Chihuahua todavía es un estado joven, pero está envejeciendo rápidamente. Si no adaptamos desde hoy las escuelas, la vivienda, la industria y la estrategia de talento, en 2040 tendremos infraestructura para una población que ya no existe.
Por Jorge Cruz Camberos
Imagine una maestra que lleva veinte años dando clases en la misma escuela de Chihuahua. El salón sigue ahí. El pizarrón también. Lo que cambió fue el número de pupitres ocupados.
Nadie ordenó que hubiera menos niños. Simplemente comenzaron a nacer menos. Ese salón es la representación más sencilla de un cambio que Chihuahua todavía no discute con la seriedad que merece: nuestra población está envejeciendo, mientras seguimos construyendo escuelas, vivienda y parques industriales para el estado joven que fuimos, no para el que seremos.
Chihuahua ya cambió
En México, la tasa global de fecundidad cayó de 2.21 hijos por mujer en 2014 a 1.60 en 2023, muy por debajo de los 2.1 necesarios para mantener estable a una población sin considerar la migración. El cambio no es lejano. En 2034, por primera vez en la historia del país, habrá una proporción mayor de personas de 60 años y más que de niños menores de 15: 16.8% contra 16.2%, de acuerdo con el Consejo Nacional de Población.
Chihuahua sigue el mismo camino. Actualmente, las personas mayores de 60 años representan alrededor del 12.1% de la población estatal. Para 2040 serán 18.8%. En ese mismo periodo, la edad mediana pasará de 30 a 37 años.
No significa que Chihuahua vaya a quedarse sin niños. Significa que tendremos proporcionalmente menos jóvenes y más adultos mayores. Y eso modifica prácticamente todo. No es un asunto de edades. Es de competitividad
Cuando hablamos de envejecimiento solemos pensar únicamente en pensiones y hospitales. El impacto económico es mucho más amplio. Significa menos jóvenes entrando al mercado laboral dentro de diez o quince años, precisamente cuando nuestra industria necesita más técnicos, ingenieros, programadores y trabajadores especializados.
Significa una presión creciente sobre el IMSS, los sistemas de pensiones y las familias que deberán cuidar a sus padres durante más años. También transforma la vivienda. Necesitaremos menos casas diseñadas para familias numerosas y más unidades pequeñas, accesibles y cercanas a servicios médicos, comercios y espacios públicos.
Cambiará incluso la forma en que nos movemos por la ciudad. Una población mayor necesita banquetas seguras, transporte público accesible y servicios próximos. No puede depender completamente del automóvil.
El envejecimiento también será desigual. Municipios como Gran Morelos, San Francisco de Borja, Satevó y Dr. Belisario Domínguez ya presentan algunos de los índices más altos del estado. No todas las regiones necesitarán las mismas escuelas, hospitales o inversiones. Planear únicamente con el promedio estatal sería planear a ciegas.
La ventaja que todavía tenemos
Chihuahua aún conserva una población relativamente joven y una economía capaz de atraer personas gracias a su industria. Esa es nuestra ventana de oportunidad.
La demografía no se corrige solamente ofreciendo incentivos para que las familias tengan más hijos. La experiencia internacional demuestra que, una vez que baja la fecundidad, resulta muy difícil revertirla. La estrategia más realista es convertir a Chihuahua en el mejor lugar del norte del país para que los jóvenes puedan estudiar, trabajar, emprender y formar una familia. No basta con atraer inversiones. Tenemos que atraer y retener personas.
Un ingeniero que encuentra una buena oportunidad laboral, vivienda accesible, seguridad, espacios públicos y una ciudad donde quiere criar a sus hijos vale tanto para la competitividad como una nueva nave industrial.
Cinco decisiones que debemos tomar ahora
La primera es planear las escuelas y los servicios médicos con información por municipio y por colonia. En algunas zonas seguirá haciendo falta infraestructura educativa; en otras, será necesario reconvertir espacios para capacitación, cuidados o atención comunitaria. La segunda es construir una verdadera política de atracción y retención de jóvenes. Debe estar ligada a nuestras fortalezas en manufactura avanzada, aeroespacial, electrónica, inteligencia artificial y emprendimiento.
La tercera es preparar el mercado de vivienda. Los desarrolladores que entiendan el cambio antes que los demás encontrarán una demanda creciente de unidades pequeñas, vivienda vertical y comunidades diseñadas para adultos mayores activos.
La cuarta es que la industria incorpore la demografía a sus planes de riesgo. La disponibilidad futura de trabajadores será tan importante como la energía, el agua o la conectividad. La quinta corresponde a las universidades. Necesitamos saber cuántos egresados permanecen en Chihuahua, cuántos emigran y por qué se van. Sin ese dato, hablar de retención de talento es solamente una buena intención.
Construir para quienes sí estarán aquí
Chihuahua va a envejecer. Eso ya está en marcha y ningún decreto puede detenerlo. Lo que sí podemos decidir es si llegaremos a 2040 improvisando o preparados. Podemos seguir levantando infraestructura para la población que tuvimos hace veinte años. O podemos comenzar a construir ciudades más compactas, accesibles y humanas; una economía que atraiga jóvenes y una industria que produzca más valor con menos trabajadores.
La demografía no determina nuestro destino, pero sí pone límites a las decisiones que seguimos aplazando. El reto no es conseguir que regrese el Chihuahua de antes. Es construir, desde ahora, el Chihuahua en el que nuestros hijos quieran quedarse.
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