Por Jorge Cruz Camberos
Durante años, en Chihuahua nos acostumbramos a medir el desarrollo económico casi siempre con la misma regla: cuántas plantas llegaron, cuántos empleos industriales se generaron, cuántos metros cuadrados se construyeron y cuántos anuncios de inversión pudimos presumir. Todo eso importa. Mucho. Pero el mundo ya se movió. Y Chihuahua no puede seguir pensando su futuro con el puro cassette de la manufactura.
Hoy las ciudades que realmente están escalando no solo producen. También coordinan, administran, analizan, programan, cobran, compran, resuelven, diseñan y toman decisiones para empresas globales. Ese es el mundo de los GBS, los Global Business Services. Y ahí hay una oportunidad brutal para Chihuahua.
Por eso hay que decirlo con claridad: Promotora para el Desarrollo Económico de Chihuahua y la Secretaría de Economía aciertan al explorar esta industria transversal. Es una buena lectura del momento. Porque esto no va de traer “otro sector” a la lista. Va de subir a Chihuahua a una liga distinta.
GBS no es un tema menor. Es una industria que jala talento, eleva sueldos, profesionaliza perfiles, fortalece el inglés, empuja oficinas corporativas, genera demanda de vivienda, mejora consumo local y obliga a la ciudad a ponerse más seria en conectividad, movilidad y calidad urbana. Es de esas apuestas que no impactan una sola cadena; impactan todo el ecosistema.
Mientras otros países de América Latina entendieron hace tiempo que el futuro también estaba en exportar talento y procesos, en México seguimos atrapados muchas veces en la visión de la nave, el fierro y la foto del listón. CDMX, Monterrey y Guadalajara ya juegan ese partido. La pregunta no es si Chihuahua puede entrar. La pregunta es por qué demonios no hemos entrado con más decisión.
Y ojo: Chihuahua no arranca de cero. Ya hay empresas que demuestran que sí se puede operar desde aquí. Ya hay talento. Ya hay cercanía con Estados Unidos. Ya hay cultura de trabajo. Ya hay una base industrial que le da sentido a muchos servicios corporativos y especializados. Lo que faltaba era intención, narrativa y estrategia. Y parece que, por fin, alguien está empezando a voltear hacia donde sí hay futuro.
Mi punto es simple: Chihuahua no debe conformarse con ser maquilador premium. Tiene que aspirar a ser también un centro de inteligencia operativa, servicios globales y talento exportable. No basta con ensamblar valor. Hay que capturarlo.
Eso implica dejar de vendernos solo como ciudad manufacturera y empezar a vendernos como una plaza capaz de alojar operaciones corporativas completas. Implica alinear universidades, formar talento bilingüe, preparar espacios listos para operar, salir a vender agresivamente la ciudad y entender que esta industria no llega sola: se trabaja, se articula y se construye.
Bien por Promotora. Bien por la Secretaría. Porque si Chihuahua quiere dar el siguiente salto, este es exactamente el tipo de conversación que sí vale la pena abrir.
El futuro no será solo de las ciudades que hacen cosas. Será de las ciudades que también saben pensar, coordinar y operar el mundo. Y Chihuahua ya debería estar ahí.
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