presentaciones de libros y clubes de lectura que han construido comunidades alrededor de la literatura.
Hay personas que se reúnen para comentar una novela, lectores que recomiendan autores, espacios que organizan presentaciones y proyectos que buscan hacer de los libros una experiencia compartida. Estos clubes tienen algo especialmente valioso: convierten la lectura en comunidad. El siguiente paso podría ser conectar esas comunidades con quienes viven en zonas donde las actividades culturales no están tan cerca. Porque un club de lectura no necesariamente necesita comenzar con un gran presupuesto o con un espacio sofisticado. Puede comenzar con diez personas, algunos libros y un lugar donde sentarse a conversar.
El reto está en llevar los libros hasta las colonias
Aquí es donde podemos pensar en soluciones diferentes. ¿Por qué no crear clubes de lectura itinerantes que visiten distintas colonias de la ciudad?. Una librería podría llevar una pequeña selección de títulos a un centro comunitario durante una tarde. Una biblioteca podría organizar sesiones mensuales fuera de sus instalaciones. Universidades y escuelas podrían prestar espacios para encuentros abiertos a la comunidad.
Incluso podrían existir bibliotecas móviles o librerías temporales, capaces de instalarse durante algunas horas en parques, centros comunitarios o espacios públicos. La tecnología también puede ayudar.
Un catálogo digital podría permitir que una persona seleccione un libro y después recogerlo en un punto cercano a su colonia. Los clubes podrían utilizar plataformas digitales para mantener la conversación durante la semana y reunirse presencialmente una vez al mes. Aquí hay una oportunidad para construir alianzas.
Librerías + bibliotecas + universidades + escuelas + empresas + organizaciones sociales + vecinos.
Cada uno puede aportar algo diferente. Una librería puede aportar libros. Una universidad, estudiantes que coordinen sesiones. Una empresa puede patrocinar ejemplares. Una asociación puede facilitar el espacio. Y una comunidad puede aportar algo que ninguna institución puede sustituir: lectores.
Una librería también puede caber en una colonia
Tal vez el error está en pensar que para acercar la lectura necesitamos construir más edificios. No necesariamente. Una librería también puede ser una mesa de libros en un centro comunitario. Un club puede reunirse en un parque. Una biblioteca puede salir de sus paredes. Un libro puede viajar de una colonia a otra. Lo importante es que el acceso no dependa de la distancia.
Podríamos imaginar una red de clubes de lectura por zonas de la ciudad, con encuentros mensuales y acervos compartidos. Que una colonia pueda recibir determinados libros durante un mes y después intercambiarlos con otra. Incluso podrían crearse rutas de lectura: diferentes colonias compartiendo títulos, autores y actividades durante todo el año. El objetivo no sería solamente que más personas terminen un determinado número de libros.
Sería algo mucho más importante: crear comunidades donde leer forme parte de la vida cotidiana.
Porque cuando un niño ve libros cerca de su casa, cuando un joven encuentra un grupo con quien conversar sobre lo que está leyendo o cuando una familia descubre que puede acceder a una actividad cultural sin recorrer toda la ciudad, la lectura deja de sentirse como algo lejano. Ahí está la verdadera oportunidad.
Chihuahua ya tiene lectores, librerías y clubes de lectura. Ahora el reto es que esos espacios también lleguen a quienes todavía no tienen uno cerca. La lectura no debería ser un privilegio de quienes viven cerca de los centros culturales. Debería poder encontrarte también en tu colonia.
LEER MÁS: Por qué el fenómeno de los libros de autoayuda
Únete a nuestro canal de WhatsApp y recibe las noticias más relevantes sobre sector empresarial, desarrollo económico y tendencias que impactan a Chihuahua directamente en tu celular.




