Por Jorge Cruz Camberos
México quiere nearshoring, inversión extranjera, mejores empleos, industria avanzada, inteligencia artificial, semiconductores, manufactura de alto valor y salarios más dignos.
Perfecto.
Pero luego aparece la propuesta de recortar el calendario escolar y mandar a millones de niños y jóvenes antes a casa.
Ahí algo no cuadra.
Porque el principal factor para atraer inversión ya no es solo tener tierra barata, mano de obra disponible o estar cerca de Estados Unidos. Eso ayuda, claro. Pero hoy la verdadera pelea global es por talento. Y talento no se improvisa. Se forma. Se mide. Se entrena. Se cuida.
El IMCO define la competitividad como la capacidad de generar, atraer y retener talento e inversión. No es casualidad que ponga esas dos palabras juntas. Sin talento, la inversión se va a otro lado. Sin educación, el nearshoring se vuelve discurso bonito. Sin matemáticas, inglés, disciplina, lectura y habilidades técnicas, no hay empleos de alto valor. Hay maquila barata con otro nombre.
Por eso preocupa tanto la discusión del calendario escolar. Mario Delgado abrió un tema que sí merece analizarse: México es demasiado diverso para tener un calendario idéntico en todo el país. No es lo mismo Sonora con calor extremo, que la sierra de Chihuahua, que la Ciudad de México, que Oaxaca o Tabasco. En eso tiene razón. El país necesita flexibilidad regional.
Pero flexibilidad no puede significar menos aprendizaje.
Si vamos a mover calendarios, que sea con datos. Si vamos a recortar clases presenciales, que exista recuperación académica. Si vamos a hablar de calor, hablemos también de infraestructura escolar, aulas ventiladas, horarios inteligentes y tecnología. Pero decir “salimos antes” sin explicar cómo vamos a formar mejor talento es jugarle al valiente con el futuro del país.
Y aquí Chihuahua tiene que leer la jugada antes que los demás.
Nuestro estado compite por inversiones aeroespaciales, automotrices, electrónicas, logísticas y de manufactura avanzada. Pero esas inversiones no llegan por decreto. Llegan cuando una empresa encuentra técnicos, ingenieros, supervisores, operadores especializados y jóvenes con capacidad de aprender rápido.
Entonces la pregunta no es si los niños salen el 5 de junio o en julio.
La pregunta es mucho más dura: ¿quién va a formar el talento que Chihuahua necesita para competir contra Texas, Nuevo León, Querétaro, Arizona o Asia?
Si México afloja, Chihuahua debe apretar.
Necesitamos un Pacto por el Talento Chihuahua. Empresarios, universidades, secundarias técnicas, CECyTECH, CBTIS, clústeres, gobierno y sociedad civil alineados a una sola agenda: matemáticas, lectura, inglés, habilidades digitales y formación técnica desde edades tempranas.
Y si el calendario se ajusta, convirtamos el verano en ventaja competitiva: bootcamps de robótica, inglés técnico, programación, soldadura, manufactura avanzada, logística y emprendimiento. Que nuestros jóvenes no pierdan semanas; que ganen futuro.
La escuela no es guardería. Tampoco es trámite. Es la fábrica más importante de movilidad social que tiene una ciudad.
México no puede pedir inversión de primer mundo con una formación de talento de “a ver cómo le hacemos”.
Porque al final, menos clases pueden parecer una decisión administrativa. Pero el verdadero costo se paga después: menos talento, menos productividad, menos inversión y menos oportunidades.
Y eso, para un país que dice querer competir en serio, sale carísimo.
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