Por Jorge Cruz Camberos
Bajada: Chihuahua está rompiendo récords de exportación mientras la maquila pierde empleos. No es una contradicción. Es quizá la señal más clara de que nuestra economía ya empezó a cambiar. Hace unas semanas, un cliente que tiene un taller de troquelado para la industria electrónica me dijo algo que se me quedó grabado: —Jorge, estoy facturando prácticamente lo mismo que hace dos años, pero con seis personas menos. No estaba presumiendo. Tampoco estaba preocupado. Estaba desconcertado. Porque su empresa producía más eficientemente, sus números estaban bien.
Sin embargo, necesitaba menos gente. Creo que esa conversación explica bastante bien lo que está pasando en Chihuahua. Exportamos más. Empleamos menos. Por un lado, escuchamos noticias de recortes de personal y ajustes en las maquiladoras. En Ciudad Juárez, la industria acumulaba 75,142 empleos perdidos desde junio de 2023 al cierre de mayo de este año, de acuerdo con cifras de ANIERM Chihuahua. Eso pega.
Lo siente quien pierde el empleo, pero también el restaurante de enfrente, el que renta montacargas, el proveedor de uniformes, el transportista y cientos de pequeñas empresas que viven alrededor de la industria pero, al mismo tiempo, está ocurriendo algo extraordinario.
Chihuahua cerró 2025 como el mayor exportador de México, con 109,505 millones de dólares, 45% más que un año antes. Durante el primer trimestre de 2026 volvió a acelerar: exportó 35,986 millones de dólares, 69% más que en el mismo periodo del año anterior y alrededor del 23% de todas las exportaciones estatales del país.
Todavía más impresionante: en equipo de cómputo, comunicación, medición y componentes electrónicos, Chihuahua aporta 52% de las exportaciones nacionales. Junto con Jalisco concentra casi ocho de cada diez dólares que México exporta en ese sector. Entonces viene la pregunta inevitable: ¿Cómo podemos exportar como nunca y al mismo tiempo perder empleos? La industria no se está yendo. Se está transformando.
Durante décadas entendimos el éxito industrial de una manera relativamente sencilla: Nueva planta = nuevos empleos. Esa ecuación está dejando de funcionar. Las fábricas que vienen —y muchas de las que ya están aquí— utilizan más automatización, robótica, software, visión artificial e inteligencia artificial. Pueden producir mucho más con menos personas.
Eso no significa necesariamente una industria más débil. Significa una industria más productiva, más tecnológica y también más exigente con el talento. INEGI reportó que en mayo de 2026 Chihuahua todavía concentraba 11.9% del personal ocupado del programa IMMEX nacional, una de las mayores participaciones del país. Al mismo tiempo, el empleo manufacturero IMMEX nacional cayó 2% anual y Chihuahua apareció entre las entidades con mayores descensos en horas trabajadas. El cambio ya empezó.
Aquí está la verdadera oportunidad
Durante treinta años Chihuahua aprendió a fabricar. La siguiente etapa consiste en aprender a generar más valor alrededor de lo que fabricamos. Para un empresario chihuahuense esto no es macroeconomía. Es estrategia. La pregunta que deberíamos hacernos es muy sencilla: ¿Mi empresa le está vendiendo a la industria que se va o a la industria que viene?.
Porque la nueva manufactura va a necesitar menos operadores para algunas tareas, pero va a necesitar más técnicos en automatización, programadores, ingenieros, especialistas en mantenimiento predictivo, ciberseguridad, logística inteligente, control de calidad, energía y análisis de datos. También necesitará proveedores locales mucho más sofisticados. Ahí puede estar la gran oportunidad de Chihuahua.
No solamente en atraer otra planta de mil empleos, sino en conseguir que alrededor de cada empresa global aparezcan 50, 100 o 200 empresas chihuahuenses capaces de venderle tecnología, ingeniería, mantenimiento y servicios especializados.
Tenemos que cambiar lo que medimos
Durante muchos años celebramos una inversión preguntando: ¿Cuántos empleos va a generar? Yo empezaría a agregar otras preguntas: ¿Cuánto va a pagar?, ¿cuánto conocimiento va a dejar?, ¿cuántos proveedores locales va a desarrollar?, ¿cuánto del valor que produzca se va a quedar en Chihuahua?. Porque podemos exportar 100 mil millones de dólares y seguir capturando una pequeña parte de ese valor.
O podemos utilizar esa enorme plataforma industrial para construir empresas chihuahuenses que algún día también exporten. Esa segunda opción debería ser nuestra obsesión. Gobierno, universidades, centros de capacitación y organismos empresariales tenemos que acelerar la formación en automatización, robótica, inteligencia artificial y manufactura avanzada pero también nosotros, los empresarios, tenemos tarea.
Digitalizar. Certificarnos. Especializarnos. Capacitar gente. Buscar clientes fuera de Chihuahua. Entender hacia dónde se está moviendo la cadena de valor. Mi cliente del taller terminó haciendo exactamente eso. Se especializó en piezas de mayor precisión. Subió sus márgenes. Hoy factura más con menos personas y puede pagar mejor a quienes se quedaron.
Su empresa no se hizo más pequeña. Se hizo más productiva. Quizá esa sea también la historia que Chihuahua está empezando a vivir. No estamos necesariamente frente al final de nuestra era industrial. Estamos frente al final de una forma de entenderla.
Chihuahua no necesita defender la maquila que construimos ayer. Necesita convertirla en la plataforma industrial que nos permita competir mañana. Porque exportar más es una gran noticia pero el verdadero éxito será lograr que cada vez más de ese valor se quede aquí.
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