Por Jorge Cruz Camberos
Chihuahua ya tiene vino. Tiene tierra, productores, etiquetas, rutas, talento, restaurantes y una historia que contar. Lo que todavía no tiene es una sola gran estrategia.
Y ahí está el problema.
Hoy existen esfuerzos importantes desde el Municipio, desde la Secretaría de Turismo del Estado, desde CANACO y desde el Clúster Vitivinícola. Todos valiosos. Todos bien intencionados. Pero si cada quien empuja por su lado, terminamos haciendo ruido. Si nos alineamos, podemos hacer industria.
Porque el vino no es únicamente una bebida. Es campo, turismo, gastronomía, comercio, empleo rural, diseño, experiencia, ciudad y marca territorial. Una botella bien hecha puede contar mejor la historia de Chihuahua que muchos promocionales pagados.
Pero seamos claros: producir vino en México es jugar cuesta arriba.
El vino de mesa paga 26.5% de IEPS y además 16% de IVA. Y como el IVA se calcula sobre una base que ya trae IEPS, la carga combinada puede rondar casi la mitad del valor antes de impuestos. Si a eso le sumamos permisos, marbetes, trámites, distribución, formalidad y costos financieros, no es exagerado decir que muchos productores sienten que el gobierno se queda con una parte enorme de cada botella.
Mientras tanto, otros países tratan al vino como política pública. España, Francia, Chile, Argentina o California no ven al vino solo como alcohol: lo ven como agricultura sofisticada, turismo, exportación y marca país.
México debería hacer lo mismo.
A nivel nacional, la propuesta es concreta: crear un régimen fiscal diferenciado para el vino de mesa mexicano. No es lo mismo una copa de vino en una comida que un destilado de alta graduación. El vino debe tener un tratamiento distinto porque nace del campo, genera rutas turísticas, activa restaurantes y construye identidad regional.
Pero Chihuahua no puede esperar a que todo se resuelva desde la Ciudad de México.
Aquí debemos hacer tres cosas.
Primero: unificar la agenda. Municipio, Estado, CANACO, productores, DESEC, universidades, restaurantes, hoteles y operadores turísticos deben sentarse en una sola mesa. No para tomarse la foto. Para construir un plan serio: metas, presupuesto, calendario, promoción y medición.
Segundo: convertir la Ruta del Vino en producto turístico real. No basta con decir “tenemos viñedos”. Hay que vender experiencias: recorridos, vendimias, catas, transporte, paquetes de fin de semana, maridajes, mapas digitales, señalética y una narrativa poderosa. Que venir a Chihuahua también sea venir a tomar vino chihuahuense.
Tercero: hacer que la ciudad lo adopte. Cada restaurante importante debería tener una carta fuerte de vino local. Cada hotel debería ofrecer experiencias vinícolas. Cada evento empresarial debería servir vino de Chihuahua. No por obligación, sino por inteligencia económica.
La industria del vino puede ser una bandera fresca para Chihuahua: sofisticada, regional, turística y profundamente empresarial.
La pregunta no es si tenemos vino.
La pregunta es si vamos a seguir vendiendo botellas sueltas… o si vamos a construir una industria.
Porque Chihuahua ya produce vino.
Ahora le toca producir estrategia.
















