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El T-MEC que viene puede ser más importante para Chihuahua que el nearshoring

Por Jorge Cruz Camberos

Durante años nos dijeron que la gran oportunidad de Chihuahua se llamaba nearshoring. Que las empresas iban a salir de Asia. Que buscarían producir más cerca de Estados Unidos. Que México tenía una oportunidad histórica y que Chihuahua, por su frontera, su industria y su experiencia manufacturera, estaba en primera fila. Todo eso sigue siendo cierto pero creo que viene una discusión todavía más importante.

El T-MEC que viene puede definir no solamente cuánto vamos a exportar, sino cuánto del valor de lo que exportamos se va a quedar realmente en Chihuahua. Y esa diferencia es enorme. Mientras nosotros seguimos hablando de nearshoring, México y Estados Unidos están negociando temas que tocan directamente a nuestra economía: automóviles, acero, aluminio, reglas de origen y seguridad de las cadenas productivas.

No es una discusión lejana entre funcionarios en Washington y Ciudad de México. En Chihuahua estamos hablando de fábricas, inversiones, proveedores, empleos y de cómo vamos a competir durante la siguiente década. Por eso creo que deberíamos hacernos una pregunta muy sencilla: ¿Qué necesita Chihuahua de esta negociación? Yo pondría cinco cosas sobre la mesa.

  1. Certidumbre

La primera no cuesta un peso pero probablemente vale miles de millones. Certidumbre. Una empresa puede adaptarse a impuestos, regulaciones e incluso aranceles. Lo que resulta mucho más complicado es invertir sin saber cuáles serán las reglas dentro de seis meses. Una nueva planta no se decide pensando en el próximo año. Se decide pensando en diez o veinte. Y cuando una empresa tiene que escoger entre ampliar una operación en Juárez, construir en Texas o mandar una nueva línea a otro país, la incertidumbre pesa.

Chihuahua necesita reglas suficientemente claras para volver a competir por inversión nueva, no solamente por la reinversión de las empresas que ya están aquí.

  1. Reglas de origen que nos hagan producir más aquí

Aquí puede estar la oportunidad más interesante de toda la negociación. Estados Unidos ha dejado clara una de sus prioridades: quiere fortalecer las cadenas productivas de Norteamérica y reducir la dependencia de insumos provenientes de fuera de la región. Podemos verlo solamente como una amenaza. O podemos hacer una pregunta mucho más interesante:

¿Qué compramos hoy en Asia que podríamos empezar a fabricar en Chihuahua? Componentes electrónicos. Sensores. Moldes. Herramientas. Partes automotrices. Sistemas eléctricos. Automatización. Software industrial. Durante décadas fuimos extraordinariamente buenos atrayendo empresas que ensamblan productos para exportarlos.

El siguiente paso es mucho más difícil: construir las empresas que les venden a esas empresas. No se trata de sustituir a la manufactura extranjera. Todo lo contrario. Se trata de aprovecharla. Que alrededor de una gran planta internacional aparezcan diez, veinte o cincuenta proveedores chihuahuenses. Ahí empieza a cambiar realmente una economía.

  1. Una frontera y una red eléctrica que aguanten nuestro crecimiento

Podemos negociar el mejor tratado comercial del mundo pero si un tráiler tarda horas en cruzar la frontera, perdemos competitividad. Y si una nueva planta no encuentra suficiente capacidad eléctrica para conectarse, también. Para Chihuahua, frontera y energía ya no son solamente infraestructura. Son política industrial. Cada minuto que pierde una mercancía esperando para cruzar hacia Estados Unidos tiene un costo.

Cada proyecto que tarda meses en saber si tendrá energía suficiente empieza a evaluar otras ciudades. Queremos centros de datos. Queremos automatización. Queremos semiconductores. Queremos manufactura avanzada. Perfecto pero todo eso consume energía y necesita una frontera extraordinariamente eficiente.

La siguiente etapa de nuestra relación con Estados Unidos tiene que venir acompañada de puentes, aduanas, carreteras, transmisión y generación eléctrica. No podemos tener una economía del siglo XXI dependiendo de infraestructura diseñada para otra época.

  1. Talento para la industria que viene

Hay algo que está sucediendo en Juárez que deberíamos observar con mucho cuidado. Por un lado, hemos perdido miles de empleos manufactureros. Por otro, muchas empresas siguen batallando para encontrar técnicos especializados. Parece una contradicción. No lo es. Es probablemente una señal de lo que viene. Automatización. Robótica. Electrónica. Inteligencia artificial. Mantenimiento avanzado. Programación. Diseño. Ingeniería.

La discusión ya no debería ser solamente cuántos empleos manufactureros podemos recuperar. Debería ser: ¿para qué empleos estamos preparando a nuestros jóvenes?. Porque quizá algunos trabajos que desaparecieron no regresen pero otros nuevos van a aparecer. Y probablemente serán mejor pagados, más especializados y mucho más difíciles de cubrir. La ciudad que prepare primero ese talento tendrá una ventaja enorme.

  1. Entender que ya somos una sola cadena productiva

Hay algo que a veces se pierde entre discursos, aranceles y política. Una fábrica en Chihuahua y una fábrica en Texas muchas veces no compiten entre ellas. Se necesitan. Una pieza puede cruzar varias veces la frontera antes de convertirse en un producto terminado. Esa integración tardó décadas en construirse y tenemos que defenderla pero defenderla no significa quedarnos donde estamos.

Si Estados Unidos quiere depender menos de Asia, Chihuahua debería levantar la mano. No solamente para decir: “Nosotros podemos ensamblarlo”. Sino para decir: “Nosotros podemos fabricarlo”. Ahí está el verdadero cambio. Durante treinta años construimos una extraordinaria plataforma exportadora. Ahora necesitamos construir alrededor de ella proveedores locales, empresas chihuahuenses, tecnología, ingeniería y conocimiento.

Porque exportar muchísimo no necesariamente significa quedarnos con muchísimo valor. Y quizá esa debería convertirse en nuestra nueva obsesión económica: ¿Cuánto de cada dólar que exportamos se queda realmente en Chihuahua?. En salarios. En proveedores. En tecnología. En empresas locales. En conocimiento. En mejores oportunidades para nuestros hijos. El nearshoring nos prometió que más fábricas podían venir a Chihuahua.

El T-MEC que viene puede abrir una oportunidad todavía mayor: que una mayor parte de lo que esas fábricas necesitan se produzca aquí. México negociará. Estados Unidos defenderá sus intereses. Eso es normal pero Chihuahua también debería tener muy claro cuáles son los suyos. Porque el siguiente salto de nuestro estado no consiste solamente en producir más. Consiste en lograr que una mayor parte del valor que producimos se quede aquí.

LEER MÁS: ¿Canadá se está alejando de Norteamérica? México podría terminar siendo más importante para Estados Unidos

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